Más milagros en Amil

El año pasado, por estas fechas, el grupo de los lunes nos caímos por la celebérrima romería (en Pontevedra) de Los Milagros de Amil  de la cual dimos cumplida referencia aquí, en Sendereando.

Tan buen recuerdo nos dejó, que decidimos escoger tal evento para inaugurar, pasado el grueso del verano, el comienzo de la nueva temporada. Fueron casi una veintena los que se apuntaron y aunque echamos de menos algunos de los miembros tradicionales de nuestro grupo que por ineludibles circunstancias no pudieron asistir, tuvimos la satisfacción de volver a encontrarnos con algunos históricos de nuestras andanzas que hacía mucho tiempo que no nos acompañaban. Lo consideramos como un «milagrito» de los de Amil.

Milagro fue también el espléndido tiempo que nos deparó esta jornada y milagro fue que después de la enorme cuchipanda en la que, en olor de multitud participamos en Casa Giao, no haya habido alguna de  las indisposiciones que se derivan de estas «farturas» .

Miles de romeros abarrotaban el solar donde se levanta el santuario cuyos altavoces aireaban sin cesar sermones, música sacra y de la otra, misas y más misas desde tempranas horas hasta al anochecer.

Puestos  y tenderetes de pulpo, rosquillas, quesos, embutidos y otros productos del país estaban a tope. Miles de bocas tragando de todo lo que por allí se ofrecía. Otro milagro de los de Amil: en plena crisis semejante demostración de opulencia, al menos gastronómica.

Después de la solemne procesión caminamos un par de kilómetros  hasta Casa Giao, corazón gastronómico del lugar, donde, como remate del festín, su propietario Javier Giao entusiasmó a la entregada concurrencia con sus interpretaciones de famosas melodías del momento así como la celebración de  una impresionante y truculenta queimada que regocijó a los presentes rematándola, ya al borde del delirio patriótico, con el canto próximo al estruendo del Himno Galego.

Ya nos estábamos acercando a las seis y media de la tarde y el sol, radiante aún, no tardaría en ponerse tras los cerros que rodean Amil cuando emprendemos el camino de regreso a la sombra de los pinos que abundan en estos montes para llegar contentos y felices a la iglesia de Santa Mariña de Fragas, inicio y fin de nuestra jornada de hoy.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
20,01 Km. 5 h. 10 min. Fácil Soleado

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Cereixo arriba

El río Cereixo es, en estos días de pleno estiaje, un pálido reflejo de aquel por cuyas riberas caminamos en abril del año pasado. Sus escasas aguas dejan su cauce casi seco. Las grandes rocas que, cuando va lleno, propician los rápidos saltos de su corriente precipitándose en preciosas cascadas son desnudas losas por cuyas hendiduras se cuela el pobre caudal sobrante de las pasadas lluvias.

Hemos comenzado nuestra andadura en la iglesia de Santa María de Pinzás, en el lugar de Alpuxarra, desviándonos del río Cereixo hacia los pinares bajo cuya agradable sombra caminamos hasta reencontrarnos con el río a su paso por la capilla de Nª Sº de Grixó en donde el 18 de agosto se celebra una encantadora romería en honor de su titular cuya imagen es llevada en procesión desde  las parroquias de Cristelo o de Santa María de Tebra, alternándose cada año. En el que corre bajaba de Cristelo para ser honrada en la romería y «dormir» en Tebra hasta la misma fecha del 2014.

Dejando la ermita a nuestras espaldas atravesamos el río y continuamos por su margen derecha, caminando por la acequia que construida hace muchos años por la veterana Sociedad Eléctrica de Tui que es la que explota sus aguas para producir electricidad cuando hay caudal, lo cual no es el caso en estas fechas.

La mencionada acequia nos lleva casi hasta el lugar de O Outeiro, coronado por la Torre de Tebra, cuyos orígenes se remontan al S. XII dominando desde lo alto lel valle del Tebra, afluente del Miño.

Atravesamos la parroquia de Santa María para allegarnos a la de San Salvador de Tebra en cuyo restaurante Hnos. Cuña, nos espera una contundente pitanza a base de huevos fritos, carne asada y macarrones con pollo, la cual nos dio fuerzas para superar la amplia decena de kilómetros que nos separaban, río arriba, del punto de partida a través de la senda fluvial que, iniciándose en el citado lugar de O Outeiro en Santa María de Tebra, sigue siempre en sentido ascendente por la ribera derecha, por estrechos senderos siempre pegados al río, a veces casi intransitables por la maleza acumulada, otras veces por su propio lecho, saltando de roca en roca, cosa imposible en tiempo de lluvias con el caudal crecido

En resumen, un regreso bastante accidentado y a ratos algo penoso, siempre con el río a nuestra izquierda, eso sí, protegidos del fuerte sol por la refrescante sombra propia de los bosques de ribera que nos acompaña durante todo el trayecto.

Ya el atardecer se va tornando rojizo ante el inminente ocaso del sol que no tardará en esconderse tras el cerro sobre el que se levanta la iglesia de Santa María de Pinzás inicio de nuestra caminata.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
23,610 Km. 7 h. 35 min. Alta Soleado 

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Per loca maritima

Este es el nombre con el que en la Galicia de Imperio Romano se conocía la Vía XX que unía Braga con Astorga y que  en su mayor parte discurría por lugares cerca de la costa pero no por la costa misma. Por eso, para nuestra ruta de este lunes nos hemos apropiado de ese título porque, salvando las distancias, nuestro recorrido sí que ha ido por la orilla del mar casi en su totalidad, desde Portocelo en el municipio de Oia, hasta Salcidos, pasando por A Guarda en donde hicimos una parada en el Restaurante Balueiro, frente al Museo del Mar.

En una mañana soleada y luminosa como ésta de primeros del setiembre, es un privilegio poder disfrutar del increíble paisaje de infinita hermosura que durante unos cuantos kilómetros nos deparaba la costa mientras caminábamos sobre las enormes rocas contra las que se deshacían en blanca espuma las impresionantes olas.

El Mare Tenebrosum de la antiguedad era ahora una inmensa llanura de ondulante perfil y amplio horizonte bajo un cielo limpio y azul que no tenía nada de tenebroso.

Siguiendo por la tarde nuestra marcha por la línea de la costa por las playas de O Muiño y O Codesal, repletas de bañistas, pudimos contemplar cómo un devastador incendio arrasaba los montes  de Caminha, en la orilla portuguesa, con el fascinante espectáculo de una escuadra aérea descendiendo en vuelo rasante sobre el mar para tomar agua y perdiéndose entre la densa humareda, una y otra vez, infatigablemente, en un esfuerzo casi desesperado por dominar aquellas llamas que se resistían a desaparecer. Pasaban ya de las ocho de la tarde y daba la impresión de que tantas toneladas de agua vertidas sobre el fuego apenas si habían logrado extinguir algo relevante.

Un tanto agobiados por una estampa tan triste para los que amamos el monte y la naturaleza, llegamos a O Pasaxe y, abandonando la costa, nos desviamos hacia Salcidos hasta la casa de la Comunidad de Montes en cuyos aledaños se encontraba el punto de partida.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
24,760 Km. 7 h. 46 min. Media Soleado 

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Cabeiras

Mirenciñas es el encantador topónimo de una diminuta aldea que, perteneciente al municipio de As Neves, fue el punto de partida de nuestra ruta de hoy. Está situada  a un par de kilómetros del inicio de O Camiño dos Frades, histórico itinerario por el que la reina Isabel de Portugal se dirigía a la Virgen de A Franqueira camino de su peregrinación a Compostela.

En este martes hemos recorrido parte del citado Camiño para desviarnos en el lugar de Rubial en dirección nordeste, después de pasar por santuario de Santa Marta de Ribarteme famoso por su procesión de mortajas vivientes cuya celebración tiene lugar e l29 de julio.

Desde Mirenciñas hasta la ermita de San Fins, en la parroquia de Cabeiras, todo es subida, una larga ascensión sin apenas sombra que en este día de finales de agosto, con el ardiente Febo allá arriba tratando de calentar nuestras cabezas, fue aliviada por una persistente y refrescante brisa.

Es un paisaje de monte raso, apenas con unos pinos aquí y allá y los modernos molinos de viento, que en vez de moler producen energía, con su sordo ronquido como música de fondo en este paisaje de cielo azul limpio y luminoso.

Desde la ermita de San Fins se divisa en esta mañana clara todo el valle de O Condado, la ribera portuguesa allende el Miño, los montes de A Paradanta en primera línea con la sierras de O Galiñeiro y O Vixiador al fondo. Una panorámica impresionante.

Un estupendo yantar a base de ensaladilla y costilla al horno regado con tinto de verano (vino de país y gaseosa) en O Mesón da Lamprea nos deja como nuevos para proseguir nuestra marcha durante unos 7 u 8 km., ahora siempre bajando entre pinares, viñedos y tierras de labor, hasta el punto de partida.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
25,20 Km. 7 h. 12 min. Media Soleado 

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Sombra agradecida

Los puentes del Lérez, su río y su entorno son viejos conocidos de Sendereando en cuyas páginas de pueden encontrar frecuentes referencias a estos parajes que por mucho que se visiten nunca decepcionan. Si es en época de lluvias, el río se nos presenta en toda su fuerza y esplendor, su cause rebosante, sus aguas rompiéndose en  la espuma de sus numerosas cascadas, deteniéndose en sus espléndidos remansos como brillantes espejos.

Si es en tiempo de estío, como ahora, con su caudal bajo mínimos, sus riberas  premian al caminante con el precioso regalo de  las fresca sombra de su frondoso bosque de ribera a base de castaños, robles, fresnos, abedules y otros caducifolios.

Salvo el corto tramo que separa el río Lérez, casi en su nacimiento, de A Ponte Vella de Andón que atraviesa una parte de la sierra del Candán a pleno sol, el resto de la ruta que hemos hecho sobre la publicada por jmgrande en wikiloc discurre a la sombra, lo cual es muy de agradecer en un día como éste en el que la temperatura anduvo por cerca de los 34 grados durante casi toda la jornada.

Partiendo de A Ponte do Crego seguimos hasta A Ponte Vella de Andón que queda cerca del monasterio de Santa María de Acibeiro, cuyo cenobio ha sido transformado en hotel manteniendo su hermosa iglesia como parroquia. Allí hacemos un alto en el camino para reponer fuerzas y continuar, casi todo el recorrido por senderos umbrío, hasta O Cachafeiro en donde nos espera una estimable richada de ternera, plato típico de esta zona que regada con tinto de verano, vino del país con gaseosa nos deja como nuevos.

Bajamos de nuevo al río hasta A Ponte Gomail y siempre bajo la apreciada sombra bien agradecida por estos caminantes en esta tarde de sol canicular, de puente en puente, interrumpida la marcha en la zona de recreo de Cotelo con un refrescante baño en las frescas aguas que nos ofrecía el idílico remanso del río, llegamos a A Ponte do Crego que fue donde iniciamos esta ruta, hermosa donde las haya.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
24,170 Km. 7 h. 20 min. Media Soleado 

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