El Toxa en concierto

Con frecuencia la naturaleza recuerda a una orquesta sinfónica con sus músicos y solistas. Los trinos de los pájaros, cada uno con su melodía, el susurro de brisa a través de la arboleda, el murmullo de las aguas que fluyen en tantos ríos y riachuelos, acequias y «levadas» que surcan los montes y valles de nuestro país, los mil y uno rumores del bosque…

En una mañana como esta de primeros de noviembre, serena y plácida, destaca  en esa sonora sinfonía el solo que interpreta cual redoble de timbales la impresionante cascada del río Toxa cuando, desde la altura, entrega sus aguas a la tranquila corriente del señor de estas tierras, el río Deza.

No es la primera vez que nos acercamos a estos pagos cuyos protagonistas son el Monasterio de Carboeiro y la Fervenza do Toxa, pero en esta ocasión lo hacemos con una especial razón y es que, después de las abundantes lluvias de estos días, sabíamos que la fervenza luciría en toda su plenitud y así fue. El río Toxa se precipita desde allá arriba no como la suave cola de caballo que estamos acostumbrados a contemplar  cuando el río va con su caudal de tiempo seco sino como un como un chorro de blanca espuma que,  en vez de fuego, brotase de las fauces de un dragón.

Iniciamos la marcha  en lo que queda del Monasterio de Carboeiro, ahora restaurado, situado en un bellísimo paraje a las orillas del Deza para llegar entre verdes praderas, pues son estas tierras de gran actividad ganadera y frondosos bosques de castaños, robles y alcornoques hasta el mirador de la fervenza  en la cabecera de la cascada y desde donde se puede bajar hasta el fondo  la pista que conduce al  pequeño parque situado en la base.  Desde allí, un estrecho y accidentado sendero nos lleva hasta el puente de hierro que atraviesa  el  río Deza y un poco más adelante, llegados a los lindes de Merza, torcemos a la derecha para detenernos en el lugar de Reboredo en donde se encuentra el restaurante O Refuxio. Tras una agradable comida y después de animada sobremesa emprendemos el regreso hacia el punto de partida que no está a más de 3 Km. vadeando el río a través del viejo Ponte do Demo (s. X) muy cerca ya del monasterio.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
15,860 Km. 5 h. 10 min. Fácil Nublado 

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Contra viento y marea

Contra viento y marea: Dícese de cuando, a pesar de las dificultades, se sigue adelante.

Soplaba un fuerte viento en Cabo Home acompañado de rachas de lluvia que hacía inútiles los paraguas. Alguien sugirió dar marcha atrás y cambiar de rumbo hacia parajes más protegidos pero nuestra idea era la de pasar por los tres faros que jalonan A Costa da Vela por lo que decidimos seguir adelante por la ruta prevista.

Abordamos en primer lugar el faro de Cabo Home situado en un recio acantilado en el que rompen las olas con furor bañando de blanca espuma las oscuras rocas. No lejos, un poco al sur, se alza el de Punta Robaleira una coqueta construcción atachada y redonda que mira de frente a las Islas Cíes. Desde allí, dejándolo a nuestras espaldas, nos dirigimos al tercero de estos vigías del mar, el que está en Punta Subrido, a cuyos pies se extiende la hermosa playa de Melide rodeada de frondosos pinares en uno de los cuales nos detenemos para dar cuenta de un breve refrigerio.

Seguimos nuestra marcha hacia del extenso areal de la playa de Barra, paraíso de nudistas cuando el tiempo lo permite, o sea en los meses de verano, para adentrarnos en el GR 59 o lo que queda de él, antes O Sendeiro Ecolóxico do Morrazo, preciosa ruta hoy prácticamente abandonada por los que tienen la responsabilidad de cuidarla.

Salimos de los arenales para cambiar de rumbo por los viejos caminos empedrados que nos llevan hasta el Mirador de Hío,  fuera de servicio debido a que no hay nada que mirar en esta mañana lluviosa y enturbiada por la niebla.

Como es habitual siempre que los de Senderando recorremos estos parajes, nos dirigimos al restaurante Cabo Home en donde nos espera una sustanciosa cuchipanda a base de bruños, navajas, pulpo y otras delicias, todo regado con vinos mencía y albariño, rematando esta grata convivencia con un repaso al folclore del país acompañados por la armónica/guitarra de Xavier y el laúd de José.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
13,840 Km. 3 h. 30min. Fácil Lluvia 

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El agua enfurecida

En esta ocasión los metereólogos no se equivocaron. Llovió durante toda la noche y lo seguía haciendo cuando, a las nueve de la mañana, nos reunimos el minimum minimorum de los senderistas de la caminata sabatina, es decir, tres, Jaime Eduardo y el que suscribe.

Dado lo reducido del grupo y visto que amenazaba una mañana lluviosa, decidimos acercarnos al vecino monte Galiñeiro para iniciar, en el parque forestal de Zamáns, nuestra marcha hasta la Virgen de las Nieves, cota bien conocida por los amigos de Sendereando, conducidos esta vez por nuestro veterano Eduardo que conoce estos parajes al dedillo.

En esta mañana tan lluviosa, a veces también con niebla, y en este monte del Galiñeiro surcado por innumerables pistas, caminos y senderos, entre pinares y bosques de castaños, solamente con una cabeza bien amueblada como la de nuestro amigo que posee una memoria fotográfica envidiable es posible no perderse a menos que se disponga de un aparato GPS con la ruta previamente grabada lo cual no fue necesario en esta ocasión.

Resultó ser una buena idea la decisión de caminar hoy por estos parajes hace un par de meses polvorientos por la pertinaz sequía que duró hasta hace pocas semanas, porque aquella estampa desoladora que presentaban los riachuelos casi secos, con un tenue hilillo de agua bajando tímidamente por sus cauces se trocó ahora en espectaculares torrenteras y cascadas, por las que se precipitan miles de toneladas de agua enfurecida, alborotada y hasta peligrosa para quien caiga en su alocada carrera monte abajo.

Nos costó una buena mojadura pero valió la pena, ciertamente, por el hermoso espectáculo que nos ofreció la naturaleza en esta mañana lluviosa de principios de noviembre.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
12 Km. 3 h. Fácil Lluvia 

Castrove, Armenteira, Río da Chanca

Los expertos meteorólogos de las cadenas televisivas anunciaban lluvias abundantes ilustrando sus pronósticos con negras nubes de las que se desprendían fuertes chaparrones. Pues nada de eso ocurrió en este espléndido lunes de otoño en el que entre nubes y claros caminamos por las pistas del monte Castrove, alfombradas con la hojarasca ocre y amarilla de los caducifolios en los escasos sitios donde los hay, que por desgracia son pocos, a causa de los incendios que han arrasado buena parte de su superficie invadida además por los nefandos eucaliptos que surgen por doquier.

Saliendo del lugar de Valboa atravesamos parte del Castrove para bajar, siguiendo la corriente del río Armenteira, hasta el lugar del mismo nombre archiconocido en nuestro país por su monasterio y su leyenda de Don Ero. Una vez más hacemos la inexcusable visita al cenobio no sin antes sorprendernos con la construcción, prácticamente terminada, de una Pousada do Salnés, establecimiento hotelero más parecido a un cenotafio o tanatorio pues más se asemeja a un monumento funerario que a un establecimiento de ese gremio que además, según nuestro criterio, desentona con su entorno. Algo más de dos millones y medio de euros se ha gastado el FEDER y la Diputación para dotar a la rural Armenteira con semejante adefesio.

Seguimos hasta Meaño en donde nos espera en casa Rodiño un apetecible menú regado con unas botellas de Viña Salceda, un crianza riojano invitación de nuestro amigo y compañero de fatigas José Luís para celebrar su cumpleaños, pocos aún comparados con los del que esto escribe quien le desea que siga sendereando durante muchos más.

Entre verdes prados y extensos viñedos en los que quedan aún restos de racimos de la reciente vendimia, llegamos a la senda del Río da Chanca, un bonito paseo muy bien acondicionado con alumbrado, pasarelas y varios molinos restaurados, por el que llegamos de nuevo a la aldea de Valboa, inicio y fin de esta caminata.

La isla de La Toja en la ría de Arousa

La isla de La Toja en la ría de Arousa

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
20,700 Km. 6 h. 21 min. Fácil Nublado 

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Tiempo de castañas

Avanzado el otoño, ya rondando el día de difuntos, el ahora reivindicado samaín de los celtas ante la avalancha del haloween americano que ya tiene su versión local en el jalopín de  la vecina villa de Ponteareas, llegan las castañas. Por eso en este sábado nos hemos desplazada hasta la famosa Carballeira de Xan Xusto, en los aledaños del río Lérez, en cuyas riberas abundan los los castaños.

Comenzado la ruta del PRG 29 en lo que queda del antiguo balneario rural de San Xusto cuya fuente de  salutíferas aguas sulfurosas sigue manando, emprendemos la marcha por este sendero que discurre en sus primeros tramos por la orilla izquierda del río Lérez. A pesar de las marcas y el GPS se nos hace difícil dar con el camino por lo abandonado que está este sendero. Después de dar unas cuantas vueltas encontramos el «carreiriño» que, monte arriba, nos lleva a la zona de castaños en la que los que nos han  precedido ya han dado buena cuenta del erizado fruto, pues apenas queda para llenar un par de bolsas.

De todas maneras esa pequeña decepción queda compensada por la extraordinaria hermosura de estos parajes en los que, acompañados por el rumor de las aguas del Lérez que corren allá abajo, caminamos entre la frondosa floresta de ribera, añosos troncos tapiados de musgo, pequeñas cascadas, menudos arroyos que de precipitan juguetones hacia el río grande y cuyo paso nos obliga a efectuar verdaderas piruetas.

A un enorme tronco tendido sobre en el estrecho caminito por el que hemos de pasar le sale un cuerno, resultado de  una rama desgajada quizá por una borrasca, con el que nuestro querido Eduardo, con su andar decidido y brioso , tropieza siendo tal el dolor que se ve obligado a caminar casi cojeando soportándolo con entereza durante toda la jornada. En fin, gajes del oficio, de este oficio de senderear que, aunque nos da muchas satisfacciones, también esconde sus riesgos.

Regresamos al río Lérez atravesando el  puente romano que, a lo largo de una calzada también romana, nos lleva hasta la cercana aldea de Fentáns conocida por los varios enclaves en los que se han descubierto varias estaciones de petroglifos ahora en un estado de lamentable abandono. Casi tocando con esta zona está la estación arqueológica de Campo Lameiro que ha sido restaurada recientemente siendo muy recomendable su visita.

Paramos en la ermita de Sª Mª de Lixó para reponer fuerzas y continuamos a través de un tramo de unos 2 Km. casi impracticable, debido la maleza que ha invadido el sendero, en algunos sitios  tojo cuya altura y espesor ralentiza la marcha de manera insufrible obligándonos a desbrozar el camino con nuestros palos y bastones.

Habiendo salido casi de milagro de tan incómoda espesura, regresamos a la calzada romana y volvemos por el mismo tramo de venida renunciando, dada la hora,  a completar el bucle del PRG 29.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
7,270 Km. 3 h. 17 min. Media Nublado 

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