Galiñeiro: el monte de los mil senderos

El monte Galiñeiro con sus 711 m. de altitud y el Galleiro con 749 son las dos cumbres más altas que rodean la ciudad de Vigo aunque ninguna está situada en su término municipal. El primero se encuentra en Vincios, municipio de Gondomar y el segundo en el de Mos.

El Galiñeiro es el buque insignia de la sierra de su mismo nombre, una sucesión de alturas que llegan hasta el mítico monte Aloia, ya en Tui. El pico del Galiñeiro, cuyo perfil recuerda la cresta de un gallo, es un vértice rocoso que señorea una gran extensión que abarca desde el valle Miñor hasta la ría de Vigo, regalando la vista con una bellísima estampa que, en días soleados como el de hoy, deja en nuestra retina un recuerdo inolvidable.

Multitud de pistas forestales, senderos, carreiros y carreiriños, hacen de estos parajes que rodean al monte un paraíso para el caminante. De norte a sur y de este a oeste se pueden diseñar innumerables rutas que por bosques umbríos, casi siempre pinares, cruzan los aledaños del Galiñeiro. También alguna que otra chaira como la que se extiende a los pies de la ermita de la Virgen de Las Nieves, estupendo mirador sobre el Valle del Louro, modifica el paisaje que ahora transforma en  verde pradera.

Dejando atrás la Virgen de las Nieves descendemos hasta las cercanía de Herville, antigua aldea que del modesto núcleo rural que era hace unas décadas se ha convertido en una boyante población con casas de reciente construcción. Rodeando Herville llegamos por rústicos caminos al Alto de San Cosme en donde interrumpimos nuestra marcha para comer. Bajamos después hasta el centro de la parroquia de Zamáns para enlazar con el Roteiro Etnográfico que, obra de su Comunidad de Montes, constituye una magnífica reconstrucción de lo que era aquello en los tiempos en que aún no había aparecido la electricidad.

Una serie de muiños perfectamente restaurados a lo largo del río entre fincas de labor forman un espléndido conjunto de rústica belleza cuyo sendero nos lleva, entre la tupida floresta, a la orilla del embalse que durante muchos años abasteció de agua  a la ciudad de Vigo.

Seguimos durante un largo tramo por este hermoso camino siempre protegidos por la fresca sombra que nos procura la espesa y verde fronda hasta llegar la Casa-muiño das maquías, molino vivienda, con dos plantas y pórtico. Según leemos en Galicia máxicaA finales del siglo XX, el molino, fue reconstruido y creado para fomentar la enseñanza sobre la cultura del pan, pero hoy en día (nov-2008) éste se haya en estado, otra vez, de abandono y ruina.» Dejando atrás ese hermoso e interesante conjunto seguimos por el GR 53 hasta toparnos con la carretera que nos lleva muy cerca del punto de partida al que hemos de acceder a través del tubo de drenaje que pasa por debajo de la AG 57, un oscuro pasadizo que nos vemos obligados a atravesar para llegar la destartalada pasarela de madera en la que iniciamos la ruta de este lunes.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
24,350 Km. 6h. 27 min. Media Soleado 

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Ríos de Gondomar

Troiteiras, Morgadáns, Miñor. Son tres ríos del municipio de Gondomar. Del primero podría decirse que no alcanza la categoría de río, sobre todo ahora en el estío con su cauce casi seco. El Morgadáns, de mayor calado, aún mantiene cierto nivel en su menguado caudal y el  Miñor, que da  nombre al valle, es el más caudaloso de los tres y puede presumir de un majestuoso puente románico que lo recibe en A Ramallosa, en el vecino concello de Nigrán poco antes de entregar sus aguas al mar.

Iniciamos la ruta en San Miguel de Peitieiros, monte arriba hasta alcanzar los 300 y pico m. de altitud, en un sendero que  se extiende como un balcón desde el que se contempla  una espléndida vista de la ensenada de Baiona. Un poco más adelante nos cruzamos con el cauce casi seco del citado Troiteiras que en tiempos de lluvia nos ofrece, un poco más abajo, una espectacular cascada. No tardamos en toparnos con el curro de Morgadáns muy concurrido a principios del verano. Aún se pueden ver los restos de los tenderetes que a modo de tabernas al aire libre atienden al numeroso público que se reúne aquí para asistir a la rapa das bestas.

Seguimos entre tupidos pinares hasta la aldea de Murxido, una solitaria población en la ladera de estos montes que rodean al Galiñeiro, ya en franco descenso hacia el río Morgadáns por cuyas orillas caminamos un buen rato disfrutando de su frondoso bosque de ribera y de sus transparentes aguas. Morgadáns también es el nombre de este núcleo rural, que ostenta la categoría de Entidad Local Menor, una peculiar institución que sin llegar a ser municipio tiene una cierta autonomía dentro del concello.

Atravesamos Morgadáns que queda a unos cinco km. de Gondomar, la capital del municipio, vértice interior del triángulo que forma con los dos concellos costeros, Nigrán y Baiona. En Gondomar hacemos la parada de rigor para descansar y reponer fuerzas en la Tapería Adechave, situada en la parte nueva de esta villa en la que durante la fiebre del ladrillo han proliferado numerosas urbanizaciones que en las últimas décadas han modificado el aspecto de esta tranquila población.

A pocos metros de nuestra mesa vemos cómo fluye mansamente, entre un cuidado parque, el río Miñor. Un paseo lo acompaña río arriba hasta los límites de la zona urbana y por ahí continuamos a lo largo de su ribera entre fincas en los primeros tramos para adentrarnos después en el espesor de la floresta verde y umbría, un auténtico regalo en esta tarde de sol y calor. Aún quedan, a pesar del estiaje, restos de las espléndidas cascadas del invierno, ahora modestos saltos de agua entre las desnudas rocas tapizadas de verde musgo.

Así, durante casi media docena de kilómetros, seguimos río arriba disfrutando de este maravilloso jardín natural que nos ofrecen las riberas del río Miñor hasta divisar de nuevo la espadaña de la iglesia de Sal Miguel de Peitieiros, en cuyas cercanías se encuentra el punto de partida.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
24,110 Km. 7 h. 5 min. Media Soleado 

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Montes de Oia

Las cosas en Sendereando no son siempre fáciles. Hace un año por estas fechas me referí al núcleo duro formado por unos cuantos de estos aguerridos muchachos que no renuncian a llevar a cabo sus caminatas por adversas que sean las circunstancias. En aquella ocasión fue un calor extremo el que puso a prueba nuestra resistencia, ayer fueron las zarzas, arbustos y ramas rotas los que intentaban cerrarnos el paso por senderos casi intransitables, ralentizando nuestra marcha, arañando nuestra piel con innumerables cortes, dejando sus huellas en nuestras piernas y brazos como rojos plumazos de un misterioso y cruel escribiente escondido en la maleza.

Tampoco el calor fue ajeno a esa conspiración de la naturaleza para hacernos más difícil la jornada. Un nido de avispas despertó bajo la bota de uno de nosotros y los temibles himenópteros, puestos en pie de guerra, afilaron sus aguijones y allí donde la carne les fue más apetitosa se cebaron con saña. Había que oir los estremecidos lamentos de nuestro amigo Moncho que, seguramente elegido por la reina de la colonia, salió especialmente perjudicado.

Aun así podemos afirmar que la ruta por los montes de Oia, es un estupendo paseo por las alturas desde las que se divisa la costa en toda su hermosura, en un día limpio y transparente como el de este lunes,  con el inmenso océano como telón de fondo, un grandioso lienzo azul que llena el espíritu de paz y serenidad.

Comienza la caminata en la iglesia de Viladesuso, antigua aldea en la falda del monte desde donde, en continuo ascenso durante más de 9 km., pasando por el hermoso paraje de As Sobreiras do Faro, alcanzamos la cota de los 600 m. para seguir monte abajo hasta dar con la capital del municipio de Oia en cuya Casa Henriqueta hacemos, como es costumbre, un alto para comer bastante bien, por cierto. A dos pasos del restaurante se encuentra el monumental Monasterio de Santa María de Oia uno de los pocos sino el único construido a la orilla del mar y en estos tiempos pendiente de que entre unos inversonistas y el municipio se pongan de acuerdo para convertirlo en  hotel.

Regresamos al monte y, por pistas forestales con alguna que otra sombra, llegamos al punto de partida en Viladesuso cuando aún el sol está bien alto iluminando y calentando los arenales abarrotados de bañistas. A lo mejor al llegar a casa a alguno se le ocurre rematar la jornada dándose un buen chapuzón.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
24,440 Km. 7 h. 40 min. Media Soledado

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Montes de Couso

Montes de Couso precisamente no son. Couso queda en la falda de los montes que se elevan sobre las parroquias de Pinzás y San Cibrán. contiguos al Monte Tetón de que ya hemos dado noticia en Senderando, conocido por las estaciones arqueológicas, petroglifos, que existen en sus inmediaciones.

Couso está situado en la falda de esta pequeña sierra, cortada por la carretera que va de Gondomar a Tui, justo debajo del Mirador de O Viso desde el que se puede contemplar una hermosa panorámica de la ensenada de Baiona, con las islas Cíes al fondo, las Estelas en el medio, Monteferro y las playas que bordean la costa desde Panxón hasta Baiona.

EL recorrido de este lunes comienza en un punto de la carretera PO 344, Gondomar-Tomiño, en medio del GR 58, en pleno monte. Discurre en su mayor parte por pistas forestales y senderos entre cerrada arboleda que proporciona una agradable sombra muy de agradecer en este soleado y algo caluroso día de verano.

Abundan los pinos y eucaliptos pero también se encuentran bosques de castaños plantados no hace mucho tiempo pero que protegen al caminante de los rigores del calor.

Al llegar al puente de Couso, sobre el río de A Rasa, nos adentramos en la frondosidad y belleza propia de los bosques de ribera. Baja ahora el río bastante menguado, sin la fuerza y bravura que le aportan las lluvias del invierno pero aun así el verde intenso de su suelo, la exuberancia de su flora, sus muiños abandonados y cubiertos por un tapiz que el musgo ha ido tejiendo a lo largo de muchos años, pontillones y levadas, hacen de estos parajes un lugar encantado y encantador.

Ya estamos cerca de centro urbano de Couso en donde se encuentra el Restaurante Casa Celso, con mucha historia gastronómica detrás, muy conocido en la zona y en el que hemos degustado un osso buco con patatas fritas que hizo las delicias de todos nosotros, especialmente de nuestro entrañable Dietmar quien, después de una larga temporada en su Austria natal, se ha incorporado a este grupo de entusiastas de los senderos que ya lo echaba de menos.

De Casa Celso al Mirador de O Viso hay unha carreiriña de can y allí hacemos nueva parada para reposar la agradable comilona antes de reemprender la marcha por las pistas que rodean el Monte Tetón pero desviándonos, ya en franco descenso, hacia el norte para alcanzar en poco más de una hora el punto de partida.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
24,350 Km. 6 h. 40 min. Baja Soleado 

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Caminos del Tecla

Tecla, Tegra, Trega. Hasta hace unos años todo el mundo conocía esta mítica montaña como el Tecla hasta que el comité de normalización de la lengua gallega decidió llamarle Trega que según comenta Andrés Freire en un artículo suyo en ABC es una palabra documentada en la Edad Media («mons Teurega» dicen que dice un documento en Tuy).

Lo realidad es que la inmensa mayoría de la gente sigue llamándole Tecla así que yo mantengo también esta denominación. Poco hay que decir de este monte que no sea de general conocimiento. Su citania, su ermita y su viacrucis, sus petroglifos, hacen de este enclave un lugar único en una situación privilegiada desde la que se domina la desembocadura del río Miño, una estampa llena de grandiosidad y belleza.

Dos PRGs, el 122 y el 160, rodean este monte a lo largo de numerosas pistas, senderos y vericuetos, algunos verdaderos balcones con vistas al océano. Desde sus dos cimas, la de O Facho y la de San Francisco se contemplan espectaculares panorámicas del estuario del Miño y de la villa de A Guarda con su puerto y el monte Torroso al fondo.

Hemos iniciado la ruta en O Pasaxe para comenzar la ascensión en Camposancos rodeando el monte casi en espiral cerrando el bucle en el citado Camposancos y desde allí bajar a la costa bordeando el paseo de madera que nos lleva hasta La Guardia (A Guarda oficialmente). Allí nos hemos detenido en Restaurante Pizzicata en donde hemos dado cuenta de una discreta refacción que nos dejó en condiciones de seguir lo poco que nos quedaba de ruta hasta el punto de partida en O Pasaxe.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
20,420 Km. 6 h.  Media Soleado 

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