Hitos del Sobroso

No es la primera vez ni será la última que los de Sendereando nos marquemos una ruta por estas tierras que rodean el Castillo del Sobroso primero de los tres emblemáticos lugares que jalonan esta caminata.

El Castillo situado en la colina de Landín, la más alta atalaya de Vilasobroso, domina el valle del Condado pudiéndose divisar desde su Torre del Homenaje más de cincuenta pueblos. Iniciamos la marcha en el monumental pórtico que da acceso al parque que lo rodea descendiendo por el barrio de San Martiño por un largo trecho de carretera que nos lleva hasta una reciente plantación de viñedos que cubre una extensa ladera de lo que hasta hace poco era un pinar.

Entramos ahora en los  montes de A Picaraña por caminos que discurren entre frondosos pinares y los enormes «penedos» característicos de estos parajes reencontrándonos con el bosque de madroños en donde nos detenemos para probar sus frutos, esas bayas rojas cuando están maduras y que poseen multitud de propiedades medicinales.

Seguimos monte arriba por las pistas forestales que rodean el alto de A Picaraña hasta toparnos con la empinada ladera que hemos de salvar para alcanzar la cima en la que se eleva la impotente cruz de piedra desde la que se contempla una amplia panorámica del valle con la villa en Ponteareas a sus pies. Bajamos hasta la capilla de la Santa Cruz, una curiosa construcción en forma de concha toda pintada de blanco,  casi oculta entre la frondosa arboleda decorada con los hermosos colores del otoño.

Unos  cuatro o cinco kilómetros más alternando pistas y asfalto nos llevan al Castro de Troña, en la parroquia ponteareana de Pías, un cerro en el que abundan las construcciones castrexas, de principios del primer milenio rematado en la cima por la iglesia del Dulce Nombre de Jesús, del siglo XVIII.

Como el tiempo apremia, regresamos a toda marcha por la pista que, a través del monte, empalma con la carretera que conduce al castillo cuya visita recomendamos pero que nos vemos obligados a dejar para otra ocasión, así que atravesamos su hermoso parque para alcanzar de nuevo el pórtico en donde habíamos iniciado esta interesante ruta.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
17,570 Km. 4 h. 38 min. Media Nublado 

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Chan da andoriña

La última vez que pasamos por aquí fue en diciembre del 2012. En aquella ocasión la ruta fue de 25 Km. pero ahora la hemos recortado a la mitad, pues las caminatas de los sábados son matutinas y el tiempo disponible no da para más.

Andoriña o anduriña es la voz gallega para la castellana golondrina o andorina y, como nombre de mujer, gozó de cierta fama en los años sesenta con la canción de Juan Pardo que hablaba de aquella muchacha, Anduriña, que se había escapado de su hogar. La versión de Juan y Junior le gustó mucho a Picasso que hizo un estilizado dibujito para la portada de su disco.

Es un ave de campo abierto y quizá de ahí le venga el nombre a este paraje que se encuentra no lejos de Fornelos de Montes, poco después de Bustelo, una aldeíta perdida en estos montes de la sierra del Suído.

Con algunos chubascos y algún rayo de sol que se colaba entre las abigarradas nubes, recorrimos estos agrestes lugares en cuyo interior se halla, como escondido, este encantador rincón a donde se llega a través de una frondosa carballeira, entre altos helechos y rocas cubiertas de espeso musgo.

En sus alrededores se pueden visitar un foxo do lobo y el Coto de Eira, cosa que haremos en otro día en el que dispongamos de más tiempo.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
12,460 Km. 3 h. 31 min. Media Chubascos 

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Xesteiras-Parafita

En enero del 14 estuvimos por aquí haciendo esta misma ruta aunque en esta ocasión hemos variado su trazado sensiblemente pero conservando sus dos puntos principales: el monte Xesteiras y la fervenza de Parafita.

El primero es un pico de 714 m. de altura situado en la parroquia de Setecoros, en Valga, desde el que en días claros y soleados como el de hoy se contempla parte de la ría de Arosa, Santiago de Compostela, Padrón, Cuntis y A Estrada.  Para llegar hasta allí iniciamos la caminata en la zona recreativa de As Laceiras pasando por Requián y su espléndida carballeira y siguiendo monte arriba, en larga ascensión, hasta alcanzar la falda del Xesteiras  cuya cima conquistamos después de salvar las fuertes rampas que  son la alternativa a la pista que lo rodea, más larga y llana.

Después de un corto descanso allá arriba para contemplar la espléndida panorámica de sus alrededores y hacernos la foto de familia, iniciamos el descenso, que también es largo, coincidiendo en algunos tramos con el Camino Portugués en el que nos cruzamos con unos cuantos peregrinos.

Ya en Valga, paramos en la Parrillada O Castro, restaurante frecuentado por camioneros, en donde nos atienden con los contundentes platos propios de estos establecimientos.

Aunque ya estamos en los comienzos del otoño, pega fuerte el calor del que nos libramos al bajar de la carretera al sendero que nos lleva a la fervenza de Parafita o Raxoi que, a pesar de este tiempo de sequía, aún conserva parte de su prestancia.

No presenta la formidable estampa de aquel enero, cuando las lluvias eran abundantes, pero corre agua suficiente para formar  un par de hermosas cascadas en el mismo umbrío paraje de frondosa vegetación permitiéndonos recorrer todo el sendero hasta llegar a la pista forestal sin necesidad de regresar al inicio como ocurre cuando las aguas van altas y es obligado desandar el camino para salir de allí.

Quedan un par de kilómetros para alcanzar el punto final en el citado lugar de As Laceiras en donde un original poste indica que hacia el norte se encuentra A Pedra da Serpe, una roca megalítica de las que tanto abundan en por estos lares en la que hay insculpidos algunos petroglifos. Allá nos vamos tres de los que aún nos queda fuelle  para recorrer los cuatro kilómetros que nos separan del citado monumento que consiste en un gran roca en la que está grabada la gran serpiente que da nombre a la piedra y dos espirales. Como ocurre con indeseada frecuencia, los vándalos han llegado hasta aquí para destrozar el panel explicativo, que con la roca no pudieron.

Aún el sol está bien alto cuando regresamos al sitio de comienzo y fin de esta ruta que, una vez más, nos ha hecho disfrutar de los hermosos parajes que nos ofrece nuestro país y del placer de senderear con estos buenos amigos.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
25,680 Km. 7 h. 38 min. Difícil Soleado

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Por el río Muiños hasta Monteferro

El río Muiños es corto, de caudal modesto aún con las lluvias a favor, poco más que un regato, pero fluye solitario e independiente desde los altos de Camos hasta el mismo mar.

Ríos mucho más grandes como el Sil y otros de mucho más porte han de entregar sus aguas, humildemente, a los ríos mayores mientras este pequeño David de Nigrán no entrega su modesto caudal a nadie que no sea el Goliath de los mares, el océano Atlántico con el privilegio, además, de ser él quien marca la frontera entre las dos playas que forman el maravilloso arco de la ensenada de Baiona, la de Panxón y la de Playa América, antes Playa  Lourido tras capear la presión urbanística y ambiental que lo agobia, colándose entre polígonos industriales, complejos deportivos, autopistas y carreteras

Lo hemos recorrido de abajo arriba y de arriba abajo partiendo de su desembocadura entre las dos playas mencionadas  hasta enlazar con la Senda de Os Matos, una precioso camino por las orillas del Muiños con la frondosidad propia de estos parajes por los que baja el pequeño río entre los muiños que le dan nombre, bajo pasos y pontellas como la de Gacholo, encantadoras pasarelas de piedra  que permiten atravesar el río por los lugares estratégicos que antiguamente necesitaban los usuarios de aquellos ingenios para transportar los sacos grano o  de heno cargados sobre sus sufridas espaldas.

Después de rematar la Senda dos Matos de casi 5 Km., nos acercamos a la iglesia de Santa Baia, en Camos, para retomar el camino por el que vinimos en las primeras horas de la mañana y regresar al punto de partida y desde allí a la casa de José donde, como es ya costumbre al remate del verano, hacemos un receso para preparar el churrasco en sus variantes de cerdo y ternera, con sus chorizos criollos y el pollo de Rebón de los que ya no se catan que trajo José Luís, seguido de tarta de Santiago, cañas de Extremadura aportadas por Ángel y un delicioso bizcocho cuya autoría no me está permitido desvelar, todo regado con riojas y albariños de categoría.

En fin, un festejo gastronómico que reclamaba a estos esforzados senderistas unos cuantos kilómetros de alivio por lo que decidimos acercarnos a los pinares de Monteferro desde cuya Punta Maleda se contempla el hermosísimo cuadro de la bahía de Vigo, con las islas Estelas a nuestros pies, Baiona al fondo a la izquierda y Vigo a la derecha, completando tan preciosa estampa las islas Cíes que parecen flotar entre Cabo Silleiro y Cabo Home en esta tarde de mar en calma y cielo impoluto de intenso azul.

Así despedimos este verano que hoy, 21 de setiembre, da paso al otoño en el que continuaremos con nuestras caminatas para  disfrutar un año más de las agradables sensaciones y hermosas escenas que nos deparará esa bella estación.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
25,000 Km. 7 h. 18 min. Fácil Soleado 

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Termas de Laias

En este lunes nos hemos venido muy cerca de la ruta de la pasada semana para repetir la VI Andaina del Concello de Cenlle que se celebró el pasado mes de marzo en favor de la infancia. La hemos iniciado en la parroquia de Barbantes, en las orillas del Miño para, alejándonos del río, subir por la cercana calzada romana de la que aún se conserva parte de su pavimento original hasta la ermita de San Trocado, siempre por caminos y pistas forestales desde cuyas alturas contemplamos de vez en cuando el gran río embalsado en la presa de Castrelo, bien visible desde estos parajes.

Aprovechando el abrigo que nos ofrece la capilla, paramos allí para reponernos del esfuerzo y defendernos de la repentina bajada de temperatura propiciada por el fino orballo que cae sobre la colina. Afortunadamente, una vez, iniciado el descenso, el ambiente mejora y desaparece la amenaza de lluvia y de frío.

Pasamos por una vieja mina de wolframio ahora abandonada pero que tuvo su apogeo en la 2ª guerra mundial debido a la demanda de este elemento para la fabricación de armamento para seguir cuesta abajo hasta la Cova da Moura, un túnel que parece ser que tuvo que ver con la explotación del oro que arrastraba el Miño en tiempo de los romanos.

Ya estamos en Laias.

Polas ribeiras de Laias
baixa o Miño entre viñedos
cantando unha ribeirana
con saibo de amor labrego.

Son versos de Víctor Campio Pereira, natural de esta parroquia del municipio de Cenlle, en la margen derecha del río Miño. Sus manantiales ya eran conocidos en la época romana y dice la tradición que el rey Bermudo II, apodado «El gotoso»,  vino a estas aguas para curar su dolencia. Seguramente lo consiguió porque es fama que las aguas de estas termas con casi milagrosas.

A principios del siglo XX, sobre los restos de las antiguas termas romanas, se construyó un balneario que funcionó hasta la construcción del embalse de Castrelo en los años sesenta que sepultó la vieja construcción y las surgencias. Más tarde se construyó otro edificio, un poco más arriba, para residencia geriátrica ahora transformada en un moderno balneario que fue el que escogimos para nuestra parada habitual a la hora del yantar.

Pero antes de entrar en el restaurante y como preparación para la agradable reunión que allí nos esperaba, una vez revestidos de gorro, bañador y chancletas, pudimos disfrutar de un fantástico hidromasaje a base de los variados chorros  en intensidad y dirección que en la piscina termal repasan lumbares, cervicales, rodillas y hasta la planta de los pies con el resultado de una puesta a punto espectacular que nos deja como si en vez de haber recorrido casi 20 Km. por el monte hubiésemos estado paseando por las estancias del balneario toda la mañana.

Después, en un ambiente relajado y distinguido, no por nuestra indumentaria más bien desaliñada y montaraz sino por el ambiente y el servicio, nos sentamos en la elegante mesa que nos tenían preparada para degustar un excelente menú.

Abandonamos el balneario por la senda que, bordeando la orilla del río durante unos 3 Km., nos lleva a Barbantes en cuyas inmediaciones habíamos iniciado esta especial jornada de senderismo y termalismo.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
21,700 Km. 6 h. 31 min. Media Nublado 

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