Vilarchán en invierno

La última vez que hicimos esta ruta fue en mayo de 2008, en un día típico de primavera soleado y con agradable temeperatura, bien distinto al de hoy, lluvioso, fresco y con niebla en los montes de Xesteira. Pero como compensación de las incomodidades que origina el mal tiempo tuvimos la oportunidad de contemplar al río Almofrey en toda su belleza, crecido como un torrente de fuerza y espuma, rompiendo con furia sobre las rocas que conforman su cauce, bajo un hermoso puente en un paraje sorprendente y encantador.

Unas fotografías dan fe del estado del río hoy y hace año y medio entre otros detalles curiosos que nos han llamado la atención  en nuestro recorrido.


Ahora en invierno y con tanta lluvia el Almofrey, tan manso en mayo del 2008, se precipita desbocado bajo el hermoso puente del s. XVI.


Es la primera vez que nos encontramos con unos de estos monumentos con iluminación automática. Encendida al amanecer y con luz natural cuando llega el día. No es un peto de ánimas como pudiera parecer sino un devoto homenaje a San Lorenzo, en la parroquia de Contixe.


En esta zona abundan los hórreos. Rara es la finca sin uno o dos. Nos llamaron la atención estos dos de pequeño tamaño. Uno rústico, de ruda cantería , y el otro de perfecto acabado.

Distancia Duración Dificultad Tiempo
Datos de la ruta 20 Km. 5 h. Media

Lluvia y sol

Nota: Para ampliar, hacer clic en las imágenes.

¡Ojo con el «vibram»!

En el ajuar senderístico, la pieza más importante es el calzado, o sea, las botas. Es lógico que si la actividad principal es la de andar, sean los pies los protagonistas absolutos. Caminar sobre terrenos pedregosos, empinadas cuestas, senderos que son verdaderos ríos en este lluvioso invierno, exige un calzado especialmente diseñado para este ejercicio. La botas deben adaptarse bien a la forma del pie, reforzando la puntera y  la parte del talón para evitar esguinces y torceduras y proteger el pie de piedras y otros obstáculos que con los que se tropieza a lo largo del camino.

En general, la mayoría de las botas  que se encuentran en el comercio cumplen con estos requisitos pero hay una parte muy importante de la bota que requiere una especial atención: la suela.

Dureza, resistencia y agarre son los tres requisitos que deben exigirse a esa parte de la bota. Dureza para reducir el impacto de las irregularidades del suelo, como piedras, guijarros, cantos rodados, palos, etc.  Resistencia que garantice una duración razonable y agarre que asegure su adherencia y evite los resbalones,  posibles causantes de lesiones que pueden llegar a ser importantes. Y aquí, en lo del agarre, viene a cuento lo del vibram.

El Vibram, acrónimo de Vitale Bramini, un escalador italiano de principios del siglo pasado, es un tratamiento que muchos fabricantes dan a la suela de sus botas para dotarlas  de un mejor agarre y así lo enfatizan en su publicidad. Seguramente que muchos de los que lean esto habrán visto su logotipo de grabado en color amarillo en el piso y en los bordes de sus botas.

Pues ahora viene la advertencia: ¡Ojo con el vibram! Si bien en terreno seco las suelas tratadas con vibram no resbalan, en tiempo húmedo son un peligro cierto cuando se camina sobre pisos mojados,  sobre todo si son materiales duros como piedras o losetas. Entre los componentes de nuestro grupo de senderismo hemos tenido pruebas más que suficicntes de  los resbalones que provocan las suelas tratadas con vibram.

Ayer mismo, sin ir más lejos, tanto mi amigo Eduardo como yo hemos sido víctimas de la facilidad resbalatoria de las botas tratadas con ese material. Yo salí indemne del accidente pero, en el caso de  mi amigo, la caída que le produjo el resbalón se saldó con una inflamación en el codo del tamaño de un huevo (una bursitis), acompañada de un fuerte dolor que resistió durante toda la jornada con su habitual entereza. Y menos mal que la mochila protegió su cadera,  que si no la cosa hubiera sido aún más grave.

Así que amigos senderistas, una vez más aviso: ¡Cuidado con el vibram! Al menos con el vibram de mis botas y de las de mis compañeros de afición que son con las hemos comprobado y sufrido sus efectos.


Piedras mojadas en la calzada medieval de Vilar do Mato, perfecto escenario para un resbalón casi inevitable si no se anda con mucho cuidado y se calzan botas con vibram. A la derecha, la suela con el logotipo de la  marca.

Nota: Para ampliar, hacer clic en las imágenes.

Por tierras de Coura VII: A Pia dos Quatro Abades

No lejos del centro urbano de Paredes de Coura, en el vecino Portugal, se encuentra la parroquia de Mozelos y en ésta, dominando el valle, el santuario de Nª Sª da Pena que es en donde comienza la ruta denominada A Pia dos Quatro Abades, por ser esta roca en donde se juntan los límites de Formariz, Mozelo, Ferreira y Padornelo. En nuestro país estos sitios suelen tener nombres como pedra do acordo o pedra do reparto.

A unos pocos metros se encuentra un vértice geodésico que señala la cumbre de este monte con 603 m. en el que abundan las formaciones rocosas con bloques graníticos de grandes dimensiones.

Descendemos por campos de cultivo, hasta el lugar de Venade en el que se puede admirar la hermosa Capela de Nª Sª da Conceiçao y seguimos hasta Porreiras donde se encuentra un interesante grupo de molinos de agua restaurados y en funcionamiento y una eira comunitaria en la que se conservan varios hórreos en buen estado.

Aquí, en Porreiras, junto a la capilla de El Pilar, pasa otra ruta llamada O Pastor, que se adentra en los montes cercanos para volver a este punto y reanudar la ruta anterior.

A causa de su deficiente señalización y de la niebla perdimos las marcas por lo que nos vimos obligados a emplear nuestro sentido de la orientación y conocimiento del terreno,  llegando sin problemas al punto de partida aunque con unos cuantos kilómetros más de los previstos.


La ruta parte del santuario de Nª Sª da Pena. A unos ciento de metros nos encontramos con el vértice geodésico de A Pia dos catro abades iluminado por las primeras luces del amanacer.


No es frecuente toparse son una estampa tan rústica como la de estas gallinas picoteando al pie de los piornos. A la derecha, la eira comunitaria de la parroquia de Porreiras.


Dos petos de ánimas muy parecidos a los que se encuentran en los caminos y encrucijadas gallegas.


Vista de Paredes de Coura y su entorno desde el santuario de Nª Sª da Pena y mapa de la ruta. El trazo  azul corresponde a los tramos de rutas  señalizadas y el amarillo al recorrido improvisado por nosotros debido a la ausencia de marcas y a la niebla.

Distancia Duración Dificultad Tiempo
Datos de la ruta 30 Km. 6 h. Media
        Nublado

Nota: Para ampliar, hacer clic en las imágenes.

En Ribadavia, inmersión total

Un grupo de amigos de la infancia,  de la quinta del 41, reencontrados hace cinco años bajo el nombre del Veterum Amicorum Coetus (Reunión de los viejos amigos),  hemos acudido a la llamada de José Sánchez, de hondas raíces en esta comarca y organizador de esta visita.

En esta ocasión el senderismo rural, que es el habitual en nosotros, ha sido sustituído por una extensa e interesante caminata urbana guiados por el director de la oficina de turismo de Ribadavia, Antonio Míguez, conocedor en profundidad de la historia de este antiguo condado, que con su verbo fácil, ameno y erudito nos ha sumergido en el apasionante pasado de la capital del Ribeiro.

Desde la Plaza Mayor, que es donde está ubicada la oficina de turismo, hemos recorrido y conocido  el barrio judío de cuyos primeros habitantes hay noticia ya en el S. XI, la iglesia de la Magdalena, Casa de la Inquisición, el Museo etnológico instalado en el impresionante Pazo de los Bahamonde y otros muchos lugares plenos de encanto y de historia.

La lluvia, que es arte en Compostela, hace brillar aquí las viejas calzadas de piedra y realza la belleza de pazos, iglesias y viviendas en el silencio de esta mañana de otoño en la que parece haberse detenido el tiempo.

Como obligada visita, hemos degustado los dulces hebreos de la Tafona de Heminia y escanciado,  en la  vieja taberna de O Papuxa,  una tazas de los deliciosos caldos del Ribeiro, en régimen de autoservicio,  que allí cada uno se sirve lo que quiera y paga  según su conciencia, acompañados del chorizo y jamón del país, todo como aperitivo del enxebre banquete que nos esperaba en el Caracas a base de anguilas, callos, pulpo y tetilla con dulce de membrillo.

No era cuestión de regresar sin más después de semejante homenaje, así que nos fuimos a hasta San Cibrao de Las en donde admiramos boquiabiertos el enorme castro también conocido como A cidade.

Ya oscurecía, mientras recorríamos este interesantísimo yacimiento, con su triple muralla, sus casas, algibes, almacenes y calles, por lo que decidimos emprender el viaje de regreso hasta Vigo donde nos recibió, ya entrada la noche, un impresionante diluvio.

No tardaremos en volver por estas tierras, pues queremos llevar a nuestros colegas a lo alto de Pena Corneira, para que disfruten como lo hemos hecho nosotros en nuestra marcha del martes pasado.


En la Plaza Mayor, esperando por el resto. La oficina de turismo, inicio de la ruta.


Foto de familia en la taberna de O Papuxa.


Desde San Cibrao de Las, ya de oscurecida, emprendemos el regreso.

Nota: Para ampliar, hacer clic en las imágenes.

«Pena Corneira» en otoño

Era pleno verano cuando en junio de 2007 subimos hasta el Monumento natural, que así ha sido catalogado recientemente, de Pena Corneira, siguiendo la ruta del PRG-78 de la que dimos cuenta en Sendereando por aquellas fechas.

Hoy, ya a punto de finalizar el otoño, hemos vuelto allí encontrándonos con un  paisaje distinto que el otoño ha  decorado con su paleta de colores ocres y amarillos. El  suave orballo hace brillar las piedras del camino y la fina niebla difunde las formas insinuando la presencia de los árboles, plantas y rocas que conforman un paisaje típicamente gallego, enchido de silencio, recogimiento y morriña.

A menos de 1 Km. de Leiro, en Lebosende, el sendero se bifurca hacia el este camino de Pazos de Arenteiro y hacia el oeste en dirección a Pena Corneira. Este último, muy bien señalizado, permite efectuar el recorrido completo sin más difilcultad  que la que supone el continuo ascenso hasta la roca que se encuentra a casi 700 m. de altitud.

La ruta discurre casi en su totalidad por antiguos caminos de carro, entre carballeiras, castaños y enormes rocas que son como la antesala de la gran piedra que nos espera al final del recorrido.


El sendero se inicia en Leiro y continúa por el viejo y rehabilitado camino real que nos lleva hasta Lebosende, desde donde se pueden comtemplar los viñedos del ribeiro con la población de Leiro al fondo.


Últimas casas de Lebosende, ya en plena subida al parque natural de Pena Corneira. Un poco más arriba, junto a la carretera, esta curiosa fachada de una antigua fábrica de chocolate.


El otoño alfombra los caminos con las hojas de los caducifolios muy abundantes aquí y la niebla tiñe de misterio el ascenso a la enorme roca.


Grandes piedras  jalonan el camino de subida a la Pena Corneira que se yergue como un inmenso cuerno señoreando el valle.

border=»0″ cellspacing=»0″ cellpadding=»1″ bgcolor=»#ffd966″>

Distancia Duración Dificultad Tiempo Datos de la ruta 19 Km. 5 h. Media Lluvia

Nota: Para ampliar, hacer clic en las imágenes.