El Tea con el Mendres y el Canedo

Por su longitud, cuenca y caudal el Tea es el afluente más importante del tramo bajo del río Miño.

Nace en el Alto del Moncelo, entre las sierras del Suido y Faro de Avión, en una cota superior a los 900 m.

Baja encajonado, drenando la sierra de Faro, los montes de A Graña y el Couto de Eiras recibiendo por la derecha al río Alén. Atraviesa el valle de Mondariz. Aquí recibe al Xabriña por la izquierda que procede del Alto de Montouto.

Aguas abajo, el Tea gira de repente hacia el sur aprovechando una de las viejas fracturas NS, ya recorrida por su afluente, el río Borbén, al que recibe por la derecha. Pasa frente a Ponteareas y recoge,  un poco más abajo, por su izquierda, al río Uma que nace en los montes de la Paradanta.

El Tea desemboca en el Miño, por Salvaterra, formando un amplio valle lleno de tierra de aluvión.

Sus principales afluentes son el Caraño, el Alén, Xabriña, Borbén y Uma regando las tierras de sus municipios: Covelo, Fornelos de Montes, Mondariz Balneario, Ponteareas y Salvaterra de Miño.

La variedad de paisajes fluviales del río Tea, en apenas  cincuenta kilómetros de recorrido, lo convierten en un referente ecológico de la comarca del Condado. Desde su nacimiento hasta desembocar en el río Miño mantiene importantes formaciones de bosques de ribera.

Eso es lo que dice uno de los paneles informativos que se hallan en la Senda del Tea y lo he traído aquí porque expresa de forma concisa y clara cómo es este río que tantas veces hemos recorrido los de Sendereando, aunque es ésta la primera que lo hacemos por el tramo que sale de A Lomba, en el municipio de Ponteareas para, después de atravesar un espeso pinar, toparnos con sus afluente. el Mendres, una preciosa corriente de agua que baja casi azul y rebosante de espuma entre vahos de vapor, en esta fría mañana de Noviembre.

Atravesamos la pontella que nos lleva por su margen derecha hasta su encuentro con el Tea continuando por una larga levada, una rústica acequia que antiguamente llevaba el agua a los muiños.

En O Chan da Gándara, por donde el Tea fluye amplio y manso, hacemos un alto para la foto en el cruceiro que allí se yergue sobre una pequeña colina de piedra siguiendo después hasta la cascada llamada A Fervenza do Croa, un brusco desnivel de baja altura en el cauce del río que provoca  que sus tranquilas aguas se desplomen en un torrente pleno de fuerza y espuma.

Sigue el Tea majestuoso hasta tocar a la villa de Ponteareas en donde abandonamos su curso para continuar por  O Regato da Venda o río Canedo, hasta hace poco un canal subterráneo  de aguas residuales y ahora recuperado con su vegetación, pasarelas y paseo para disfrute del personal.

Dejamos atrás  el casco urbano y dirigimos hacia el convento franciscano de Canedo a cuya sombra tomamos el consabido refrigerio con la villa de Ponteareas en el horizonte recortándose bajo las algodonadas nubes flotando en el cielo azul.

Sigue la marcha hacia A Picaraña, sitio bien conocido por los senderistas de este grupo  para continuar hacia Troña sin parar en su interesante castro, ya que nos hace falta el tiempo para llegar a Mondaríz Balneario.

Allí, en nuestro ya familiar Restaurante Ribero. disfrutamos de una agradable comida para reemprender el camino, de nuevo por la  orilla derecha del Tea, que nos conduce aún con el sol alto en el oeste a nuestro punto de partida.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
23,830 Km. 6 h. 48 min. Fácil Soleado 

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Muiños de Taboadelo

Nuestros «compas» de Pontevedra, que aparte de los lunes senderean los jueves a jornada completa, hicieron esta ruta en abril del año pasado y nosotros la hemos repetido en la mañana de este sábado recorriendo casi los mismos kilómetros con alguna variante como fue el inicio, el cual tuvo lugar en la carretera de Ponte Caldelas, cerca del cruce con la pista que va al monumento a Cristo Rey en Baltar.

Es una bonita senda que se dirige en continua bajada, después de cruzar O Rego do Porto, hacia la parroquia de Taboadelo, casi siempre por estrechos carreiriños y corredoiras, frecuentemente encharcados por las recientes lluvias a veces difíciles de vadear.

Llegados a Taboadelo, nos detenemos unos minutos para contemplar su iglesia y hacer la foto del grupo. Siguiendo por los encantadores caminos que serpean entre veigas y pinares, no tardamos en llegar al puente de Canedo, una construcción de grandes losas de granito sobre el río Verdugo, espléndido en esta espléndida mañana de noviembre.

Rodeando el Muiño de Abaixo, a la orilla del ríoseguimos durante unos cientos de metros el curso del Verdugo para desviarnos monte arriba hasta alcanzar la aldea de Verduxo y de allí,  otra vez entre pinares y tierras de labor, por esos entrañables caminos que tanto abundan en nuestro entorno rural, llegamos a la ermita de San Vicente do Lugar de Parada, una  solitaria capilla con el singular detalle de que tiene su campanario en la pared de atrás y no a la entrada como suele ocurrir.

Desde allí continuamos nuestra andadura hasta O Rego de San Vicenzo a partir del cual nos esperan un par de kilómetros de duro asfalto hasta el lugar de A Aluncia, un conjunto de casas aislado y silencioso en estas horas del mediodía.

Pasado O Rego do Guisal y tras un corto tramo de carretera enteramos de nuevo en los pinares por cuyas pistas regresamos a las cercanía del polígono industrial de O Campiño en cuyas inmediaciones está el inicio y fin de esta hermosa ruta.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
16,740 Km. 4 h. 22 min. Fácil Nubes y claros 

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Por tierras de Coura X: Aquilino-Travanca-Lajes Altas

Fue en el 2008 cuando los de Sendereando descubrimos la villa portuguesa de Paredes de Coura en la que se da la excepcional circunstancia de que cuenta en su entorno con 16 rutas o trilhos que es como se llaman estos circuitos en portugués y que han sido bautizados con nombres que se refieren a personajes o acontecimientos de relevancia que han tenido lugar en sus dominios.

A lo largo de estos años las hemos recorrido en su totalidad, así que en la jornada de este lunes hemos diseñado una ruta compuesta con tramos de tres de aquellos trilhos, a saber:  el de Combatentes da Travanca, en memoria de  la batalla que aquí se produjo entre portugueses y españoles durante la Guerra de Restauración, el de Aquilino Ribeiro, un famoso escritor portugués que pasaba largas temporadas en Romarigaes, una parroquia courense, y el de Lajes Altas, un precioso rincón del río Poldras cuyas aguas se desparraman sobre unas grandes rocas, provocando una corta pero hermosa cascada en un paraje casi oculto y de gran belleza.

No lejos del punto de inicio se encuentran los antiguos viveros del Estado Novo, de los tiempos de Salazar. Tras una fuerte ascensión, alcanzamos el Marco Geodésico de Travanca, de 701 m. de altitud, desde donde se contemplan estupendas panorámicas del Valle del Coura y del Paisaje Protegido Corno de Bico.

Ya en el valle enlazamos con el Aquilino Ribeiro que nos lleva hasta el Largo do Beato Frei Redento da Cruz, en la parroquia de Cunha. Allí, frente a la capilla de Nª Sª das Abróteas, se alza la efigie en bronce del Beato , un militar que se hizo fraile y que murió mártir en lo que hoy es Indonesia.

Seguimos por esta ruta para dejarla cerca de Pereiros en donde enlazamos con la de As Lajes Altas.

Enlaza este sendero con la pista que nos lleva a los alrededores de la villa, ribereña con el río Coura, desde cuya playa de Taviâo y parque se sube al casco urbano. Allí, en el restaurante Miquelina, paramos para dar cuenta del menú del día que, sin ser nada del otro mundo, es suficiente para reponer las energías gastadas durante la mañana.

Por la tarde, abandonamos Paredes de Coura pasando por los lugares de Cotaleira y Amieira, entre pinares y carballeiras y grandes extensiones de praderas y tierras de cultivo, hasta llegar a Penim, una pequeña aldea que es donde tuvo comienzo y tiene su fin la ruta de hoy.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
24,38 Km. 6 h. 49 min. Media Nubes y claros 

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De Carboeiro a Fontao

Era noche cerrada cuando salimos de Vigo. Pasado el puente de Rande, una tímida luz surgiendo lentamente tras los montes del Galleiro comenzaba a teñir de rosa las difusas nubes que cubrían la ensenada de San Simón. Es que el otoño avanza y los días se hacen cada vez más cortos. Cuando inciamos la ruta, en la parroquia de Merza, en Vila de Cruces, ya luce espléndido el día en esta mañana de noviembre de templada temperatura, casi primaveral.

Entre pinares y carballeiras no tardamos en llegar al río Deza que vadeamos por A Ponte do Demo, muy cerca del monasterio de Carboeiro que con la Fervenza do Toxa conforman los máximos atractivos de la comarca. El primero, una joya del románico que, habiendo sido abandonada tras la desamortización de Mendizábal en el XIX, fue restaurada a mediados del XX conservándose la arquitectura del templo y de algunas dependencias monacales y la segunda, un monumento de la naturaleza de increíble hermosura.

Dejamos el monasteiro bajando de nuevo al Deza que lo rodea por la parte de su ábside, recorriendo ese tramo del río, un paraje lleno de encanto y belleza, las aguas del ancho Deza fluyendo alborotadas entre la frondosa floresta por la que es fácil imaginar a aquellos frailes del medievo, orando y laborando, cumpliendo la regla de la orden cisterciense, ora et labora.

Entramos ahora en campo abierto, el que se extienden las numerosas praderas propias de estas tierras de ganaderos, atravesadas por el enorme viaducto del tren cuyo perfil nos acompañará durante toda la jornada, pues es visible desde los cuatro puntos cardinales.

Pasado Martixe de Abaixo, que es donde se eleva la citada estructura, no tardamos en alcanzar las orillas del río Toxa desde cuyo mirador se contempla el nacimiento de su impresionante cascada que se despeña casi en vertical, desde una altura de 30 m. sobre el cauce del río que desde esta atalaya se ve allá abajo, perdido en el fondo de la profunda vaguada que forman los montes entre los que fluye el Toxa.

Bajamos a la acequia que conduce las aguas a la central y que nos lleva a la pista que discurre por el interior de un maravilloso bosque. Entre castaños, robles, alcornoques y muchas otras especies, llegamos al mágico enclave en el que la fervenza arroja sus aguas al cauce del río.

Sigue la senda río abajo entre grandes rocas cubiertas de musgo y espesa vegetación hasta el encuentro del Toxa con el Deza cuyo puente atravesamos para adentrarnos en la zona habitada de Merza en cuyo restaurante O Refuxio  nos atienden muy bien y por un módico precio nos dispensan un excelente yantar.

No lejos del restaurante se encuentra el río Orza que vadeamos para entrar en las tierras de Brea en cuyo entorno se encuentra el restaurado poblado minero de Fontao . Allí, en los años de la Segunda Guerra Mundial, se vivió con frenesí la fiebre del wolframio que nazis y aliados pagaban a precio de oro para emplearlo en la fabricación de sus tanques y cañones.

Hoy los pabellones están habitados, la iglesia y la escuela han sido reconstruidas y  el cine transformado en museo. Allá abajo, entre los montes, quedan las antiguas minas del wolfram a las que no se permiten visitas por motivos de seguridad y que aún pertenecen a sus antiguos dueños, explotadores del yacimiento hace años abandonado.

Desde el poblado bajamos al cercano lugar de O Salgueiro inicio y final de esta interesante y atractiva ruta.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
20,460 Km. 6 h. 39 min. Fácil Soleado

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Celebrando el XXV aniversario

Fue hace veinticinco años cuando el P. Julián, carmelita, párroco del Carmen en Vigo, andarín infatigable,  fundó con nuestro inolvidable Adrián, ya fallecido, este grupo que llamamos Sendereando que año tras año, sin fallar ni una sola semana, ha salido del suelo urbanita para recorrer  las innumerables rutas  que se extienden por los montes y valles de nuestro querido y hermoso territorio.

Hemos decidido celebrarlo en este lunes y lo hemos hecho por todo lo alto comenzando, como es natural, con una hermosa ruta por la mañana, a las Fervenzas do Pereiro, en el monte Castrove, por la parte de Poio. Iniciado el camino el lugar de a Seara, donde se encuentra el Parque da Memoria, nos dirigimos a los Muiños da Freixa, un encantador paraje por donde fluye un arroyo cantarín que en  otros tiempos movía los rodicios de aquellos ingenios molineros.

Regresamos al asfalto para salvar el barrio del Rial y, abandonando la carretera, entramos en el bosque que es dominio del Rego do Pereiro a cuya fervenza no tardamos en llegar. Gracias a las recientes lluvias, la cascada presenta el atractivo aspecto de una espléndida cola de caballo cuyo fragor nos acompaña durante un buen rato fundiéndose, a medida que nos alejamos, con el fino rumor de la brisa que sopla en el bosque.

Toca seguir subiendo, esta vez por una empinadísima rampa, un cortafuegos que casi nos deja sin resuello, para alcanzar por la vía rápida los tres miradores que jalonan lo alto de esta ruta, tres magníficas atalayas desde las que se contempla el majestuoso cuadro de la ría de Marín. Debería decir dos y no tres porque el primero, el de la Tartaruga, ha sido superado por los eucaliptos  que apenas dejan entrever tan maravillosa estampa.

A partir de ahí todo es descenso entre pinares y eucaliptales, un tanto ansiosos por llegar al turístico Combarro donde, como hoy ha sido declarado festivo, bulle cierta animación en sus estrechos y encantadores callejones atestados de bares, restaurantes, chiringuitos y tiendas, destacando entre todos A Taberna de Albariñas en donde, después de una visita al Peirao para trasegar unas cervezas, invitación de la casa, nos tienen preparada una mesa con esmerada presentación.

Platos que son elegantes cúpulas de marisco coronadas por apetitosos camarones, acompañadas en su base con porciones de excelente empanada  de maiz con soubiñas  y deliciosas zamburiñas alojadas en sus preciosas conchas, verdaderas perlas para el paladar. Y qué decir del plato fuerte, una inmensa merluza guisada, con toda la sabiduría y cariño de quien hizo de su oficio arte y devoción. Y para terminar, excelsas porciones de tartas y bizcochos con los que el pecadito de la gula se  convierte en místico placer del éxtasis culinario. No dejaré de mencionar el divino albariño y el elegante mencía con que regamos tan excelentes viandas.

Pero la cosa no terminó ahí. A los postres, el que esto escribe recibió como presente por los cinco lustros de Sendereando un precioso cuadro del que es autor uno de nosotros, nuestro entrañable Ramón, artista donde los haya, que refleja en su cuadro todo el sentido y el significado del senderismo que se encierra en esa simbología tan acertadamente plasmada en su pintura.

Respondió José a tan inesperado como inmerecido obsequio con un soneto que compuso para sus amigos de Sendereando, con más cariño que acierto pero con un profundo sentimiento de gratitud para todos ellos.

La cosa no terminó ahí y para rematar tan gozosa efemérides, salimos en procesión por la Plaza Peirado da Cousa enarbolando el cuadro de Moncho como el estandarte que expresa como nadie el lema de Sendereando: Caminar es vivir.


Ramón

Aguerridos, lunáticos andantes,
rompedores del alba y del ocaso
malandrines del campo y monte raso,
guerreros contra vientos delirantes,

burladores de lluvias, nigromantes,
que encerráis las tormentas en un vaso,
zampadores de leguas paso a paso,
por encima de todo, caminantes.

Adalides de botas y bastones,
de mochilas, polainas, chubasqueros,
merlines de las rutas y senderos,

al mío unid los vuestros corazones
porque quiero expresaros, compañeros,
mi admiración y afecto más sinceros.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
19,410 Km. 5 h. 30 min. Difícil Nublado 

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