Un sendero bonito y cuidado

Partimos de O Camiño da Feira en Rebordechán, que era por donde los parroquianos se dirigían a la feria de A Cañiza.

Rebordechán es una parroquia del Concello de Crecente en cuyo rural se encuentran algunas rutas  como ésta y la del río Ribadil que cuentan con lugares de gran belleza.

Nos espera una larga subida hasta el Coto de Vesperón, un espléndido mirador sobre el Miño, para desde allí iniciar el descenso hasta dar con O Camiño dos Muiños, un paraje de  excepcional hermosura,  cruzado por las agitadas aguas movían los rodicios de sus muiños cubiertos de musgos y trepadoras, entre rápidos, pequeñas cascadas y empinados caminitos zigzagueantes en un espacio umbrío de intenso color verde cuyo encanto cautiva al caminante.

Sigue la ruta por pequeños núcleos rurales, algunos despoblados, canastros solitarios, petos de ánimas, antiguos lagares como del de Pousa y viejas construcciones con la típica solaina como A Casa do Coco.

A partir de ahí se inicia el tramo del vuelta al punto de inicio, otra vez cuesta arriba con un tramo exigente que pone a prueba piernas y resuello.

Toda la fue ruta diseñada por O Tempo da Aldea,  Sociedad Cooperativa de Rebordechán, que mantiene el sendero en perfectas condiciones, muy bien señalizado y cuidado como pocos.

Rematamos la jornada en el Restaurante Casa Creciente donde, como es costumbre, somos, muy bien atendidos, sobresaliendo entre el abundante menú su deliciosa empanada de xoubas.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
18,090 Km. 5 h. 59 min. Media Soleado 

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Cuatro puentes y un batán

El Lérez es uno de los ríos más importantes de la tierra gallega.

Con sus casi 60 Km. de recorrido, nace en la Sierra do Candán, en las cercanía del monasterio de Aciveiro, para desembocar en la ría de Pontevedra.

Unos cuarenta puentes cruzan el río desde su inicio hasta su desembocadura.

Por todos ellos hemos pasado los componentes de Sendereando a lo largo de estos años.  E

En esta ocasión hemos vuelto  a caminar  por estos hermosos parajes iniciando la ruta en el lugar de Gaxín desde donde pronto damos con el Puente Gomail, un puente de arco del siglo SXV que apenas se deja ver cubierto como está por la vegetación.

Un poco más de caminata y nos topamos con O Batán da Ponte, una especie de muiño que no molía sino que con diferente maquinaria «abatanaba» los tejidos, sobre todo de lino, para darme más calidad.

Le siguen Ponte Maril, una pontella que lleva del nombre de su autor, un canteiro de la zona por donde se accede a un campamento juvenil antiguamente de la OJE, no lejos del siguiente puente, A Ponte de Crego o do Frades, en la parroquia de Dúas Igrexas, que se atribuye a San Gonzalo das Penas, abad que fue del monasteiro de Aciveiro.

El último es el A Ponte da Carballa, más moderno, levantado sobre nueve pilares redondeados cubiertos por grandes losas de piedra.

A partir de ahí comienza la ascensión por el río hacia su nacimiento en cuyas proximidades, cerca del monasterio, lo abandonamos para dirigirnos por pistas y senderos, pasando por algunos lugares como Valiñas y Espindo, hasta el sitio de en donde iniciamos la ruta en Gaxín.

Es una preciosa caminata a lo largo del río, sobre todo en una mañana como la de este lunes, con buena temperatura y nubes altas. El mayor problema es el abandono de algunos de los tramos en los que el sendero está enmarañado por las zarzas y ramas de árboles caídos en los temporales lo cual ralentiza la marcha haciéndola dificultosa.

Rematamos la jornada en el restaurante Millenium de Soutelo de Montes, en el que damos cuenta de su menú  del día, bien corrientito, en el que destaca un tinto otroz que ni con gaseosa es trasegable.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
19,000 Km. 6 h. 00 min. Media Nublado 

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Sobre las rocas

Esta caminata hay que hacerla con la marea baja pues, prácticamente, la mitad del recorrido se hace por encima de las rocas que bordean la costa en el tramo que va desde Hío hasta Punta Couso.

Iniciamos la ruta en el aparcamiento del restaurante O Pereiro, casi en el centro urbano de la parroquia de Hío, junto a la iglesia de San Martiño en cuyo atrio se yergue su famosísimo cruceiro obra del canteiro y escultor Cerviño, de Cotobade.

No tardamos en llegar a la playa de Arnelas, de arena fina y clara en esta época en la que los veraneantes aún no han invadido estos hermosos lugares.

Aunque existe una senda más al interior hemos optado por esperar a que hubiese marea baja para caminar por las playas salvando los roquedales que las separan, aún húmedos por las olas que los han estado lamiendo hasta hace un par de horas.

Es un ejercicio un tanto arriesgado porque es fácil sufrir un resbalón o cascar una rodilla por lo que hace falta flexibilidad en las articulaciones y seguridad en la pisada

En esta  mañana  clara y luminosa, con el sol a nuestras espaldas, fue un placer caminar sobre la blanca e impoluta arena de las playas de Arnelas, Area  Brava, A Laxe y otras con la suave brisa del mar acariciando la  piel mientras nuestras botas iban dejando sus profundas huellas en la playa inmaculada.

Hubo algunos contratiempos que hubimos de superar con agilidad y atrevimiento como cancillas cerradas  y algunos pasos estrechos entre las rocas que requerían concentración y puntería en la pisada para no darse un leñazo

Entre las rocas quedan  charcos  formados por la marea en los que Antón, navegante y pescador, se mueve en busca de nécoras o camarones cuando se topa con un espléndido ejemplar de pulpo que alza ante nuestro estupor con maestría de experto.  Hay quien lo imagina en la olla de una pulpeira bien cocido y adobado para disfrutar de tan sabrosa tapa pero otros, tocados de la vena ecológica, quieren devolverlo al mar y perdonarle la vida por lo que Antón, sensible ante tales requerimientos, decide concederle una segunda vida al apreciado cefalópodo.

Sigue la marcha entre rocas y playas hasta llegar a Punta Couso, punto final de la Costa de Soavela, un precioso lugar con su faro frente al inmenso mar azul en cuyas aguas faenan unos pesadores sobre una gamela solitaria.

Salimos de Punta Couso por la senda da Costa da Vela que nos lleva hasta el lugar de Donón, al Monte do Facho  en cuya cima se eleva la garita que fue faro en el medievo. Es un maravilloso mirador con las Islas Cíes enfrente, los acantilados de Cabo Home  allí mismo y la inmensidad del océano a nuestros pies.

Desde ahí, ya por el interior, emprendemos el regreso a Hío en cuyo restaurante O Pereiro damos cuenta de un variado y sabroso menú del día regado por un excelente Ribera del Duero obsequio de nuestra querida Carmen con la que brindamos por su pasado aniversario deseándole que cumpla muchos más.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
17,710 Km. 5h. 55 min. Media Soleado 

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Bellezas del Morrazo

Fraga de Coiro, Muiños do Frade, Muiños da Laxe, Cruz de Ermelo, Cruz do Xestoso.

Son las cinco bellezas que nos depara la ruta de este lunes.

A unos cientos de metros de la iglesia de San Salvador de Coiro un sendero que discurre bajo un arco arbolado nos mete en las frondosidades de la Fraga de Coiro por donde fluyen cantarinas las aguas del río Bouzós formando una hermosa cascada, una fervenza, que como una blanca cola de caballo,  parece saludarnos con su brillante frescura en esta clara mañana de la incipiente primavera.

Seguimos por la senda que, desviándose de la fraga, nos lleva hasta la ermita de San Miguel, en la localidad de A Portela, la cual atravesamos para, alejándonos de su centro urbano, sumergirnos de nuevo en la magia de una naturaleza de lujurioso verdor, bordeando las orillas do Rego de O Frade, una corriente de rápidos y saltos en los que el agua fluye juguetona entre  las piedras de su accidentado cauce hasta llegar al lugar de Trasouto que también hemos de cruzar para  toparnos con Os Muiños da Laxe en un entorno de inaudita hermosura, con el monte tapizado de verde intenso decorando los ruinosos muiños que jalonan o REgo do Bispo que en tiempo pretéritos movía sus rodicios convirtiendo en harina el grano crecido en los campos aledaños.

Un poste nos anuncia que el camino lleva a la parroquia de Ermelo en cuyo monte se alza en piedra la Cruz de Santiago, en el Alto da Esculca, con excepcionales vistas sobre las Rías Bajas antes de que la vegetación ocultara al visitante tan hermosa estampa.

Dejando Ermelo a nuestras espaldas, atravesamos la carretera para entrar en el monte Paralia coronado por una gran cruz de madera empotrada en la roca que constituye una espléndida atalaya sobre la Ría de Vigo que desde aquí sí se puede disfrutar en todo su esplendor.

Desde el Paralaia, el sendero nos lleva, ya en continuo descenso entre umbríos bosques y pistas forestales, hasta la explanada de la iglesia de San Salvador, fin e inicio de esta estupenda caminata.

Rematamos la jornada en la Taberna Pandemillo, a 100 m. de de la iglesia, en donde damos cuenta de su variado y agradable menú del día regado con vinos Godello y Ribera del Duero, obsequio de Manolo con el que brindamos porque cumpla muchos más en tan buena forma como la presente.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
18,990 Km. 6 h.. Media Soleado 

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Gigantesco menhir

La primera vez que visitamos el Monumento Natural de Pena Corneira fue en junio de 2007 quedando testimonio de aquello aquí, en Sendereando, con el título de 300 millones de años y un cuerno.

Volvimos después, en varias ocasiones, la última en el 2019, por lo que poco se puede contar que no haya quedado dicho en estas crónicas pero, aún así, hemos vuelto en este último día del invierno, en una mañana soleada y luminosa, antesala de la primavera que comienza mañana.

Y es que por más veces que se  recorran estos lugares siempre tienen algo distinto que ofrecer al caminante.

En cada estación el paisaje cambia. El sol, la lluvia, el viento o la niebla conforman diferentes escenarios, cada uno con su encanto.

En el de este lunes el cielo despejado ilumina el incipiente verdor de las copas de los árboles y hace brillar el musgo en los «bolos» y rocas que rodean el gran cuerno y jalonan la ascensión al espléndido mirador de Pena Corneira a cuyos pies se extiende el exuberante valle del Avia.

Paredes, Nogueira, O Coto, Corneira, son los lugares habitados por los que pasa esta ruta, núcleos  rurales aislados y tranquilos, con sus viejas casas, algunas abandonadas, hórreos que ya no almacenan grano y algún que otro can despistado que nos acompaña un trecho.

Cuando abandonamos Paredes, inicio y fin de esta caminata, la gran roca se yergue en la lejanía como un gigantesco menhir que emerge, a casi 700 m. de altitud, del macizo granítico de Pena Corneira.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
17,060 Km. 5 h. 40 min. Media Soleado 

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