Ondas do mar de Vigo…

Ondas do mar de Vigo,
se vistes meu amigo?
E ai Deus, se verrá cedo

En estos meses se expone en el Museo do Mar, de Vigo, el pergamino Vindel que contiene siete cantigas de amigo del trovador vigués Martín Codax a las que pertenece la estrofa que encabeza este comentario.

Viene esto a cuento porque en la marcha de este lunes hemos disfrutado durante mucho tiempo de la vista de la bahía del Vigo, de las ondas do mar de Vigo que cantó Martín Codax, pues la ruta discurre por los altos del Monte Faro, una atalaya desde la que se contemplan excepcionales panorámicas de esa joya de las Rías Baixas que es la ría de Vigo.

Iniciamos la marcha en los aledaños del Club de Golf  Domaio en continuo ascenso hasta alcanzar O Chan da Arquiña, un amplio parque forestal que se extiende a los pies del Monte Faro, cuya cima está cuajada de antenas, que parece que todas las emisoras, tvs u operadoras de móviles se diesen allí cita para abarrotar tan espléndido mirador con ese bosque de mástiles que han montado allí.

Menos mal que a unos metros más abajo de la cima existe una especie de plataforma que da a la ría abarcando su vista desde el estrecho de Rande hasta las islas Cíes.

A partir de este punto toca bajar por pistas forestales hasta llegar al Barranco do Faro desde donde arranca un largo camino que atraviesa una extensa carballeira que, aunque en este tiempo de invierno, desnudas sus sus ramas, no presenta su mejor aspecto, en primavera y otoño se convierte en un hermoso paraje, frondoso y lleno de color.

Aunque son kilómetros de descenso, pues nos dirigimos a la costa, abundan las rampas y cuestas que hacen de este recorrido un auténtico tobogán. Así, a pocos kilómetros de la citada carballeira, damos con el Outeiro do Aviador, una zona recreativa coronada por un cerro desde el que se divisa la parroquia de Meira, muy cerca y las villas de Moaña y Cangas que se desparraman hacía la bahía.

Seguimos descendiendo hasta alcanzar la carretera que va de Cangas a Bueu en su encuentro con O Rego da Freixa cuyas aguas se precipitan formando pequeñas fervenzas entre rocas y muiños en ruinas entre la espesura de su bosque ribereño que recorremos pasando estrechos carreiriños y abundantes pasarelas de madera que nos ayudan a vadear el inquiero río hasta alcanzar la primeras casas de Domaio y desde allí hasta los alrededores de su iglesia parroquial ya en la carretera de la costa, muy cerca de la Adega do Pescador a la que accedemos con los primeros 18 Km. de la jornada a nuestras espaldas.

Empanada, fanecas fritas o cazón con fideos componen el menú del día con el que resarcimos a nuestro organismo de las energías gastadas hasta el momento.

La ligera lluvia de la mañana y las nubes han desaparecido dando paso a una tarde luminosa y soleada que nos permite caminar sin prisa bajo un impoluto cielo azul. Ahora toca subir dejando atrás el pueblo para llegar a la Poza da Moura, otro de los objetivos de nuestra ruta de hoy.

Allí llegamos después de una laboriosa ascensión. La Poza es un remanso del Rego Miñoura que nace en las estribaciones del Monte Faro. A lo largo de su recorrido se construyeron varios muiños, uno de los cuales, a los que el agua llegaba a través de una levada de piedra que  parece un acueducto, está situado cerca de la poza, una hermosa piscina natural base de la cascada que se precipita muy cerca del Corredor de O Morrazo, una autovía de la que se salvó por los pelos.

Después de disfrutar durante unos momentos de la bella estampa que ofrece la poza y su cascada seguimos monte arriba  y no tardamos en regresar a la carretera, al punto en el que finaliza la ruta de este lunes.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
21,440 Km. 6 h. 40 min. Media Sol y llovizna 

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En Lusitania por la Vía XIX

En el municipio portugués de Paredes de Coura que limita al norte con los de Valença y Monçao, todos lindantes con las tierras del sur desde Tui hasta Salvaterra de Miño, se encuentra la que fue parroquia de Cossourado cuyo principal atractivo en su Forte da Cividade, un poblado fortificado que se extiende por un área de cerca de diez hectáreas  que, habiendo sido habitado por un corto período de tiempo entre los siglos V y VII a. C., fue abandonado poco antes de la ocupación romana.

Hasta allí hemos llegado desde las cercanías de Antas, una pequeña aldea en la que destaca una enorme mansión en ruinas, de aspecto crepuscular   con su fachada renegrida y sus ventanales rotos, cercada por un viejo muro que encierra lo que seguramente fue un cuidado jardín ahora todo matorral.

Frente a ella  se eleva una modesta capilla a cuya entrada han adosado un porche cuyo techo sustentan dos gruesas columnas de piedra que vienen a ser dos miliarios, aquellas piedras militares que señalaban las distancias en las calzadas romanas cada mil passus (pasos dobles romanos) es decir, cada milla romana y que dan nombre a una de las rutas de las que se compone este recorrido. Hay unos cuantos más rodeando la capilla.

Desde ahí continuamos la marcha en subida continua a lo largo de unos 4 Km. hasta alcanzar el poblado fortificado de Cossourado. Aprovechamos para hacer la foto del grupo en lo alto de la colina en donde se alza un vértice geodésico desde el que se domina todo el valle del Miño, con las ciudades de Valença y Tui en la lejanía.

Dejamos atrás la interesante citania para bajar hasta la iglesia parroquial y desde allí, por una impresionante escalinata, descendemos a la zona urbana que pronto abandonamos para entrar en la Vía Romana XIX, la calzada de la época de Augusto que, procedente de Braga, pasa por estas tierras para terminar en Astorga.

Nos lleva la vía hasta los terrenos de Châ da Burra, Linhares de Cima y Bolência, poblaciones rurales salpicadas entre tierras de labor con alguna que otra quinta, casas de campo parecidas a los pazos gallegos, entre las que fluye el río Coura que da nombre a la capital del municipio y con el que nos volvemos a encontrar a su paso por Nogueira en un hermoso paraje en donde el río se aquieta tras un amplio muro de piedra para volver a fluir con fuerza entre al espesa arboleda, muy cerca de la carretera en cuyo borde se alza el Bar-restaurante Constantino.

Como el frío apretaba la caminata fué rápida por lo que los 17 Km. que nos separaban del inicio de la ruta  apenas si consumieron cuatro horas así que, cuando llegamos al mesón, aquello estaba lleno de obreros de la construcción y otras industrias cuya hora del yantar es más temprana de lo que se acostumbra en España. Casi de repente desaparecieron todos y quedó el salón entero a nuestra disposición.

Después de un caldo-sopa calentito que venía muy bien en un día tan frío, aparecieron unas fuentes con un montón papas fritidas debajo de las cuales se escondían deliciosos trozos de bacallâo al modo Constantino, es decir cocido y pasado rápidamente por la sartén y mojado con una ligera capa casi invisible de salsa de tomate, todo regado con un solvente vino alentejano invitación de nuestro entrañable Torres por su cumpleaños, cosa que ya se ha hecho norma en este grupo de malandrines, como diría nuestro añorado Moncho, que vigila de cerca los aniversarios. De postre, crema de leite seguida del incomparable café portugués. Y todo por un módico precio que no supera al billete colorado.

Regresamos al río que vadeamos por el puente romano de Nogueira para seguir por veigas y pinares hasta  Casco y desde allí un poco más de monte y bajada a las orillas del Coura cuyas aguas fluyen alegres y abundantes hacia el Miño. Desapareció una pasarela de madera que cruzaba el Cunha, un afluente, por lo que unos lo atravesamos descalzos, otros calzados pero metiendo los pies en el agua y los más decididos haciendo equilibrios sobre un par de troncos.

A poco más de un kilómetro, siguiendo la ruta del PR 8 o Trilho dos miliarios, regresamos al punto de partida.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
23,810 Km. 6 h. 48 min. Media Sol y nubes 

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Un soplo de primavera en medio del invierno

Mientras en el sur de la península arrecian tormentas y caen diluvios, en el noroeste, aquí en las Rías Baixas, concretamente en la de Vigo, la primavera ha abierto una grieta en el invierno colándose por ella un tiempo soleado y templado que nos hace olvidar los fríos y las lluvias de los pasados días.

Un tímido sol a estas horas tempranas de la mañana, se insinúa tras las cumbres que rodean la bahía tiñendo las tranquilas aguas de la ensenada de San Simón de un gris plomizo y brillante por el que se desliza  entre los lodos de las salinas la silueta serpenteante del río Ulló que avanza por la ensenada diluyéndose en sus aguas.

Eso es lo que vemos desde el cerro que se alza sobre la villa de Pontesampaio, en las inmediaciones de A Pedra Miranda,  un par de enormes rocas, caída una sobre otra para formar una cueva que sirve de refugio para excursionistas, pastores o cualquiera que haya de abrigarse por las inclemencias del tiempo. Hasta hemos encontrado restos de una hoguera en su interior.

Hay que descender de Pedra Miranda hasta la autopista para cruzarla y acometer la larga subida que nos llevará por pistas forestales y algún que otro carreiriño hasta la aldea de Chan de Vilar, un tranquilo y solitario conjunto de casas cuyo silencio solamente se quiebra por  el rítmico pisar de nuestras botas y el balido de un rebaño de ovejas que nos sale al paso.

No tardamos en llegar al parque de Cotorredondo al que se accede a través de un hermoso bosque de jóvenes castaños. Luce el parque su césped verde y brillante sobre el que se eleva la frondosa arboleda que rodea a su famosa laguna de Castiñeiras, un oscuro espejo que  refleja en sus quietas aguas el azul impoluto de este cielo primaveral.

Desde sus casi 400 m. de altitud hemos de emprender el regreso, ahora en continuo descenso por los pinares que la rodean para, siguiendo la corriente de O Rego da Cova y O Rego Sidral, humildes riachuelos  cuyos cauces eran hace un par de meses pura piedra,   toparnos con O Rego Tuimil que se despeña desde las alturas entre muiños y levadas haciéndose sitio entre estrechas gargantas o despeñándose desde redondos penedos en una sinfonía de espuma, vigor y belleza hasta desaparecer bajo la EP-0101 por el puente de Casanova.

Seguimos hacia Vilaboa pasando de nuevo bajo la Autopista del Atlántico y después de atravesar las fincas y tierras de labor por las que fluye, casi escondido, O Rego Tuimil nos allegamos a la antigua carretera nacional en cuyo borde se encuentra el  Asador O Cañoto en donde nos tienen preparada una amplia mesa redonda en la que los diez caballeros y una dama que forman esta expedición dan cuenta del escueto pero bien elaborado menú que sirven en este mesón.

Toca regresar bajo un sol que no solo ilumina la incipiente tarde sino que también calienta permitiendo que nos despojemos de tabardos y prendas de abrigo para caminar relajados y felices por el sendero que nos lleva a través de umbríos parajes desde Vilaboa hasta las Salinas de Ulló, una antigua explotación de sal marina que es ahora un espléndido paseo por la orilla norte de la ensenada que nos conduce hasta Pontesampaio y desde allí de nuevo al parque de A Lapa inicio y fin de esta estupenda y primaveral jornada.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
22,610 Km. 6 h. 33 min. Media Soleado 

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El Tea entre Mondarices

En este lunes hemos repetido la ruta que hicimos en diciembre del 2012 y que está subida aquí con el título de Los «Mondarices» y el Tea.  Poco hay que añadir a lo contado en aquella ocasión. El río va igual de lleno  y la ruta sigue en las mismas condiciones, con demasiado asfalto, siendo su principal atractivo la Senda del Tea que, partiendo del Puente da Costa, sigue por la orilla del río hasta poco después de los Pasos de Tatín, impracticables en esta ocasión debido a la altura de la aguas.

La Senda del Tea es un estrecho caminito que discurre muy pegado al río que presentaba un aspecto imponente con la gran masa de agua fluyendo entre sus anchos márgenes.  Es necesario caminar con tiento por sus piedras cubiertas de musgo, sobre la tierra enlodada del sendero alfombrado aún con la brillante hojarasca que dejó el pasado otoño o por las resbaladizas maderas de sus puentes y pasarelas.

Pero el paseo por la Senda es un regalo para los sentidos caminando entre la espesa floresta, acompañados del fragor de la corriente hasta llegar al rústico muiño que marca el inicio de los Pasos de Tatín, unos enormes dados de piedra asentados en lo profundo del cauce para facilitar el tráfico de arrieros y caminantes que, en tiempos pretéritos, pasaban por aquí para a seguir hasta el puente de Cernadela cuyos orígenes se remontan a más de 2.000 años, pues por aquí pasaba en la famosa Vía XVIII que unía Brácara con Astúrica.

Casi toda la mañana estuvo lloviznando, una lluvia muy débil, casi como niebla, pero que acababa mojando. Es una ruta fácil, casi llana, por lo que llegamos bastante descansados al centro de Mondariz Balneario en donde se encuentra, muy cerca del Ayuntamiento, el restaurante Casa Rivero, bien conocido por los componentes de Los Lunes al Sol y que como siempre, no nos defraudó.

Después de un par de horas de amena convivencia en Casa Rivero, seguimos la marcha cruzando los nobles edificios de este pequeño municipio termal para, alternando entre asfalto y paseo fluvial, llegar al citado puente de Cernadela, muy cerca del punto en el que iniciamos la caminata.

 


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
21,09 Km. 5 h. 51 min. Baja Llovizna 

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El agua alborotada

Aprovechando la abundancia de lluvias de estos días hemos vuelto a las fervenzas o cascadas que últimamente estaban bajo mínimos pero que en este invierno especialmente lluvioso recuperan toda su fuerza y esplendor.

Si el lunes pasado disfrutamos de la espectacular estampa de la del río Barosa, esta vez nos hemos ido a las del río Valga iniciando la ruta en la explanada del Santuario del Nª Sª de los Dolores, en Requián. Desde allí caminamos hacia el norte hasta dar con a Pedra da Serpe, una roca así llamada porque la decoran unos surcos formando eses que sugieren la figura de una serpiente así como círculos y otros dibujos.

Ya hacia el sur, llegamos al área recreativa de As Laceiras y, desviándonos un poco, a la capilla de San Mamede dos Martores, a la orilla del río Valga, hasta llegar a las inmediaciones de la localidades de Raxoi y Piedrafita o Parafita que son las que le dan su nombre a las fervenzas que, auxiliado por O Rego do Ferreiro, forma el río a su llegada al monte Cerquido desde donde desciende unos 50 m. casi en picado en un paraje de formado por grandes rocas cubiertas de musgo por la que se despeña el río formando una cola de caballo que se se desploma en una gran poza para seguir como un torrente aguas abajo y formar otra cascada, la de Parafita,  bien accesible desde las pasarelas de madera que permiten llegar hasta ella vadeando el río por el puente vecino al muiño en el acceso a tan hermoso lugar.

Para llegar a la de Raxoi, hay que hacerlo por el sendero que lleva a la cima desde donde caen las alborotadas aguas de la primera cascada porque en días de lluvia la subida por el interior es peligrosa por el riesgo a resbalar y despeñarse monte abajo.

Nos cuesta abandonar tan hermoso lugar pero la caminata hay que continuarla y eso hacemos siguiendo la ruta, más orientados por nuestro GPS que por la marcas que desaparecen con frecuencia, hasta llegar al cruce con la N550 en cuyo borde se encuentra la Parrillada O Castro, típico restaurante de carretera, con mucho camión a la puerta lo que significa plato abundante y contundente como así sucede, mejorado por un mencía de calidad, invitación de nuestro amigo Marcial, excelente andarín con el que celebramos su cumpleaños.

Aún nos quedan más de 6 Km., ahora en continua aunque suave ascensión que. después de pasar por el lugar de As Ribocias, discurre casi en su totalidad por pistas forestales hasta alcanzar de nuevo el santuario de Los Dolores, inicio y fin de la caminata de este lunes.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
22,930 Km. 6 h. 20 min. Media Nublado 

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