Entre rectorales

Casa rectoral, casa del cura, casa parroquial o rectoría. Todos estos nombres reciben las viviendas en las que reside o residía el cura de la parroquia, generalmente anexas o muy cerca del templo. Muchas de estas casas son construcciones de gran valor artístico y están abandonadas, casi en ruinas o convertidas en establecimientos de hostelería. Los párrocos de hoy no pueden habitar construcciones tan grandes ni pueden atender una sola parroquia así que la mayoría viven en residencias o pisos urbanos.

En el municipio de Covelo, a poco menos de una hora de Vigo, se encuentra una de estas casas monumentales, la rectoral de San Martiño de Barcia de Mera y a unos pocos kilómetros más la rectoral de Fofe. Entre una y otra ha transcurrido la caminata de este lunes.

Comenzamos la ruta en la parroquia covelense de Maceira, junto a la iglesia de San Salvador cuyo conjunto se completa con un hermoso cruceiro y un peto de ánimas. Bajo un suave orballo nos metemos por un estrecho carreiriño casi oculto entre la alta hierba que empapa las botas en estas primeras horas de la mañana. Baja el sendero hasta la orilla del río Tea, con su playa fluvial, sus pozas y su viejo muiño restaurado además de un camping, restaurante y demás instalaciones propias de un sitio así.

Pero nosotros seguimos por la margen izquierda del río entre fincas y carballeiras hasta que damos con los pasos de Lourido sobre el Tea los cuales vadeamos con cuidado sobre las resbaladizas poldras para seguir hasta la ermita de San José y la antigua escuela en cuyo entorno paramos para tomar un pequeño refrigerio después de estos primeros ocho kilómetros de caminata.

No tardamos en alcanzar el caso urbano de Barcia de Mera en cuyos alrededores se encuentra el Conjunto Abacial de San Martiño del que forma parte su monumental  y austera Casa Rectoral con su pórtico de estilo barroco repleto de detalles con influencia de culturas precolombinas

Dejando atrás el extraordinario conjunto seguimos por la pista que corre por encima de las fincas que baña el río Alén para dar con la pista paralela al Tea. No vemos el río que va encajonado allá abajo pero si nos acompaña el rumor de su corriente. Es un recorrido cómodo sin los altibajos del camino que va más hondo por el Buraco de Redondo y otros recónditos parajes más asilvestrados que conocemos de otras jornadas.

Como en los pasos de Lourido hemos pasado a la otra orilla del río, nos encontramos de nuevo con la playa fluvial e Maceira pero ahora en el hermoso paraje antes citado en donde se halan el camping, muiño, pozas, etc.

Ya van allá más de 15 km. y aún nos quedan cinco o seis para llegar hasta la Rectoral de Fofe esta vez todo por asfalto. La rectoral no tiene el empaque monumental de San Martiño pero es una casona de gran porte hoy dedicada al turismo rural en donde nos tienen preparado un estupendo menú  con jarrete de ternera estofado como plato principal que será acompañado de un buen albariño y un rico Ribera del Duero invitación de nuestro andarín Juan que celebra así su pasado cumpleaños surgido en pleno confinamiento.

Después de una larga y agradable sobremesa emprendemos el regreso por el denominado Sendero dos Carranos que nos lleva  por preciosos parajes hasta el aserradero  construido en 1922. Muestra en un lateral la noria que aún mueve su maquinaria, impulsada por el agua del regato de Vixiáns. En él, antaño se hacían carros, de ahí su nombre, y tenía secadero y almacén de madera, así como una pequeña forja para elaborar los herrajes con los que calzar las ruedas de los carros.

Ya estamos de nuevo en la parroquia de Maceira a cuya iglesia no tardamos en llegar finalizando así esta intensa  y gozosa jornada de  senderismo en el mismo punto en el que la iniciamos.

 

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
22,910 Km. 6 h. 52 min. Media Nublado 

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La isla de la mar serena

La mar estaba serena
serena estaba la mar

(Vieja canción infantil)

No es la primera vez y no será la última que venimos a caminar por el perímetro de esta preciosa isla que es A Illa de Arousa, el único municipio insular del país gallego. Hasta el año 85 del siglo pasado en que se construyó el puente que lo une al continente, a la isla solamente podía accederse por barco. Ello supuso un notable cambio en su fisonomía. El negocio del turismo creció exponencialmente y con ello los bloques de viviendas, nuevo urbanismo, más asfalto y más riqueza.

A pesar de todo eso, el paseo  bordeando la costa es un regalo para los sentidos. Alternando la fina arena de sus playas, con las enormes lajas, umbríos pinares y verdes humedales, siempre rodeado de la límpida lámina de su mar azul disfrutamos de su maravilloso entorno.

Llegados a la ensenada de A Brava, frente al parque do Carreirón, nos topamos con la desagradable sorpresa de que la finca en la que se encuentra el muiño de mareas de As Aceñas está cerrada al público por lo que no nos es posible visitar tan interesante paraje.

Seguimos bordeando la isla entre playas y ensenadas hasta llegar al muelle de Pau, ya en el casco urbano, en donde nos sorprende la bonita estampa de los lugareños formando una larga fila para limpiar la playa de algas y  proteger así la cría de la almeja que  moriría asfixiada bajo su peso.

No tardamos en dar con el Faro de Punta do Cabalo situado en un saliente del mar, en un lugar de  gran belleza , hoy restaurante y hasta los primeros años del pasado siglo guía de los pescadores que faenaban las aguas de la ría. Pasamos a continuación por las playas de Sualaxe y de Area da Secada  no lejos del puerto de Xufre, el más importante de la isla dedicado especialmente a la captura de navajas, pulpo, almejas y camarón.

Allí se concentra la mayor actividad del municipio tanto turística como pesquera, tiendas y restaurantes entre los que se encuentra A Meca en donde somos atendidos estupendamente con unos mejillones a la vinagreta y un arroz de calamares regado con albariño y ribera de Duero obsequio de nuestro entrañaba Manolo con el que así celebramos  su cumpleaños pasado en el reciente confinamiento.

Felices tras tan agradable condumio reanudamos la marcha y seguimos por las playas de Riasón y Tarais entre otras para llegar a la de O Vao que es donde iniciamos y finalizamos esta preciosa caminata, la primera después de decretado el estado de alarma que ahora, en la fase III, nos permite reanudar esta saludable y gratificante afición de senderear.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
21,740 Km. 6 h. 10 min. Baja Sol y nubes 

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Caminatas en la franja: La última

Y en plena desescalada la fase II nos permite senderear en compañía por lo que este jueves me ha acompañado nuestra querida Elvira, una de las entrañables y esforzadas andarinas de la Caminata Sabatina y de Los Lunes al Sol que, desde el próximo sábado ya sin franjas horarias, reanudarán las caminatas que habían sido interrumpidas el día que se proclamó el estado de alarma.

Nos hemos desplazado hasta el merendero de San José de Prado, en los aledaños del monte Galiñeiro, iniciando la ruta por el camino prácticamente oculto por la maleza que discurre paralelo al regato de Morgadáns durante medio kilómetro para acometer la pista forestal que, entre pinares y algunas fincas, nos llevan a la localidad de Vilas, un pacífico lugar silencioso y recóndito en el que a estas horas de la mañana no se ve un alma, como si todo el mundo estuviese durmiendo o ausente.

Pasado Vilas, atravesamos el pinar que rodea la aldea para seguir por caminos de tierra en monte pelado entre rocas y retoños de eucaliptos que han surgido por doquier después de los pavorosos incendios que asolaron esta sierra del Galiñeiro.

No tardamos en alcanzar O Chan de Valverde, una amplia extensión de terreno llano en la que se encuentra el Conjunto arqueológico de Auga da Laxe con varias mámoas y petroglifos llamados dos Bermús apenas reconocibles sobre esas grandes rocas solitarias en un paraje que fue arrasado por el fuego. Desde una pequeña elevación se puede contemplar una hermosa panorámica de mar y monte que abarca desde Baiona hasta la ría de Vigo, pasando por los montes Coruxo, Saiáns, Alba y Cepudo.

Rodeando la cima del Galiñeiro, ya encaminados por el PRG 2 que va  al monte Aloia, dejando el monte dos Arruídos a nuestra derecha, llegamos a los hermosos pinares de San José de Prado, el lugar en el que iniciamos y finalizamos esta pequeña ruta que recomendamos hacer en tiempo nublado ya que por tanto monte raso el sol aprieta y hace la andadura fatigosa.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
9,740 Km. 2 h. 30 min. Baja Nublado 

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Caminatas en la franja: Trasmañó-Rego Fondón

Ya en la segunda fase del estado de alarma parece que la cosa se relaja un poco más. El tráfico rodado se ha incrementado y con ello el ruido en la calle y las terrazas de los bares a tope.

La paz, y el silencio, de los días del confinamiento vuelven a ser patrimonio de los bosques y ríos que nos rodean no muy lejos de la vida urbana.

La ruta de hoy es un clásico para los senderistas que deambulan por los los aledaños de esta ciudad. Muy cerca del puente de Rande, uno de los iconos de la urbe viguesa, se encuentra la pequeña parroquia redondelana de San Vicente de Trasmañó.

Comienza la ruta en la explanada en la que se encuentra la iglesia parroquial y el cementerio vecinos del monasterio benedictino construido en ladrillo rojo en 1984 para las monjas que se instalaron aquí cuando se trasladaron del Convento de San Benito de la Transfiguración del Señor de A Guarda, hoy transformado en hotel.

Es este sitio un mirador de la ría desde donde se contempla la majestuosa estampa del puente de Rande y de la la bahía de Vigo. Como éste, existen en los montes que rodean la parroquia numerosas atalayas desde las que se pueden disfrutar de maravillosas vistas de la ensenada de San Simón y de la ría.

Dejamos atrás el monasterio para ascender por los estrechos peldaños de una empinada escalera a la parte alta de la parroquia abandonando sus últimas casas para adentrarnos en el monte, casi siempre a la sombra de pinos y eucaliptos. Después de unos 3 Km. por los alrededores del Monte Penide nos topamos con la gran roca del Chan da Cruz, uno  de los numerosos yacimientos existentes en en esta zona en forma de mámoas, dólmenes y petroglifos. En este caso lo de Chan da Cruz se debe a que en la roca, junto a los petroglifos, han grabado una cruz para cristianizar el lugar.

Un par de Km. más entre los pinares del monte Penide y damos con otro conocido monumento funerario de nuestros antepasados, el  dolmen o “mámoa do Rei”. Estos monumentos se llaman así porque estaban cubiertos de tierra formando un montículo en forma de mama. El conjunto de grandes piedras colocadas en círculo estaba cubierto por una gran piedra a guisa de techo que en este caso ha desaparecido.

Sigue la ruta entre pinos y pastizales hasta que nos cruzamos con las primeras aguas del río Fondón que afloran sobre un extensa «chaira» o planicie entre pinares, no muy lejos del la pista forestal que hemos de cruzar para  adentrarnos en el monte y dar con la orilla derecha de O Rego Fondón que fluye entre entre la frondosa arboleda de sus riberas, jalonado por los restos de antiguos muiños y afeado por  negros tubos de plástico extendidos sobre su cauce, se supone para aprovechar sus aguas para alguna traída seguramente clandestina.

Aún así, el paisaje que ofrece el pequeño río entre el intenso verdor de la vegetación que lo rodea es precioso y hace que estos últimos tramos del recorrido constituyan un placer para los sentidos entre el frescor y el rumor de sus  cantarinas aguas bajo la sombra de su frondosa arboleda.

Otro par de kilómetros por tan hermosos parajes y dejamos el río en el puente que atraviesa O Camiño do Poste, ya muy cerca del punto de inicio en la iglesia de San Vicente de Trasmañó.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
8,850 Km. 2 h. 40 min. Baja Soleado 

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Caminatas en la franja: Gontade-Medoña

Aunque el verano no ha llegado puede decir que estamos en tiempo de canícula. Ya de buena mañana el intenso azul del cielo y la transparencia del aire, su quietud que mantiene las copas de la arboleda en un perfecto reposo son el indicio de un día caluroso. Por eso he escogido el corto pero agradable paseo que va, prácticamente siempre desde la fraga de Gontade hasta el parque forestal de Saiáns ambos muy cerca de la ciudad

La fraga de Gontade se encuentra al borde de la carretera de Camposancos al lado del restaurante O Coto desde donde parte el sendero que atraviesa una hermosa carballeira por donde pasa también un tramo del Camino de Santiago. El sendero discurre entre añosos eucaliptos que dan buena sombra y sigue entre pinares bordeando la carretera y el mar con las Islas Cies al fondo y la de Toralla más cerca exhibiendo su torre mamotreto, una de las aberraciones urbanísticas de los tiempos del ladrillo.

No se tarda en alcanzar al Alto da Medoña o Castro de Estea, un cerro a unos 150 m. sobre el nivel del mar pegadito a la carretera de Vigo-Baiona. Llaman la atención el gran foso que rodea el castro así como unos molinos naviculares, datados en la Edad de Bronce. Consisten en unas hendiduras en la roca en cuyo fondo se molía el grano a mano valiéndose de piedras redondas. También hay muiños  de aguade tiempos más modernos,  siglo XVII, que aprovechaba la corriente del río Estea que atraviesa la zona.

Todo este paraje está muy bien cuidado con abundancia de rótulos que explican los detalles de interés.

Sigue el camino por un sendero local señalizado en blanco y azul que va a dar al parque forestal de Saiáns,  una amplia zona de esparcimiento  con frondosa arboleda, mesas y asadores de piedra. Llegado hasta aquí y, dado que la hora aconseja regresar para no desviarse demasiado de la franja horario permitida, vuelvo por donde fui rematando este agradable y corto paseo.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
6,340 Km. 1 h. 50 min. Baja Soleado 

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