Una siesta de car(b)allo

Cuando salimos del restaurante en que habíamos compartido un abundante y potente menú en un agradable ambiente bajo la fresca temperatura que nos deparaba un eficaz aparato de aire acondicionado, nada más abrir la puerta y salir al exterior, alrededor de esa hora lorquiana que son las cinco de la tarde, recibimos tan  tremendo bofetón de luz y calor que nos hizo dudar de si volvernos adentro o seguir adelante.

Optamos por continuar, que no se arredran fácilmente los chicos de Los Lunes al Sol ante los desafíos meteorológicos, con la esperanza de  encontrar un lugar umbroso en el que reposar aquella copiosa cuchipanda  y refugiarnos de los rigores del implacable Lorenzo. Y sí fue. No tardamos en toparnos con un apacible soto de tupida hierba amparado por la generosa sombra de un gran carballo, un poderoso quercus robur bajo cuya copa nos tumbamos cuan largos éramos disfrutando del silencio y la frescura de tan bello lugar. Hasta algún ronquido rompió, irreverente, la quietud del momento.

Es inevitable el pareado: fue una siesta de carallo, debajo de un carballo.

Para llegar hasta allí habíamos partido del torreiro de Mouriscados, una parroquia mondaricense por la que fluye el Xabriña en un tramo jalonado por muiños, casi todos restaurados, que han dado lugar a una preciosa ruta que, siguiendo el curso del río, lleva al caminante por hermosos parajes plenos de verdor y frescura en una día como éste de calor canicular que apenas si se deja notar entre su espesa arboleda de ribera.

Poco antes de llegar a la parroquia de San Andrés de Meirol abandonamos la ruta del Xabriña para dirigirnos a Vilasobroso en cuyo restaurante O Rianxo nos espera la pitanza. Aunque con más asfalto del deseado, la caminata discurre casi siempre a la sombra lo cual nos ayuda a llegar a Santa María de Queimadelos, otra parroquia mondaricense, sin grandes agobios y desde allí, con solamente dos kilómetros de marcha, nos ponemos en O Rianxo.

Soubiñas, jamón y queso, pimientos de padrón y calamares fritos son el anticipo de un sabroso solomillo a la pimienta o medallones merluza en variadas versiones, todo regado con vino de la casa.

Después viene lo de la siesta, como ya está escrito, y el regreso al punto de partida, cinco kilómetros entre pinares y eucaliptos cuya sombra nos protege durante la mayoría del trayecto del fuerte calor que a estas horas se cierne sobre nuestras cabezas.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
23,000 Km. 6 h. 39 min. Media Soleado 

Para ver el mapa y más detalles de la ruta hacer clic con el ratón aquí.

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