Una jornada tranquila

Visantoña en una parroquia del municipio de Mesía, al norte de Santiago de Compostela, lindando con el ayuntamiento de Ordes.

Sus extensos pastizales revelan la condición ganadera y agrícola de esta zona en la que abundan los pequeños ríos con sus riberas jalonadas de muiños, algunos bien restaurados, otros ruinosos entre los que destaca O Muiño Grande de Baltares, una auténtica industria molinera en sus tiempos de actividad.

Hemos iniciado la jornada en la localidad de A Calzada siguiendo el curso del río Traveso, pasando por los muiños de A Ribeira, Queiroa y A Cubela para legar al lugar de Leborís topándonos, un poco más adelante, con el citado Muiño Grande dos Baltares a la orilla de río Samos. Aún se puede observar a la entrada de este muiño el gran tanque que almacenaba agua para varios días alimentado por un ancha levada separada por una compuerta de torno que allí sigue, oxidada e inactiva.

Sigue la ruta, siempre entre grandes extensiones de hierba o de maíz ahora segado, sin cuestas ni rampas abruptas, siempre por pista limpia y seca, como de paseo, hasta el centro de Visantoña, unas cuantas edificaciones a ambos lados de la carretera entre las que destacan las enormes naves de una antigua cerámica cuya actividad cesó en 1970.

El gran agujero creado por la extracciones de barro dio lugar a un par de lagunas, A Lagoa Pequena y A Lagoa Grande hoy convertida en  Aula de Natureza de Brañas de Valga.

Un par de elegantes cisnes paseaban su majestuosa silueta por las azules y tranquilas aguas del pequeño lago.

Otra de las edificaciones a destacar en Visantoña es el Restaurante Manteiga en donde repetimos la celebración de un cumpleaños, esta vez el de Moisés, que vistió de gala el agradable menú con escogidos vinos de la Rioja de Haro.

Continúa el descansado andar por los caminos del PRG 117, a la sombra de los frondosos carballos de la fraga y los bosques de ribera del Rego de Conxos desde donde, casi de repente, accedemos a la carretera AC 223, en el lugar de A Calzada, inicio y fin de esta cómoda y agradable caminata.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
23,200 Km. 6 h. 4 min. Baja Soleado 

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Cumpleaños feliz

Entre los chicos de Los lunes al sol es costumbre, que no ley, que quien cumple años invite al vino en la habitual comida que se celebra en el restaurante de turno. Esta vez le ha tocado en suerte a Manuel, nuestro querido compañero de Vilasobroso que cumple como si no cumpliese, pues los años no pasan para este siempre  animoso miembro de nuestro grupo en cuyo semblante, siempre alegre, el paso del tiempo parece no hacer mella alguna.

Por su cuenta ha corrido un generoso caldo alentejano, magnífico complemento del excelente cabrito asado que nos tenía preparado Dona Vitalina, la regidora del Cafe da Luzia, en el lugar de Fervença, freguesía de Luzio, municipio de Monçao.

Pero no nos dejemos llevar por las emociones culinarias del día y comencemos por el principio.

Iniciamos la jornada en Leiradelo, una pequeña aldea en los aledaños de la Serra da Anta. La mayor parte del recorrido discurre por pistas forestales, alguna carballeira y pequeños bosques en los que destacan los cipreses de Lawson, una hermosa conífera que recuerda al cedro y que fue plantada en muchos montes portugueses durante la repoblación forestal que tuvo lugar durante el régimen de  Salazar.

Manadas de vacuno de raza cachena, típica de Portugal, rondan por estos montes. Durante casi toda la mañana caminamos por estas alturas que apenas bajan de los 600 m. pasando por pequeñas poblaciones como las de Anhôes y Louredos, bien comunicadas en la actualidad pero que hace unas décadas serían lugares de difícil acceso aislados en estas solitarias latitudes.

Anhôes en un bonito lugar, con bastantes viviendas, hórreos y campos de cultivo dispuestos en bancales o terrazas, lo cual es bastante frecuente en esta sierra. Pasamos por Louredos, otro núcleo rural similar al anterior y desde ahí comienza el descenso hacia la parroquia de Luzio, ya en el valle, en donde comienzan a verse viñedos,  frutales y cultivos propios de las tierras bajas.

Casi sin darnos cuenta van allá casi 20 Km. andados a buen ritmo cuando estamos entrando en el lugar de Fervença que es en donde se encuentra el Cafe da Luzia, bien a la vista el bar pero casi escondido el comedor, un entrañable habitáculo ambientado en los cincuenta que nos trae a la memoria aquellos reservados en los que se reunían unos cuantos amigos para disfrutar de un cocido, un lacón o un cabrito como en esta ocasión, cocinado con su particular receta por Dona Vitalina  y, como se dice al principio, regado con el Alentejo de Manuel con el que felices brindamos por su feliz aniversario haciendo votos por que le caigan muchos más.

La caminata post meridiem fue corta y agradable. Nada que ver con las tierras altas por las que transcurrió la jornada matinal. Ahora  caminamos por umbrías congostras y corredoiras, viejos caminos de carro en cuyas lajas han quedado insculpidas las rodelas, huellas de las miles de veces que, uncidos a los bueyes cachenos, han rodado por estos angostos parajes.

Pasado el río Gadanha que en estos tiempos de dura sequía aun lleva agua en su cauce no falta ni un kilómetro  para llegar, entre pinares, a la carretera de Leiradelos, inicio y fin de la gozosa caminata de este lunes.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
23,090 Km. 6 h. 24 min. Media Soleado 

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O Couto do Abade

Aún no se han apagado las farolas que rodean el cruceiro de Xesteira cuando iniciamos la ruta de este lunes entre el silencio y las sombras que dibujan en el pavimento los perfiles de las casas que aún permanecen cerradas a cal y canto, durmientes sus moradores, mientras nuestras voces y canturreos rompen la quietud del lugar.

Pronto quedan atrás, pues es corta la distancia que nos separa del monte por donde discurrirá la mayor parte de nuestra andaina. Monte bajo, mucho tojo y ascenso continuo toda la mañana bajo la fresca brisa  que nos obliga a caminar abrigados hasta que el ardiente Febo muestra su poderío y un agradable calor nos permite desembarazarnos de las prendas superfluas y caminar disfrutando de estas alturas con un tiempo que más que de otoño parece de primavera.

Cruzamos O Rego Duxe que tributa al Almofrei y el río Tenorio casi sin enterarnos, pues no hay agua en sus cauces ni rumor en su corriente, siempre por estas crestas de los montes de Cotobade desde donde se contemplan hermosas vistas de la Ría de Pontevedra.

Pasado O Chan da Batalla nos topamos con la extraña Cruz de Daniel esculpida en una roca con la fecha de 1903 y las  iniciales F. D. bajo la cruz sin que nadie, una vez en el pueblo, nos pueda dar  noticia del significado de tan sorprendente monumento en medio del monte, casi oculto por la vegetación.

Ya en franco descenso, entramos casi de golpe en la parroquia de San Pedro de Tenorio en cuyo centro urbano se halla A Casa de Ángel, esperado refugio para estos cansados caminantes que aquí encuentran reposo  y reconfortante alimento.

Abandonamos el mesón cuando aún la tarde es muy temprana  y nos dirigimos al   monasterio que da nombre a la parroquia, un interesante cenobio que, a pesar de las vicisitudes a que lo sometieron guerras y vaivenes de la política como la tan nombrada Desamortización de Mendizábal, aún se mantiene en aceptables condiciones, sobre todo ahora que, como hemos visto, están acondicionando el pavimento de su acceso y entorno.

El  Superior del monasterio ejercía su autoridad sobre toda esta comarca y de ahí parece derivarse el nombre del municipio, Cotobade, Couto do Abade.

San Pedro está situado en el valle y Xesteiras en las alturas así que toca subir de nuevo, otra vez monte arriba por pistas forestales y estrechos carrreiros entre pinos y eucaliptos, hasta alcanzar el lugar de Os Palleiros, muy cerca del sitio en donde iniciamos la caminata, a las orillas del río Almofrei que éste si lleva agua, que es río de importancia, de los que no se quedan sin agua por mucha sequía que haya…¡Toca madera!


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
22,000 Km. 6 h. 42 min. Media Soleado 

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Del Alto do Carrio a O Corpiño

Nuestra Señora de O Corpiño es un santuario que se encuentra en la parroquia lalinense de San Baia de Losón.

Su historia es parecida a la del de Fátima, pues también fueron unos pastorcitos los favorecidos con varias apariciones de Nuestra Señora en las ruinas de la capilla que varios siglos atrás había sido erigida en honor a un santo eremita cuyo cuerpo incorrupto era objeto de la devoción de sus vecinos que dieron a su tumba el nombre de «O Corpiño» el cual no tiene nada que ver con la antigua prenda de vestir que usaban las mujeres.

La antigua capilla que en el S. XVII derivó en el imponente santuario fue edificada en la falda del monte Carrio a cuyas estribaciones nos dirigimos desde la iglesia de San Facundo de Busto, otra de las 49 parroquias del extenso municipio pontevedrés.

Dejando atrás las últimas casas de la citada parroquia, iniciamos un lento y largo ascenso al Alto do Carrio, transformado en uno más de los numerosos parques eólicos que pueblan los montes de este nuestro país. Unos cuantos kilómetros de pistas de zahorra nos llevan hasta los generadores bajo un cielo gris y espeso por estos montes que en las aciagas jornadas del pasado fin de semana quedaron libres de la terrible plaga de incendios que asoló el sur de Galicia.

Reina la calma en estas alturas que también sería silencio sin el monótono ronroneo de las aspas y el chasquido de nuestras pisadas sobre la grava.

Descendemos durante horas hacia la campiña en la que abundan  carballeiras y veigas en las que pasta apacible el vacuno, abundante en estas tierras de Lalín en las que numerosas granjas nos proveen de leche y carne. Alguna estuvo a punto de desaparecer acosada por las llamas, por aquí cerca.

Ya en la carretera, en el barrio de O Corpiño, nos espera el restaurante San Martín casi lleno de parroquianos que a esas horas reponen fuerzas en este agradable mesón bien atendido por simpáticas mozas que nos ofrecen un menú sencillo pero de calidad del que damos buena cuenta hasta que nos encontramos con que el salón se ha quedado vacío siendo nosotros los únicos que allí siguen en agradable y alegre conversación.

Pero aún nos queda la visita al famoso santuario y allá nos vamos para admirar el impresionante templo.  Allí se celebra en el mes de junio una de las más famosas romerías de Galicia.

Cuatro o cinco kilómetros más entre campos de labor  y pasados O Regueiro de Brenzos y O Rego de Busto, ambos con sus cauces huérfanos de agua a causa de la «pertinaz sequía», regresamos a la iglesia de San Facundo en donde termina y se inició la ruta de hoy.

 

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
22,680 Km. 6 h. 30 min. Media Nublado

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Luz y belleza sobre el «Mare tenebrosum»

«Nadie sabe lo que hay en ese mar, ni puede averiguarse, por las dificultades que oponen a la navegación las profundas tinieblas.»

Eso es lo que se pensaba antes de que Colón en vez de irse a las Indias se tropezase con las Américas como se las llamó después de su descubrimiento.  También, a partir de aquellas fechas,  al «mar tenebroso» se le cayó lo de tenebroso y  le nombraron, cosa que ya hacían los griegos, Atlántico, el mar de Atlas, el gigantón que sostenía las columnas de Hércules en el estrecho de Gibraltar.

Se abrió el océano a todos los navegantes y aunque lo siguen poblando nieblas y tormentas, también cuenta entre su encantos con adorables rincones como la Ría de Aldán, una pequeña joya de las Rías Baixas, casi escondida entre Cangas y Bueu, en cuya costa se hilvana un rosario de playas como las de Areacova, Fancón, Menduiña y Cunchosa hasta la Area de Bon que es en donde iniciamos la ruta de este lunes.

Dirigimos nuestros pasos hacia el norte, camino de Cabo Udra, un precioso saliente hacia el mar que cierra la ría por setemptrión en un paraje cubierto por alto matorral en el que se hunde el estrecho sendero que nos lleva hasta del Parque da Matoeira, lugar de pasto en tiempos pretéritos de lo que dan testimonio los rústicos chozos que amparaban a los pastores de las inclemencias del tiempo.

Seguimos hacia el interior pasando por Bon de Arriba y Bon de Abaixo hasta alcanzar, después de un par de kilómetros de monótono asfalto, el parque industrial de A Castiñeira recuperando de nuevo los viejos caminos y corredoiras que nos llevan hasta el lugar de Piñeiro desde donde bajamos a la Finca de Frendoal o Leira dos Condes también llamada el Bosque Encantado que, debido al abandono y suciedad, ha perdido buena parte de su pretendido encanto. Lo cruza el Arco de la Condesa, un imponente acueducto de piedra entre la espesa vegetación entre la que se desliza, casi invisible, el río Orxa, cuyo cauce casi seco entristece todavía más tan abandonado paraje.

De la finca se sale a la carretera, ya en en el casco urbano de Aldán, en cuyo centro de encuentra Casa Encarna en donde nos espera un variado y económico menú que nos deja listos para recorrer  la media docena de kilómetros que nos falta para rematar la ruta.

Es una legua de luz y belleza que llena la retina de una hermosura inabarcable. Recogidos arenales escondidos entre las enormes rocas, minúsculas playas en los que algún que otro adán broncea su desnuda piel bajo el plácido sol de estas horas. Mansas aguas de color turquesa acarician la fina arena que nuestras botas hienden con rudeza.

Entre playa y playa, pinares de benigna sombra, roquedales abruptos lamidos por la olas, hermosos pero traicioneros para el caminante, peligrosos en tiempo de lluvia o marea alta. Un paraíso, una fiesta para los sentidos de la que disfrutamos a tope los andarines de esta jornada.

Aún está el sol bien alto, iluminando estos parajes de incomparable hermosura, cuando llegamos a la Area de Bon, un delicioso arenal bajo los pinos en donde rematamos la caminata de este lunes.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
23,880 Km. 6 h. 40 min. Media Soleado 

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