1ª Andaina Pontevedra-Almofrei-Pontevedra

En esta mañana de domingo, clara y luminosa, todo hacía presagiar una estupenda jornada de senderismo. Y así fue. A partir las nueve y media  los chicos de Anais repartían, diligentes, dorsales a los entusiastas andarines que fueron llegando en gran número hasta que, a las diez, después de oídas las instrucciones de uno de los organizadores, se da el pistoletazo de salida y una abigarrada multitud de senderistas inicia la caminata abandonando la Isla de las esculturas,  por la pasarela que nos lleva al otro lado del río, en marcha controlada hasta el incio de la senda del Lérez.

La ruta discurre en un primer tramo por el sendero casi urbano que corre paralelo al río Lérez, hasta la presa de Bora, ya muy cerca de la N-451 que cruzamos auxiliados por una pareja de la Guardia Civil de Tráfico.  Hasta este punto la marcha es agradable y fácil, a la sombra de la vegetación propia de los bosques de ribera, salgueiros, amieiros, bidueiros, castaños, carballos , cuyas frondosas ramas se reflejan en las  aguas el Lérez, de anchas orillas, cercano ya al mar.

Pasada la carretera, cambiamos de río y es ahora el Almofrei, tributario del Lérez, el que nos lleva por estrechos carreiriños, senda de pescadores, a lo largo de sus orillas festoneadas también por abundante vegetación y arboleda que nos regalan su sombra agradecida en esta hora en la que el calor comienza a apretar.

A unos 7 Km. del inicio, después de  vadear el río por unos pasos o poldras, nos encontramos con el primer puesto de avituallamiento a base de a gua, frutas y barras energéticas. No vendrán mal, porque  a un par de kilómetros, después de pasar por O muiño da Bouza, nos espera una fuerte subida al Pico Sacro que deja sin resuello a más de uno.

A partir de aquí ya todo es descenso y, pasado el lugar de Salgueiral, llegamos de nuevo al puesto de avituallamiento, regresando por donde vinimos hasta llegar al comienzo de la ruta, donde nos entregan una bonita camiseta como recuerdo de la andaina y un vale para comer en el área de descanso de la Isla de la Esculturas, con las mesas muy bien puestas con todos los servicios,  bufett a base de empanada y pulpo y atentos camareros que nos sirven unos estupendos vinos de mencía y ribeiro.

En resumen, una espléndida jornada de senderismo en la que hemos disfrutado a tope y por lo que felicitamos efusivamente a sus organizadores agradeciéndoles su esfuerzo y eficiencia.

Y ahora, las fotos.


El Puente de los Tirantes que da acceso rodado a la isla y la pasarela por la que se inicia la marcha.


Algunos componentes de la Caminata Sabatina antes del comienzo de la andaina, cuyo arranque llena el paseo del Lérez.


La hermosa estampa del bosque de ribera por la senda del Almofrei. Al otro lado de la orilla, por los pasos o poldras.


Parada en O muiño da Bouza, en pleno funcionamiento a nuestro paso por allí.


Comida en el bosque con todas las comodidades y regreso a casa por la Isla de las Esculturas.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
24,00 Km. 7 h. 32 min. Fácil Soleado 

Nota: En el tríptico de la organización pone que son 18 Km. pero el GPS contó 24, aunque en el gráfico aparecen solamente 20 km. debido a que comenzó la cuenta cuando habíamos hecho los 4 primeros Km.

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Baredo

Baredo es una parroquia del municipio de Baiona situada en la ladera noroeste de la sierra de A Groba. De uno de los lugares de esta parroquia, Rocamar, parte un sendero fluvial que, comenzando en la desembocadura del río Fraga, bajo un puente en la carretera que va de Baiona a A Guarda, llega hasta cerca de la iglesia parroquial. Aunque mide solamente 760 m., vale la pena recorrerlo, sobre todo ahora con calor pues, como es típico de los caminos de ribera, la senda es umbría y el ambiente fresco. A lo largo de este sendero pueden visitarse algunos de los molinos de agua de los que tanto abundan en nuestros ríos y en los que durante tantos años se molía harina, bien en régimen de propiedad o de maquila que era el más corriente.

Una vez  llegados a Baredo, atravesamos el núcleo urbano, en el que destacan casas de piedra de gran factura, nuevas muchas de ellas, que dan la sensación de que es ésta una población de elevado nivel económico, aunque hasta hace unos pocos años era una aldea de casas de labradores y marineros, o ambas cosas a la vez, cuyos caminos de losas de piedra han sido cubiertos en gran parte por el inevitable asfalto.

Abandonado el asfalto, tomamos uno de esos caminos de piedra por lo que subían y bajaban los carros del país cuyas huellas han quedado esculpidas en las rodelas que hienden las grandes losas que forman el camino y nos adentramos , siguiendo el omnipresente GR-58 o Sendeiro das Greas, en los montes de la sierra citada.

No tardamos en tropezarnos con con un estrecho caminito casi cerrado por la maleza que ralentiza nuestra marcha obligándonos a ir apartando con nuestros bastones ramas , tojos y zarzas que tratan de impedirnos el paso. Por fin salimos a terreno más despejado, otra pista rústicamente enlosada de pronunciada pendiente por la que parace imposible que aquellos pesados carros tirados por bueyes fueran capaces de subir y bajar cargados de tojo para el piso de las cuadras, o de troncos de pinos o eucaliptos.

Llegados al alto desde donde de divisa con nitidez el faro de Cabo Silleiro, emprendemos el regreso a través del monte recientemente quemado, por un paisaje de desolación y tristeza, arrasado por el fuego. El suelo, los muros de piedra que limitan las propiedades, los pinos, calcinados, negros. Es impresionante el contraste entre este bosque quemado, entre este paisaje siniestro y el que nos ofrecía, un poco más atrás, el monte verde, frondoso y fresco del monte sano que se salvó del incendio.

A muy pocos metros de la zona incendiada nos topamos de nuevo con la población de Baredo, la cual volvemos a cruzar para regresar a la pasarela de madera que nos conduce, a lo largo del río Fraga, al inicio de nuestra marcha de hoy.


El paseo fluvial se inicia con un estrecho sendero y sigue por una larga pasarela de madera.


Este simpático vecino de Baredo nos saluda alegremente mientra lava su ropa. Insólito caso de lavandero, un oficio que parecía exclusivo de las mujeres. A la derecha una imagen del camino cerrado por la maleza.


Estas curiosas placas en el cementerio de Baredo invitan a la reflexión sobre lo pasajero de este mundo.


El faro de Cabo Silleiro al fondo. Desolación y miseria después del incendio.

Distancia Duración Dificultad Tiempo
Datos de la ruta 10 Km. 2 h. 50 min. Media Soleado

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Chandebrito

Este sábado nos hecho un corto recorrido por las inmediaciones de los Outeiros, con parada en Chandebrito. Aunque caminamos por estos sitios con bastante frecuencia, existen tantas pistas y senderos que siempre hay la oportunidad de hacer un recorrido distinto. Saliendo del parque forestal de San Miguel de Oia, bajamos por los bosques cercanos hasta cerca de Fragoselo desde donde seguimos paralalelos a la fraga, pero sin meternos en ella, hasta Chandebrito a lo largo se un carreiriño convertido en una auténtica cloaca, cosa inexplicable cuando, al parecer, acaban de dotar a esta parroquia de una red de alcantarillado.

Desde Chandebrito seguimos por la pista forestal hasta llegar al camino de Cadaval y de allí, a unos cientos de metros, al parque forestal en donde iniciamos la ruta.

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A pocos metros del inicio se encuentra el sendero de largo recorrido, el GR-53, desde donde se pueden contemplar hermosas vistas de la ría como ésta que muestra las islas Cíes.


La llegada a Chadebrito es por un estrecho sendero lleno de vegetación y cubierto de aguas fecales cuya fetidez deshace el encanto de este rústico acceso. A la derecha el monte de O Castro.


De regreso al punto departida nos encontramos con esta Fiesta de la Amistad organizada porla Comunidad de Montes de San Migel de Oia con concierto a cargo de la banda La Lira y comida campestre preparada en los asadores del parque forestal.

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Entre O Argallo y A Groba

Este martes hemos inciado la ruta en un lugar difícil de definir, si no es por su coordenadas de latitud y longitud , ya que está en pleno monte, no lejos de la parroquia de Pinzás, como puede comprobarse examinando el mapa que acompaña a este comentario. Ha sido un recorrido todo por monte, unas veces bosque, otras paisaje desolado que, arrasado por los incendios, es casi todo pedregal del que ha desaparecido práticamente todo tipo de vegetación, salvo algunos eucaliptos jóvenes que es lo único que rebrota.

La primera parte de la ruta es una continua ascensión de casi 10 km.hasta llegar a la inmediaciones de Torroña, ya en la sierra de A Groba. Dejando esta población a nuestras espaldas, emprendemos el camino de regreso, ascendiendo de nuevo hasta cerca de a Pedra do Acordo, que marca el lugar de reunión de los límites de Gondomar, Baiona, Nigrán y Tomiño. Aquí comienza el descenso hacia el punto de inicio. El paisaje es más variado, bosques de pinos, prados y amplias extensiones de monte limpio sembradas de robles americanos, cerezos y pinos aún muy tiernos, protegidas con alambradas para impedir el paso de animales que se coman los brotes, lo cual nos obliga en ocasiones a dar grandes rodeos.

En todo el recorrido domina el silencio y la calma. No hay casas, ni aldeas ni viviendas. Solamente el monte, unas veces poblado otras desierto. De repente ua bandada de zorzales despega del suelo y nos sorpende con su revoloteo. Más tarde un pájaro carpintero pica-pino, nos llama la atención con su repiqueteo encaramado a un pino.  Un poco más adelante un diminuto chochín, revolotea a nuestro alrededor.También el caminante atento, como mi compañero Eduardo, detecta una mata de tomillo de delicioso aroma o una plantación de drosoras, las plantas carnívoras con sus antenas dispuestas para capturar insectos. Parece que el silencio la calma y la soledad podrían hacer monótono este recorrido, pero para el senderista curioso, enterado y sensible, una ruta como ésta es una caja de sorpresas que la hacen entretenida e interesante.

El mapa y detalles de la ruta pueden verse haciendo clic con el ratón aquí.


Contraste entre el monte pelado y los rumorosos pinares.


Este muro, cuya construcción debió ser extremadamente laboriosa, no parece tener mucho sentido en estos parajes yermos. No lejos se encuentra este estripeiro o pereira brava que los vientos dominantes han conformado a su capricho.


Una plantación de oloroso tomillo y la rara drosera, planta carnívora que se da en terrenos húmedos y ricos en turba.

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Vacas en el curro

El curro de Mougás es uno de los más antiguos y famosos de los que se hallan en la sierra de A Groba, una cadena montañosa que se extiende desde la Virgen desde la Virgen de la Roca, en Baiona, hasta cerca de O Rosal. La sierra está está cruzada por innumerables pistas y caminos, por lo que es muy visistadas por los senderistas y personas aficionadas a caminar, como nosotros los de la Caminata Sabatina, que en este sábado hemos efectuado un recorrido mañanero que comenzando en Chan da Lagoa, una gran explanada acondicionada para zona de recreo con sus bancos y asadores de piedra, se adentra entre bosques de pinos y eucaliptos hasta encontrarse con el mar que se extiende inmenso a nuetros pies y, virando hacia el este, alcanzar el curro de Mougás, en cuyas inmediaciones nos detenemos para reponer fuerzas.

Aquí, en el curro, iniciamos el camino de vuelta cerrando el bucle hasta alcanzar de nuevo el punto de partida.

El mapa y detalles de la ruta pueden verse haciendo clic con el ratón aquí.


La pista entre pinos y eucaliptos nos lleva hasta el borde del acantilado desde donde divisamos la inmensidad de la mar océana.


Las vacas descansan en la zona del curro por donde entran los caballos los día de la rapa. A la derecha los recintos en los que los encierran para raparlos y marcarlos.

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