Serra do Cando

Entre la Serra do Suído y la Serra do Candán se encuentra la do Cando que se extiende sobre los concellos pontevedreses de Cerdedo, Cotobade, Forcarei y A Lama. Andan por los 1000 m. las alturas del Monte Seixo, en la citada sierra, por donde discurre, en su mayor parte, la ruta que hemos realizado en este lunes.

Aunque estos parajes pertenecen a la red Natura 2000, estando catalogada la sierra como «Lugar de interés comunitario», no son carballos ni pinos los que configuran su horizonte sino casi una centena de autogeneradores que, robando al viento su energía, la almacenan en una fea caseta donde unos monstruosos transformadores la convierten en electricidad. En la base de estos modernos ingenios pacen tranquilamente los caballos garranos en otros tiempos tan útiles para el transporte y las labores del campo.

En esta época, casi a las puertas del verano, brotan en abundancia los asfódelos  o gamones cuyos rizomas gustan a los jabalíes, uno de los pocos animales que los comen, pues la mayoría los rechazan. Sus largas flores, blancas y acanaladas, adornan estas alturas solitarias.

Comenzamos la marcha en la aldea A Cavadosa, siendo la primera imagen con la que nos topamos la fervenza que forma en su bajada al valle O Rego do Porto dos Bois, para ir ganando altura hasta llegar al lugar en donde se eleva la ermita de Santa Mariña, acogotada entre los enormes mástiles de los molinos que no muelen sino giran y giran extendiendo su  ronco y monótono fungar  sobre el verde y amarillo del monte raso que configura estas alturas.

Así discurre una buena parte del recorrido de la mañana, por las pistas que dan servicio a la instalación, hasta que alcanzamos el lugar de Carballas, en la cabecera de la Ruta de Frei Sarmiento, una deliciosa senda por la que se baja entre la espesura de sus carballos milenarios  hasta los pequeños núcleos de Barro y Arén con sus hórreos, ermitas y casas de labranza, entre fincas  y pastizales que se extienden por las laderas que van a dar al río Do Castro, a los pies de Cerdedo, la capital del Concello que se eleva a la sombra de su monumental iglesia dedicada a San Juan Bautista.

Allí, en el restaurante O Meu Lar, ya conocido por los muchachos de Sendereando, se hace parada y fonda para reponer fuerzas.

Continúa la ruta de la tarde bajando por la calzada romana al singular paraje del puente y capilla de San Antón. Seguimos arriba hasta dar con las riberas del río Seixo, un frondoso camino cuya benéfica sombra nos ampara de los rigores del sol cuyos rayos rayos intentan colarse por el espeso ramaje.

Bajan las aguas del Seixo alborotadas y pletóricas bajo pontellas y pontillones, por su accidentado cauce, casi animando a darnos un chapuzón en uno de sus remansos.

Aún luce el sol bien alto cuando nos desviamos del sendero fluvial para entrar de nuevo en A Cavadosa inicio y fin de la jornada.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
23,580 Km. 6 h. 52 min. Media Nubes y sol 

Para ver el mapa y más detalles de la ruta hacer clic con el ratón aquí.

Catoira

Hablar de Catoira es hablar de los vikingos y de la barca de piedra que remontando las aguas de la ría de Arousa llevaron por el Ulla los restos del apóstol hasta Iria Flavia.

Y es que aquí, en este pequeño municipio de la provincia dePontevedra, se fundieron hace más de un milenio las dos rutas europeas más transcendentales.

Parece ser que los normandos, alertados por  los tesoros que albergaban iglesias y castillos en el lejano sur, se aventuraron hasta estos lares arrasando a su paso todo lo que encontraban lo que dio lugar a la construcción del Castellum Honesti, las Torres de Oeste, de Catoira, que conmemora desde 1960 el desembarco del rey Ulfo con la celebración, en el mes de agosto, de su Romería vikinga, una de las fiestas más populares y divertidas de los gallegos.

Pues aquí, en pleno centro de Catoira, frente al histórico edificio de su Casa consistorial, hemos comenzado la ruta de este lunes abandonando el casco urbano para, en pocos minutos, vencer la cuesta que nos lleva al inicio del impresionante viaducto que cruza la desembocadura del río Ulla y desde allí a uno de los parajes más hermosos que se puedan imaginar, un cerro coronado por el muiño de vento de Pedra Miuda, de los pocos de esta clase que se ven en Galicia, cuyo enclave es un excelente mirador de la ría de Arousa  que se muestra ante nuestros ojos en todo su esplendor.

Seguimos por el monte entre preciosas veredas que la primavera, que pronto será verano, ha adornado   con el verde y el amarillo de la xesta, el rojo  brillante del milicroque y el fucsia del urce, los apelativos gallegos de la retama, el digital y el brezo.

De nuevo nos topamos con más muiños de vento en la localidad de Abalo  cuyos campos riegan O Rego do Souto da Vila y O Rego de Freixeiro, antaño muy feraces y cultivados y hoy prácticamente abandonados.

No tardamos en alcanzar la hermosa carballeira de San Cibrán de Dimo en donde cada junio se celebra una rústica romería con procesión misa y churrascada acompañada del indispensable pulpo a feira.

Dejando atrás tan pintoresco lugar, caminamos un rato por pistas forestales hasta toparnos con el precioso caminito que discurre por la orilla derecha de O Rego da Lagoa, un idílico paraje, cuyo frondoso bosque, de verde intenso, parece que nos envuelve entre el rumor de su fresca brisa y los trinos de las aves que, ocultas en su follaje, parecen expresar su alegría de vivir.

Casi de repente, pasamos del bosque a la villa frente a cuyo ayuntamiento se encuentra la Taberna vikinga en donde nos espera una reconfortante pitanza de la que damos cuenta durante un par de horas de animada y alegre conversación para reanudar la marcha en dirección a las famosas Torres de Oeste de las que hablamos al comienzo de esta crónica.

Son los vestigios de unas antiquísimas  fortificaciones que se elevan a la orilla del río Ulla en su confluencia con la ría en cuyas aguas se balancean perezosamente dos de las embarcaciones wikingas, drakkar de Catoira, en espera de la próxima romería que será la número 56.

Desde ahí quedan un par de kilómetros que recorremos a lo largo de la estupenda pasarela de madera que nos lleva bordeando la costa hasta el punto de inicio de la ruta.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
25,430 Km. 6 h. 40 min. Baja Nublado 

Para ver el mapa y más detalles de la ruta hacer clic con el ratón aquí.

¡Había que celebrarlo!

Lo de las 500 entradas, 500 rutas, etc. de la semana pasada no nos dejó indiferentes. Los de los lunes de Sendereando decidimos que no podíamos dejar pasar tal efemérides sin pena ni gloria, así que se nos ocurrió organizar para este lunes una ruta especial por los aledaños de Panxón, la preciosa localidad marinera del municipio de Nigrán, completada con una celebración lúdico- musical-gastronómica en la que manifestáramos nuestro goce por haber llegado hasta aquí, la alegría de hacer lo que nos gusta, el placer de vivirlo juntos y la esperanza de seguir haciéndolo durante mucho tiempo.

De la ruta no hay mucho que decir porque ya la hemos hecho varias veces siendo la última en el pasado setiembre bajo el título de Por el río Muiños hasta Monteferro.

Por la mañana, un paseo por el río Muiños hasta la Senda dos Matos  y por la tarde una visita a los pinares de Monteferro bordeando la costa con sus preciosas vistas de la ensenada de Baiona con las islas Estelas y las Cíes tan nítidas y tan cerca que da la impresión de que las podamos tocar con nuestros bastones.

Entremedias, gran cuchipanda a base de la exquisita  empanada de bacalao de la panadería Valverde, chuletones a la parrilla preparados por el maestro Torres, vinos blancos y tintos de las más acreditadas bodegas, deliciosa tarta de queso, especialidad de Bea, esposa del que suscribe y estupendo puding que nos trajo nuestra querida compañera de fatigas, Carmen, en una brevísima visita que nos hizo para acompañarnos en tan gozosa ocasión.

Tanto durante los prolegómenos de la juntanza como después en la sobremesa, el trío formado por el acordeón de Dietmar, la guitarra de Antonio y el laúd de José, acompañado de las voces más o menos afinadas de los presentes, amenizó la reunión.

Brindamos todos porque las 500 se conviertan en mil, que más no pedimos y, rematado el convite, reanudamos la marcha hacia Monteferro con la intención, entre otras cosas, de rebajar un poco del exceso de calorías que nos habíamos metido al coleto.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
26,350 Km. 7 h. 35 min. Fácil Sol y nubes

Para ver el mapa y más detalles de la ruta hacer clic con el ratón aquí.

500 entradas, 500 rutas, 500 historias

Hay adjetivos emblemáticos, mágicos, míticos, todos esdrújulos,  para una  palabra llana como es centenario y sus múltiplos, porque  el número cien expresa el comienzo o el fin de una etapa de algo que comenzó o terminó en un momento dado, conmemorándose así los grandes hitos de la historia de la humanidad y también los pequeñitos de nuestra historia particular.

Y uno de estos últimos es que con esta entrada de Sendereando se cumplen las primeras 500 de este boletín en el que semana  a semana, desde hace más de  diez años ,venimos  relatando las peripecias de este grupo de caminantes cuyos orígenes se remontan a los años ochenta del pasado siglo cuando nuestro inolvidable fundador y guía Adrián inició las caminatas de este grupo por los montes y valles que nos rodean.

Aquellos versos de  Neruda de  uno de sus poemas más conocidos que  dicen  «Nosotros los de entonces ya no somos los mismos…» no se pueden aplicar a los que al cabo de tantos años seguimos sendereando como la misma ilusión  y cariño por la naturaleza que nos inculcó Adrián y que así seguiremos mientras el cuerpo aguante.

En este lunes nos hemos paseado por las llanuras de Pinzás, una parroquia de Gondomar, en la que abundan los pinares y pequeños bosques de castaños a lo largo y ancho de una planicie de las que se ven pocas en  la accidentada geografía de esta comarca.

Con la colosal joroba de A  Groba como telón de fondo llegamos al lugar de Portavedra y, ya en tierras de Tomiño, alcanzamos el río Pequeno en un hermoso paraje con cascada y cascadita en un entorno de rocas cubiertas por el musgo que los las años y la humedad han convertido en un verde tapiz.

Por pistas forestales y algún que otro carreiriño abandonamos el monte para descender al hermoso y feraz valle de Tebra. Allí, en la amplia plaza de la iglesia, nos espera el Restaurante Las Colinas con un menú a base de marisco, pescado y carne, rematado con apetitosos postres que por un módico precio nos deja tan satisfechos y animados que acometemos los 7 Km. que nos quedan de caminata, siempre monte arriba, como si en vez del final fuese el comienzo de la jornada.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
25,200 Km.  6 h. 31 min. Media Soleado 

Para ver el mapa y más detalles de la ruta hacer clic con el ratón aquí.

Agua de mayo

Agua de mayo, pan para todo el año, es un refrán que proviene del mundo del campo. Abril y mayo son meses en los que la lluvia es fundamental para que los cereales y los árboles frutales florezcan con su mayor esplendor. Si hay suficiente lluvia en esos meses, normalmente se asegura una buena cosecha. Más tarde, por el calor, la lluvia es dañina.

Pues en esta jornada que era el segundo lunes de mayo tuvimos agua todo el día y en abundancia, así que ya pueden estar satisfechas las gentes del rural. Nosotros la hemos soportado con paciencia y hasta con agrado ya que la lluvia, aunque pertinaz, si no va acompañada de viento, en estos días luminosos de la primavera ya avanzada hace brillar la hierba en las praderas y en las hojas de los árboles en los bosques y en las riberas de los ríos.

Y de eso hubo de sobra en nuestra caminata que en su mayor parte discurrió a lo largo de los ríos Valderías y Cubelo a su paso por las tierras del municipio orensano de Avión.

Iniciamos la ruta en la casa rural de Valderías, a la orilla del río, para continuar hasta el lugar de Baresmo en el que encontramos la primera eira comunitaria, un conjunto de hórreos alrededor de la era, un espacio empedrado de losas planas, en la que se realizaban las labores de trilla y recolección de las mieses que se almacenaban en los hórreos, también llamados canastros, cabaceiros, piornos, etc. En Portugal, espigueiros.

En nuestro recorrido hemos hallado varias de estas agrupaciones en sitios como A Aldea, Barroso y As Chariñas, entidades de población salpicadas a lo largo de los ríos Valderías y Cubelo.  Una característica interesante de los hórreos de esta comarca es que tienen la cubierta de piedra lo cual garantiza una larga vida a estas construcciones. También los hemos visto así en el municipio pontevedrés de Cotobade.

Chapoteando por caminos convertidos en arroyos y veigas inundadas hemos puesto a prueba la estanqueidad de nuestras botas, no siempre con resultados satisfactorios para todos, hasta que llegamos al restaurante de la casa Rural de Valderías en donde pudieron secarse calzados y otras prendas mientras disfrutábamos de un reconfortante caldo de navizas y otros platos del menú que nos dejaron en condiciones de rematar la jornada con un rodeo al embalse de Alvarellos en el río Avia y completar así el tercer bucle de esta interesante ruta.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
22,870 Km. 6 h. 32 min. Media Lluvia

Para ver el mapa y más detalles de la ruta hacer clic con el ratón aquí.