Pisando agua

En las últimas jornadas nos ha caído agua a caldeiros. Diluvió sobre nuestras cabezas todo lo que el cielo quiso pero en la de este lunes el agua no venía de arriba sino de abajo, de los senderos completamente encharcados por las recientes y tan copiosas lluvias que han inundado caminos y fincas obligándonos, en muchos tramos, a un lento caminar tratando de no sumergir nuestras botas en el fondo de los charcos y del barro.

En realidad, en gran parte de nuestro recorrido pisamos más agua que tierra, en un día soleado y fresco interrumpido de vez en cuando por algún chaparrón y hasta una granizada.

La ruta discurre por tierras de Cotobade, las que dan al este de este municipio pontevedrés famoso por sus canteiros, maestros en la construcción de cruceiros y de iglesias y sobre todo de los hórreos o canastros que tanto abundan en esta comarca y cuya característica principal es que son todo piedra desde los pies a la cubierta, por lo que al paso de los años se siguen conservando como el primer día.

Comenzamos la marcha en Borela, al lado de la iglesia de  San Martiño, y desde allí nos dirigimos a la localidad de A Graña en donde comienza nuestra lucha con los terrenos inundados y los caminos encharcados que hemos de recorrer con mucho tiento y esfuerzo en estas primeras horas de la mañana.

Regresamos a la carretera para abandonarla en los límites de la aldea y emprender la ascensión por los montes vecinos por pistas forestales que nos llevan hasta el Castro de Famelga, un promontorio de los que tanto abundan en este país que, parece ser, fue fortificación amurallada aunque de ellos no quede vestigio alguno a la vista.

Cuenta la leyenda que en estos parajes existió un túnel en el había dos vigas, una de oro y otra de alquitrán. El que encontraba la de oro quedaba rico para toda su vida pero el que se topaba con la de alquitrán ya no saldría de pobre. Unos cuantos vecinos intentaron socabar el monte en busca de la preciada viga pero, al encontrarse con restos de pizarra, les entró el temor de que allí estuviese la viga de los pobres por lo que se se apresuraron a cerrar el agujero y del túnel nunca más se supo. Nosotros tampoco nos decidimos a investigar el asunto así que, una vez coronada la cima del misterioso castro, bajamos al parque de Famelga para reponer fuerzas y seguir adelante.

Dejando el parque a nuestra espalda, bajamos por un largo y verde cortafuegos hasta dar con la ermita de Nª Sª de la Nieves y desde allí bajamos hasta el puente que se eleva sobre el río Almofrei, situado en la ruta que, con el nombre de O Foxo do Lobo, va desde Rebordelo hasta Ponte Serrapio y de éste al citado Foxo do Lobo, rutas que los de Sendereando ya conocen.

En esta ocasión hemos aprovechado el tramo que, pasando por la aldea abandonada de Arufe, nos lleva a la capital del municipio, Carballedo, en donde hacemos parada y fonda en el restaurante A Raxadal, celebrando allí una amena convivencia alrededor de generosas fuentes de cocido y ternera asada que, precedidas de  apetitosos caldo y sopa, constituyen una pitanza elevada al grado de banquete al haber sido acompañada de un Rectoral de Amandi, obsequio de nuestro entrañable colega Miguel. Mención especial merece el requesón con miel, obra de Pepita la cocinera del la casa, una maestra consumada en la preparación de tan rico postre.

El cielo impoluto y azul nos espera a la salida de tan agradable condumio. Comenzamos con un paseo por las hermosas riberas del Almofrei que por estos lares fluye majestuoso entre las verdes praderas que circundan el lugar para reencontrarlo un poco más adelante, en Pozo Negro. Allí baja el río brioso y rápido con  su cauce casi a rebosar, espléndido un poco más arriba en donde sus aguas se desploman en una fervenza de poca altura pero de gran fuerza en estos días de lluvias abundantes.

Ya nos queda poco para, entre fincas y algún que otro pequeño núcleo rural, alcanzar el torreiro de la iglesia de San Martiño, inicio y fin de esta estupenda caminata.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
20,540 Km. 7 h.  Media Chubascos/Sol 

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El Xabriña en Mouriscados

Es costumbre entre los «sendereantes» de los lunes que el que esté de cumpleaños invite a un buen vino al resto de la tropa y así lo hizo nuestro amigo Torres que cumplía nadie sabe cuántos (pero pocos), regalándonos un mencía de Valdeorras, de muy rico paladar, con el sorprendente nombre de Camino de Cabras y la no menos sorprendente etiqueta que, además de los acostumbrados elogios del enólogo catador, dice cosas como ésta: A veces, y en no pocas ocasiones, tras superar un duro y largo camino repleto de dificultades se consiguen los mejores y más preciados objetivos en la vida.

Ya es causalidad que unos caminantes como nosotros nos encontremos con un vino que se llama Camino de Cabras, lo cual no anda muy alejado de la realidad como se pudo comprobar el sábado pasado en el que atacamos el Monte Arruído, sierra del Galiñeiro, por su cara sur a través de un angosto sendero, más apropiado para los citados cornúpetas que para bípedos implumes como el que suscribe, pero lo de la etiqueta que figura al dorso de la botella de Valdeorras supera cualquier expectativa. ¿Se referirá a nosotros, cuyo objetivo es alcanzar el final de nuestras andanzas venciendo caminos enzarzados, vadeando ríos, chapoteando en el barro o superando las fuertes rampas que a veces desafían nuestro resuello? Son objetivos a conseguir pero tanto como los mejores y más preciados de la vida… es mucho decir.

En fin, el vino estaba estupendo y la comida en O Rianxo de Vilasobroso también, lo cual supuso un justo premio al esfuerzo de la caminata matutina que discurrió en su primer tramo por las riberas del río Xabriña a su paso por la parroquia mondaricense de Mouriscados. A pesar de la lluvia que nos acompañó durante casi toda la jornada, pudimos disfrutar de la maravillosa estampa que nos ofrecía ese precioso río, el cual ya conocen los fieles de Sendereando en su escenario de Paraños, un poco más arriba, en el municipio de Covelo.

Muiños, pontellas y pontillones, jalonan el Xabriña que ahora, en tiempo de lluvias, baja copioso para entregar sus aguas al Tea, bordeado por la frondosa vegetación de los bosques de ribera y los viejos senderos con sus muros cubiertos por el musgo que, año tras año, los ha ido vistiendo de un verde luminoso.

Dejando atrás el río, nos metemos en los montes del Queimadelos, caminando casi todo el tiempo entre pinos y eucaliptos, hasta toparnos con la N120 que nos lleva, en un par de kilómetros, a Vilasobroso en donde nos espera la agradable pitanza de O Rianxo.

Afuera sopla el viento barriendo en rachas de lluvia el negro pavimento de la N 120 que atravesamos para adentramos en los montes de Cumiar bajo una espesa niebla que envuelve el paisaje en un halo de magia, misterio y silencio solamente roto por el rumor del viento y el repiqueteo de la lluvia hasta que, insinuada entre la bruma, aparece la iglesia parroquial de Mouriscados a unos metros del punto en que habíamos iniciado la ruta de este lunes.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
22,050 Km. 6 h. 52 min. Media Chubascos 

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La ruta del DOC

Eso del DOC es un acrónimo formado por las iniciales de los tres ríos, El Deva, el Oulo y el Calvo, por cuyas orillas y entorno discurre la ruta que hemos realizado en este lunes, similar a la que habíamos hecho en marzo del 2013, pero algo reducida por falta de tiempo debido al que perdimos en el enorme atasco que se produjo en la A 52 cuando nos dirigíamos al punto de inicio, lo que nos obligó a prescindir del tramo que va por el famoso Camiño da Raiña,  por el que viajaba la reina Doña Urraca desde tierras de Castilla hasta el antiguo y desaparecido monasterio de A Franqueira y también para visitar sus propiedades en tierras gallegas, como el Castillo del Sobroso.  Habrá que dejarlo para otra ocasión.

Aún así, es una ruta preciosa, que toca a esos tres ríos: el Deva, que es el de más caudal riega, las tierras de A Cañiza hasta su desembocadura en el Miño, siendo su tributario el río Calvo que, nacido en la sierra de A Paradanta, le entrega su caudal en las inmediaciones de la hermosa Fraga do Deva.

En esta época de lluvias van los ríos pletóricos dejando muestras en sus orillas de las recientes crecidas que hace unos días hubieran hecho imposible nuestro paso por el sendero que bordean el río, de tranquilas aguas en algunos tramos, en otros alborotadas, fluyendo a trompicones entre rocas y ramas en cortos saltos rebosantes de espuma.

Abandonando el Deva, nos adentramos en las tierras de Parada de Achas hasta la  iglesia de Santiago desde donde proyectábamos seguir por el Camiño da Raiña pero que, por las razones expuestas más arriba, derivamos hacia la carretera que, acortando el itinerario previsto, nos lleva  de nuevo a la ruta en su encuentro con el río Calvo y de allí al Muiño de Erendo, ya en el curso del Oulo, que, aunque es el más corto de los tres, tiene muy  cerca de sí el maravilloso Sobreiral de San Maritiño, un espléndido bosque de alcornoques, de los pocos que quedan en nuestro país.

Un poco más y de nuevo nos encontramos de nuevo con el Deva, esta vez bajo la  caseta de la Central eléctrica de Cabo desde donde parte una empinada rampa, del tipo saca ojos o rompe piernas por la que baja la tubería de la central y que nosotros hemos se superar tras una fatigosa ascensión.

Para reponernos de tan arduo esfuerzo, continuamos nuestra marcha hasta dar con la pista que, paralela a la A52, nos lleva al restaurante de carretera Os do Resero, en donde reponemos fuerzas en la animada reunión de los trece que componen la expedición de este lunes.

Aunque con cielo encapotado, el día se mantiene  seco mientras regresamos por los senderos que, entre pinares y monte raso, nos conducen al punto de partida en el lugar de Sibei.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
20,810 Km. 6 h. 20 min. Alta Nublado 

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«Sendereadores» felices

Definición:

Las endorfinas son hormonas segregadas por unas glándulas del cerebro, la hipófisis y el hipotálamo, que están presentes en muchos órganos, incluyendo el cerebro y la médula espinal en particular. Estas hormonas tienen efectos similares a la morfina utilizada como un medicamento analgésico. Se emiten en los momentos de esfuerzo físico, emoción, dolor intenso o durante el orgasmo. Las endorfinas, como la morfina, tienen la propiedad de disminuir del dolor mediante su unión a receptores morfínicos situados en el tálamo a nivel de los centros del dolor. Las endorfinas provocan una sensación de bienestar y de relajación.

Nuestra querida Cristina, además de una caminante excepcional, es una fotógrafa excelente, prueba de lo cual son las estupendas imágenes que se exponen a continuación y que son una muestra de la alegría, del goce de «senderear» que se refleja en los semblantes de nuestros andarines.

No es el dolor físico ni tampoco un orgasmo, como se dice más arriba, lo que produce en nosotros las citadas endorfinas, sino nuestra afición a senderear.

Los que no somos científicos pensamos que el aire fresco y limpio, el hermoso paisaje que nos rodea, los encantadores parajes que recorremos por corredoiras y carreiriños, los cerros y también los altos picos que superamos con nuestro alegre esfuerzo templan nuestros cuerpos y llenan nuestras almas de profundo goce y optimismo.

Por eso, en vez de la habitual crónica de nuestras andanzas, dedicamos este comentario a las esforzadas gentes de Sendereando, intrépidos caminantes, animosos andarines, incansables buscadores de oro, de ese oro que nos ofrece la privilegiada naturaleza de nuestro entorno, el oro de sus valles, sus ríos, sus montañas en las que descubrimos algo nuevo y gratificante cada vez que acometemos una de nuestras caminatas.

Nota: Para ampliar, hacer clic en las imágenes.

Fervenzas de Tourón y Codesás

En castellano se llaman cascadas o cataratas, «caídas grandes del agua de una corriente a causa de un fuerte desnivel del terreno». En gallego se dice fervenzas que, además de la acepción que se le da en castellano, también significan gran cantidade de burbullas que se forman ao precipitarse a auga dun río ou torrente por un desnivel brusco do terreo.

Ahora, en estos días de fuertes lluvias,  la corriente de los ríos se precipita en el abismo como un enorme chorro que más parece de agua hirviendo que la fría corriente que al caer forma esas espectaculares colas de caballo que es otra de las denominaciones que se les da.

Ya en el 2014 aprovechando las abundantes lluvias de aquel invierno, nos dedicamos a visitar algunas   fervenzas de las que tanto abundan en nuestros ríos.  Hemos querido repetir en este lunes diseñando un recorrido en el que pudiémos ver dos de ellas en la misma jornada, lo cual es posible en las que forma el río Cerves (Melón, Ourense)  a su paso por las aldeas de Tourón y Codesás.

Muy cerca del núcleo urbano de Melón se encuentra el inicio de la Senda de las Pozas del Cerves, que discurre río arriba, bordeándolo  hasta llegar al hermoso paraje en el que se halla la  fervenza de Tourón a donde se accede por una espectacular pasarela que nos lleva al alto de la cascada por donde se despeña, entre el fragor y la espuma, a la primera poza y de ésta a una segunda, de menos desnivel pero también impresionante en esta mañana lluviosa, de cielo encapotado.

Dejando atrás tan bella estampa, continuamos hasta la aldea Tourón, un conjunto de viejas casas rurales con alguna que otra moderna construcción, para seguir por los montes aledaños hasta alcanzar el puente que, bajo la A52, nos lleva a las orillas del río Da Cortella.

Toca caminar durante unos minutos por la autovía hasta el lugar de O Cruceiro Gordo, una bifurcación que nos lleva por una pista que, a unos cientos de metros, se transforma en una avenida festoneada por el amarillo intenso de las mimosas que, casi de repente, se abre ante la inmensa vaguada por cuya profunda garganta fluye el río Da Cortella a cuyas aguas vienen a parar desde lo alto las del Cerves que, de salto en salto, formando pequeñas cascadas, se desploma con otra fervenza espectacular en una poza  en la que sus aguas se detienen antes de entregarse al citado río. Es la fervenza de Codesás o de Santa Cruz.

Un  impresionante espectáculo de la naturaleza que deja boquiabierto a quien lo contempla.

Sigue el camino como una balconada en lo alto desde la que se divisan los montes y aldeas vecinos, como la de Penavaqueira, al otro lado de la gran hondonada, para desviarse a la izquierda por un recodo que  conduce a Codesás, otro núcleo rural en el que se aprecian dos escenarios: uno diríamos que vivo, formado por casas habitadas, y otro un poco separado, de casas abandonadas, algunas de cierto porte, ahora sólo muros de piedra que aún conservan los vestigios de las antiguas viviendas.

Un par de kilómetros más y entramos en O Casal, un barrio de Quins que da nombre al restaurante en el que nos está esperando un cocido con  todas las de la ley acompañado de un mencía de la Ribeira Sacra, invitación de Cristina, que nos deja listos y preparados para rematar la jornada con la subida a la «eira» comunitaria en los altos de Quins, un conjunto de hórreos de uso común presidido por un pétreo calvario desde donde se domina una espléndida panorámica del valle.

Los chubascos han cesado y se presenta una tarde apacible cuando abandonamos Quins y nos dirigimos otra vez hacia la A 52,  en las afueras de Melón, en cuyas inmediaciones hemos iniciado la ruta de este lunes.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
23,610 Km. 6 h.  Media Chubascos 

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