Al Oeste de Lalín

Lalín, uno de los municipios más extensos de Galicia, está situado en el centro del país, en el kilómetro cero, según reza un mojón que se eleva en el centro de la villa. Es una de las zonas agrícola-ganaderas más importantes de la provincia de Pontevedra y por ahí, por los campos y bosques que se extienden al este de la capital, se ha desarrollado la caminata de este lunes.

Partimos de la entrada al Pazo de Liñares, una señorial mansión de estilo barroco cuna del que fue insigne aviador Joaquín Loriga, conocido por haber realizado  en 1926 el vuelo Madrid-Manila en 17 etapas y 33 días.

A menos de tres kilómetros, recién iniciada la marcha, nos topamos con el hermoso puente romano sobre el Deza que da nombre a la población de Ponte Taboada y también a su restaurada estación ferroviaria no lejos del impresionante viaducto sobre el río.

Pasando al otro lado de la vía, sigue la ruta entre grandes extensiones dedicadas al cultivo de hierba y forraje. Abundan las instalaciones ganaderas y lecheras y es frecuente tropezarse con las enormes máquinas de segar y recolectar.

También discurre nuestro camino por frondosos bosques de robles y castaños cuyo fruto ya está en sazón, listo ya para la celebración de los tradicionales «magostos».

La marcha es fácil y tranquila, sin grandes desniveles, hasta alcanzar los aledaños de la A53, en las cercanías del Parque Empresarial Lalín 2000 en cuyas inmediaciones se encuentra el restaurante Onde Antonio en el que nos detenemos después de los primeros 20 Km. para disfrutar del esperado y necesario condumio. Contundente y abundante, nos deja preparados para encarar el resto de la ruta que enlaza con un tramo del Camino de Santiago, versión Vía de la Plata, para introducirnos de nuevo en los umbrosos bosques  y algún humilde riachuelo huérfano de agua hasta que la esperada lluvia termine con el largo estiaje de este año.

Dejamos atrás las carballeiras y castiñeiras para regresar a los campos abiertos de Bendoiro, Eirexe y Liñares, tres poblaciones vecinas cada una de las cuales cuenta con su pazo: el de Bendoiro convertido en hotel, el de Eirexe, una adusta casona solitaria y el de Liñares una elegante construcción llamada ahora Espazo Liñares de propiedad municipal.

Ahí, al lado del pazo, termina nuestra caminata.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
24.730 Km. 7 h. 00 min. Fácil Soleado 

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Altos de Domaio

Terminados los fuertes calores del estío, entramos en los templados días del otoño precursores de las duras jornadas del invierno. Para celebrarlo nos hemos acogido a la cálida hospitalidad  de Carmen y Antonio, dos de nuestros más veteranos y entusiastas andarines en cuya preciosa casa hemos disfrutado de un inolvidable banquete de cuya excelencia gastronómica y otros detalles hablaremos más tarde.

La caminata de este lunes se inicia en San Lourenzo, muy cerca de la vivienda de nuestros dos amigos, en los aledaños del campo de golf de Domaio, a los pies del monte Faro, un espléndido mirador de la ría de Vigo, viejo conocido de la tropa de Sendereando y de los innumerables visitantes que se acercan a esta atalaya hoy convertida en un complejo antenístico en cuya falda se encuentra la zona de esparcimiento de Chan  da Arquiña muy conocida también por el dolmen que preside todo el parque.

Antes de llegar hasta allí, hemos pasado por la aldea de Sobreira, una pequeña localidad que se encuentra en la ladera que mira a la ensenada de San Simón y en la que nos hemos encontrado con una sorprendente planta de tomates en forma de pera pendiendo de las ramas de un frondoso arbusto. Una simpática paisana nos explicó que eran dulces y muy apropiados para ensaladas. Seguimos caminando paralelos a la costa hasta llegar al Chan da Armada en cuyo centro se encuentra otro dolmen casi abandonado aunque no tanto como las mámoas cercanas que han sido engullidas por la maleza y que solamente expertos conocedores del lugar como nuestro colega Antón son capaces de identificar.

Cambiando la marcha en dirección oeste no tardamos en alcanzar otro parque forestal que alberga un curro, en donde se efectúa a rapa das bestas, un acontecimiento de honda tradición y que tiene lugar en los meses de verano en muchos de los montes gallegos. Un poco más de caminata monte arriba y llegamos al mencionado Chan da Arquiña desviándonos de nuevo hacia el este hasta llegar al Coto do Home, un balcón sobre la ensenada de San Simón que es también estación de parapente y desde donde se domina una inigualable panorámica que abarca desde las Salinas de Ulló, al fondo de la ensenada, hasta el puente de Rande  en el estrecho que la une a la bahía.

Ya en franca bajada hacia San Lourenzo bordeamos la hermosa y espectacular bahía de Vigo llegando en poco tiempo a la casa de nuestros amigos, después de haber agotado los primeros 20 Km. de la jornada. Empanadas de bacalao y zamburiñas, revuelto de setas, estofado de cordero acompañado de unos señores cachelos, tartas de higo y maracuyá, albariños y riojas, licores, caipiriña, cánticos da terriña y del pop tutelados por el acordeón de Dietmar y la guitarra de Antonio… ¿Que más se puede pedir?

Pues sí, se puede pedir más. Media docena de kilómetros de sobremesa, bajando desde la casa de nuestros anfitriones hasta A Poza da Moura y casi gateando por la formidable rampa del cortafuegos que nos conduce de nuevo al sitio en donde comenzamos la caminata. Allí llegamos cuando el sol se iba escondiendo por detrás del Monte Faro, envolviendo la bahía en los suaves tonos del ocaso mortecino.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
25,100 Km.  7h. 20 min. Media Soleado 

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Leiro – Cenlle

La prensa anunciaba que a partir de hoy, 20 de setiembre, comenzaría la vendimia en el Ribeiro. Nosotros nos adelantamos un día con la esperanza de que coincidiríamos con alguna cuadrilla en plena faena pero, a pesar de los extensos viñedos que encontramos a nuestro paso, los únicos vendimiadores fuimos los chicos de Sendereando picando aquí y allá, como sin fuésemos esos pájaros que roban las uvas más dulces del racimo.

Seguro que a partir de esta semana la actividad será intensa en esta comarca vinícola de tanta solera en nuestro país.

Iniciamos la ruta en el camino del Mexieiro, debajo del puente sobre el Avia que sostiene la OU 209, muy cerca del parque  el cual atravesamos camino Hotel Monacal de San Clodio, una joya  del románico, gótico y barroco cuyos orígenes algunos sitúan en el siglo VI siendo sus monjes los que introdujeron en esta comarca el cultivo de la vid.

Dejando atrás el monasterio seguimos nuestra andadura entre pinares y carballeiras, fincas de labradío y cómo no, viñedos y más viñedos. Iglesias y ermitas abunda en esta zona. Las de San Roque, San Miguel, Virgen del Socorro, San Lorenzo, Nª Señora del Carmen, San Pedro y alguna más jalonan nuestro recorrido así como pazos y casas solariegas como el del Riobó y la Gran Casa de Lentille.

Llegados a Puente San Clodio,  la localidad que toma su nombre del monumental viaducto sobre el Avia,  pasamos a la otra orilla para acometer la calzada que nos lleva a las capilla del Carmen y de allí, a unos pasos, al Restaurante Leiro en donde somos atendidos por su amigable personal a base de carnes y pescados según elección de los hambrientos viandantes, todo regado con mencías de Monterrey y Valdeorras obsequio de Dietmar y Guillermo que celebran así su cumpleaños mereciendo de los asistentes el  coreado  colofón del «Cumpleaños feliz».

Tras la alegre sobremesa recogemos nuestros bártulos y nos dirigimos pasando por más viñedos, iglesias, pequeñas poblaciones rurales y más ermitas hasta San Miguel de Lebosende que mira desde lo alto a la capital del Concello a donde accedemos por el Camino Real que nos lleva al centro urbano. Ya de nuevo a las orillas del Avia, regresamos al punto de partida bajo el citado puente de Mexieiro.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
19,370 Km. 6 h. 45 min. Fácil Soleado 

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Grobas: La aldea escondida

Las neveiras de Fixó, la aldea de Grobas y los gaiteiros de Soutelo son los tres hitos que marcan la espléndida ruta de este lunes, por las estribaciones de la Sierra do Candán, entre los concellos de Forcarei y Lalín, diseñada  por nuestro experto y querido compañero de fatigas José Luís, más conocido por dasparrandas en los medios cibernéticos.

Iniciamos la marcha en Vilariño, ya en plena sierra y en plena ascensión por una pelada ladera que nos lleva a los Altos de Rofete en donde han instalado uno más  de los parques eólicos que pueblan nuestros montes.  No tardamos en llegar a los pinares en cuyo interior se encuentran las Neveiras de Fixó,  unos enormes pozos en los que se almacenaba el hielo, industria que producía pingües beneficios a sus explotadores que fueron principalmente los monjes de Aciveiro. Era muy apreciado para la conservación de alimentos, enfriado de bebidas y uso médico. 

Después de parar en el mirador de Grobas para contemplar las impresionantes moles  montañosas que conforman la Sierra do Candán, nos toca descender a lo largo de una extensa y preciosa  carballeira hasta un hermoso paraje cruzado por encantador riachuelo, aún flojo de aguas en esta pertinaz sequía, en donde dos detenemos para el refrigerio matutino.

Reemprendida la marcha, una solitaria higuera nos ofrece sus deliciosos frutos prácticamente a la entrada de la aldea abandonada, la aldea escondida de Grobas. Una vez más, nos topamos con las viejas casas de piedra, convertidas en  pura ruina, sin tejados, sin puertas, cubiertas de maleza e invadidas por la vegetación. Aquí nunca llegó la luz ni el asfalto y para trasladarse al lugar habitado más próximo había que hacerlo por el único camino que había, un estrecho sendero monte arriba que obligaba a subir hasta el Alto de San Bieito a más de 1000 m. de altitud desde los 5oo en los que se encuentra la aldea de Grobas.

Llegaron a tener más de mil cabras, hacían  miel y queso, cultivaban maíz y patatas y hasta tenían un maestro que pagaban ellos mismos. Agricultura de subsistencia en un entorno precioso, sin infraestructura alguna, que con la llegada de la luz y las comunicaciones quedó abandonado.

Hemos experimentado en nuestras propias carnes la dureza de la subida cuando para regresar a la ruta hemos tenido que superar el fortísimo desnivel que nos separa del lugar de Ameixedo, ya en el concello de Lalín, para seguir hasta el Alto do Coco, continuar por una larga pista, ahora siempre hacia abajo, hasta la villa de Soutelo de Montes, patria del gran Avelino Cachafeiro, el más famoso y querido gaiteiro de su época en cuya memoria se eleva un monumento en la plaza que lleva su nombre.

Allí al lado, se encuentra el restaurante Milenium en donde nos espera el esperado condumio que ponga un poco de orden en nuestros molidos esqueletos. El mesonero nos cuenta que él es nacido en la aldea de Grobas, que allí pasó su infancia y que fue feliz. ¿Y que pasaba cuando alguien se ponía enfermo? le preguntamos. Lo sentábamos en un carro del país tirado por dos bueyes y lo llevábamos a Soutelo o a Millarada y si llegada vivo el médico lo sanaba. Si moría en el camino, dábamos vuelta y ya se sabe…

Satisfechos y animados por la agradable pitanza, aviamos mochilas y bastones y emprendemos el regreso, esta vez entre fincas y pinares, hasta retomar el lugar de inicio en Vilariño.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
24,540 Km. 8 h. 9 min. Alta Soleado

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Boiro

Cuando en el pasado marzo anduvimos por estos parajes, un poco más al norte de la ruta de este lunes, la fervenza do Cardarnoxo era un impresionante chorro de agua y espuma que formaba el regato Cubelo poco antes de entregar sus aguas al Coroño. Este lunes nos hemos encontrado con que los regatos, ríos y cascadas que jalonan el itinerario de esta calurosa jornada de comienzos de setiembre son un pálido reflejo de aquella opulencia  que mostraban gracias a las copiosas lluvias de la estación.

Rego das fervenzas, Regato das Salgueiriñas, Rego da Graña, Fervenza de Lapeal, Rego dos Loureiros… todos secos, apenas un hilo de agua en algunos. Una buena parte del recorrido discurre por la sombra de pinares y de las riberas los ríos y regatos que, aunque con cauces casi vacíos, conservan la sombra de la vegetación ribereña pero no nos libramos de la larguísima corredoira, de más de 3 Km. que hemos de superar en continua ascensión bajo el sol del mediodía, con escasa sombra, sobre las losas irregulares, en las que los carros del país han dejado sus huellas en forma de rodelas, las hendiduras causadas por su paso durante siglos sobre estas piedras centenarias, obra de la ingeniería rural, hoy solamente pisadas por los senderistas.

Menos mal que abundan las fuentes y lavaderos que alivian nuestros sudores y cansancios que interrumpimos al llegar al restaurante Alborada, en las afueras de Boiro, en donde reponemos energías con el menú de la casa, ensalada mixta y bacalao a la gallega, regados con tinto de la casa que, domesticado con gaseosa, se hace trasegable.

Nos encontramos al nivel del mar y aún nos quedan unos 5 Km. de ascensión, por monte pelado y sol que no perdona, hasta los casi 300 m. de altitud en Mosquete, la aldea en la que hemos comenzado y donde  finaliza la caminata, justo a lado de otra fuente y lavadero en donde podemos beber y refrescarnos antes de regresar a nuestros puntos de origen.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
23,040 Km. 7 h. 11 min. Media Sol y calor 

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