Nunca defrauda

Conocimos el Xabriña allá por el 2009 y desde entonces han sido muchas las ocasiones en las que hemos vuelto por allí siendo la última este lunes, casi trece años después.

Cada vez que recorremos sus riberas siempre nos asombra y admira la maravillosa hermosura de estos parajes y nos sorprende el cuidado y atención que le dedica la Junta de Montes de Paraños que mantiene la ruta perfectamente señalizada y los caminos despejados.

Un caso excepcional y ejemplar de mantenimiento de esta joya etnológica y paisajística a lo largo de los años.

Pasadas las poblaciones de Corzos y A Lamosa, entramos en la ruta del Xabriña que nos lleva por su ribera derecha hasta la aldea de Paraños en  donde regresamos al río para abandonarlo cerca de O Muiño da Feixa desviándonos por el sendero que nos lleva a la pista por la que los peregrinos suben en procesión con sus imágenes al santuario el día de la romería de las Pascuillas que se celebra el Lunes de Pentecostés.

Dejamos A Franqueira para desviarnos por las pistas que nos conducen entre pinares hasta el lugar de Cebreiro en cuyo restaurante O Eido do Monte damos cuenta del tradicional cocido que aplaca las hambres provocadas por la dura ascensión que, como tramo final, hemos tenido que salvar para llegar hasta aquí.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
19,160 Km. 5 h. 41 min. Media Sol y nubes 

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¡Qué pena lo de As Telleiras!

En los primeros años de este siglo el Concello de Sanxenxo tuvo la feliz idea de crear una especie de museo de la teja, un centro de interpretación y estudio sobre la industria que tuvo lugar en la zona que abarcaba la costa desde Castrelo en Cambados hasta Vilalonga, en Sanxenxo, en donde llegaron a funcionar hasta 28 telleiras, o fábricas de ladrillos y tejas cuya materia prima era la arcilla extraída del fango acumulado en lo que hoy se conoce como el Complejo Intermareal Umia-O Grove.

Así que el Concello compró el terreno y los restos de una de de aquellas fábricas  y allí, al borde de la desembocadura del río Chanca,  construyó el  Centro de Interpretación  Ambiental As Telleiras que fue inaugurado en 2006 con una inversión de 1,4 millones de euros.

La primera vez que los de Sendereando visitamos el sitio fue en  el año 2013 y lo encontramos en buenas condiciones aunque sin actividad aparente. Volvimos cinco años después y nos llamó la atención una exposición de nidos  muy interesante.

Hemos vuelto en este lunes y, como se dice vulgarmente, se nos cayó el alma a los pies. Goteras y humedades en las paredes, los expositores de los  nidos cubiertos de polvo, cajas almacenadas en las esquinas, etc.  La única actividad que allí se percibe es la del personal del Banco de Alimentos que en tal sitio tiene su sede.

En fin, una pena.

Este Centro de Interpretación al que nos venimos refiriendo, está casi al final dela ruta de este lunes que, por otra parte, es un bonito paseo  por la ribera del humedal a lo largo del cual se van sucediendo los restos de las antiguas telleiras.

Rematamos la jornada en el Mesón O Forcado, en  Dena,  en donde compartimos mesa y manteles los 16 andarines  que en amigable reunión damos cuenta de su variado menú en el que destacan  su jugosa tortilla de patatas, el lacón sabroso y en su punto o el corujo a la plancha, todo regado con vinos albariño y rioja invitación de nuestra querida Sita,  andarina de los sábados, que ahora jubilada se incorpora a las caminatas de los lunes y  a la que deseamos nos acompañe durante muchos años.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
17,310 Km. 5 h. 4 min. Baja Nubes y sol 

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Un mirador sin vistas

En el municipio coruñés de Outes hay un pueblo que se llama Cruceiro de Roo en cuyo barrio Roo de Abaixo iniciamos la ruta de este lunes con el objetivo de subir hasta la cima del Monte Tremuzo, una espléndida atalaya desde la que se puede disfrutar, en un día claro, de magníficas vistas de la Ría de Muros y Noia.

Pero, para nuestro infortunio, resultó que la jornada comenzó con  algo de lluvia y una persistente niebla que nos acompañó hasta allá arriba, de forma que nos tuvimos que conformar  con la fotografía del panel explicativo en el que se muestran los lugares más interesantes de su periferia.

Los caminos que llevan al Tremuzo son, en su mayoría, pistas forestales que entre pinares y robledas ascienden hasta el parque eólico que rodea al monte y que fue la causa del pavoroso incendio que arrasó la zona en 2012. Ahora se llama Bosque REE Monte Tremuzo, un proyecto de Red Eléctrica para repoblar el monte.

Del Tremuzo bajamos hasta la cercana playa de Siavo en cuyo mar numerosas lanchas y mariscadoras de a pie trajinan con el rastrillo para sacarle a la arena el  berberecho que, de no tener apenas valor hace medio siglo, hoy es un cotizado fruto de la mar.

Seguimos por la playa de Troña por un hermoso paseo para adentrarnos de nuevo en el monte por pistas que nos llevan hasta Serantes y Rates, prácticamente siempre sobre asfalto, hasta dar con el punto de partida en Casa Peto, un agradable restaurante en el que reponemos fuerzas con u crema de verduras, merluza a la gallega o paleta de cerdo, todo regado con un Rioja de calidad, invitación de nuestra querida  Cande que así celebra su pasada incorporación al grupo de los lunes.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
19,420 Km. 5 h. 38 min. Media Niebla y Sol

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Os Regos do Castrove

Se sube por el Rego de San Martiño, se baja por el de A Armenteira y en el medio, el monte Castrove que separa las rías de Marín y Vilagarcía.

Este es el resumen de la caminata de este lunes. Son dos pequeños ríos cuyo entorno, sobre todo en un día como el de hoy en el que la lluvia hace brillar la hojarasca del suelo y las temblorosas hojas de la arboleda, es de una hermosura llena de encanto. El San Martiño es más salvaje y torrentero, más natural, no tan «civilizado» como el de Armenteira cuyo curso ha sido acondicionado con farolas y sendas repisadas, y hasta una réplica de una aldea gallega de dudoso gusto.

Aún así es un río precioso, jalonado de muiños y rocas cubiertas de musgo, con estrechos carreiriños y frondosa arboleda. Es una senda que han titulado como  A Pedra e A Auga, muy frecuentada en todas las estaciones.

Hemos iniciado la andadura en la Iglesia de San Martiño de Meis, no lejos de la de San Salvador de la que dice la leyenda que perdió sus campanas  a manos de los musulmanes que, habiéndolas arrojado el Rego de San Martiño en el lugar de O Pozo negro, fueron descubiertos y obligados a reponerlas.

O Rego da Armenteira ostenta el honor de pasar por unos de los cenobios más emblemáticos de la comarca, el de San Ero, el fraile que se quedó dormido durante cien años al arrullo de un ruiseñor.

Con rachas intermitentes de lluvia y sol, recorrimos ambos ríos separados por las pistas forestales que serpentean por el Castrove y una vez finalizada la caminata rematamos la jornada en el vecino municipio de Meaño, lugar de Simes, en donde se halla el Furancho de A Pastora de cuyo variado y satisfactorio menú hemos dado buena cuenta al tiempo que brindábamos por el cumpleaños de nuestro entrañable Torres, gran andarín  y compañero de gozos y fatigas, a quien le deseamos larga vida, salud y felicidad.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
17,840 Km. 5 h. 5 min. Media Chubascos 

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Gran jornada en Oliveira

Este lunes ha sido una jornada de nostalgias y recuerdos, pues Oliveira es para nosotros el lugar de partida de las numerosas rutas diseñadas por nuestro querido Eduardo en cuya hermosa finca y casa hemos iniciado una vez más la caminata y en donde, amparados por su cálida hospitalidad, hemos disfrutado de un auténtico banquete preparado por Elvira, la genial chef de Sendereando.

Callos con garbanzos que quitaban el hipo, carrilleras y rabo de ternera que acariciaban el paladar como un suave terciopelo, orejas de carnaval y lenguas de leche frita que hacían soñar con el paraíso de Alá. Todo eso lo hizo ella sola para los 19 comensales que nos reunimos alrededor de la gran mesa en la finca de Oliveira.

Mucho jolgorio y mucha alegría alrededor de nuestro buen amigo con un fin de fiesta amenizado por el acordeón de Dietmar, el andarín más veterano de esta tropa, bajo cuyos acordes cantamos y bailamos después de haber brindado con entusiasmo por los dos principales actores de esta espléndida jornada: nuestro anfitrión Eduardo y la chef Elvira.

En resumen, una efemérides para no olvidar que ha quedado grabada en nuestros corazones y nuestra memoria con letras de oro.

Fue todo eso el colofón de la estupenda caminata por los aledaños de Oliveira desde donde subimos hasta el Curro de San Cibrán para seguir por los extensos y hermosos pinares que pueblan Pinzás, atravesando los amplios llanos de A Portavedra para llegar a los intrincados caminos que acompañan al río Folón, siguiendo entre pinares y bosques de eucaliptos, hasta la Capilla de San Andrés en O Barco.

Unos cientos de metros más nos llevan por carretera hasta la aldea de Nande y, de nuevo por pistas forestales, nos dirigimos hacia el Castro de Pedra Moura, una magnífica atalaya a cuyos pies de extiende la ensenada de Baiona, una lámina de intenso azul sobre la que parecen flotar la islas Cíes y las Estelas.

Para Oliveira quedan unos cientos de metros que salvamos en un periquete ansiosos por comenzar la magnífica velada que allí nos espera.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
18,770 Km. 4 h. 54 min. Media Soleado 

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