A la sombra de los «insignes»

El Alto de Fontefría era, hace unas décadas, un hito importante en el viaje Vigo-Madrid que por aquellos días solía durar nueve o horas o más para los valientes que lo hacían en su seiscientos. Ahora, un túnel evita tener que subir hasta allí desafiando, en los duros días del invierno, aquella niebla casi impenetrable que a veces obligaba al copiloto bajarse del coche para guiar al conductor.

También recuerdo que en aquellos inviernos las primeras nieves caían por estos parajes y los que vivíamos a la orilla del mar traíamos aquí a nuestros pequeños para que la conociesen.

Hoy eso ya es historia y el tráfico por allí es muy escaso ya que la mayoría evita el alto pasando por el impresionante túnel que pasa por debajo.

Pero vale la pena acercarse hasta allí y darse un paseo por los extensos bosques en los que predomina el Pinus insignis o Pino de Monterrey. Sus altas copas proveen de generosa sombra al caminante. Por eso en este día de junio, soleado y caluroso, precursor del verano que se acerca, los chicos de Los Lunes al Sol nos hemos desplazado hasta aquí para disfrutar de estos parajes en los que alternan las grandes parcelas pobladas con estas coníferas con las verdes y refrescantes brañas como las de Porta do Boi y Lodoso por cuyas lindes caminamos hasta alcanzar A Fonte dos Bidros en plena ruta de A Pedra do Lobo que nos lleva hasta el Castro de Covelo.

El Castro está coronado por una cruz de piedra con petroglifos en su basamento desde donde se contempla una vasta panorámica del valle con Covelo en primer término. Mitos y leyendas  dan al entorno un cierto aire de misterio, como la del Zoadoiro, en la falda del Castro que habla de tesoros, batallas y túneles secretos que llegaban hasta el río Porrón que baja desde los altos de Fontefría.

Paralelo al Porrón discurre el por O camiño das  Caldiñas que nos lleva hasta la carretera desde donde bajamos por una antigua corredoira hasta el centro de Covelo en donde se encuentra, frente la Casa do Concello, el Bar Costas.

Nos preparan una mesa en su terraza con un variado menú que va desde el salpicón a la ternera asada pasando por la merluza a la cazuela o arroz con bacalao.  Para todos los gustos. Todo acompañado de vinos mencía y Ribera del Duero con los que brindamos por nuestro amigo Antón que celebra su cumpleaños deseándole que cumpla muchos más.

Cuando reemprendemos la marcha, un sol canicular amenaza nuestra ascensión hacia el punto final atenuada por los abundantes espacios de sombra por los que, entre brañas y pinares, regresamos hasta el Alto de Fontefría .


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
21,270 Km. 6 h. 25 min. Media Soleado 

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Las tejas del diablo

«Comemos o pan que amasou o demo»…Desde abril a octubre trabajaban de sol a sol, acarreando el barro, amasándolo y moldeándolo para fabricar tejas y ladrillos. Un trabajo del demonio que dio lugar al dicho que encabeza este comentario y que era popular en los tiempos en los que funcionaban las telleiras de Dena que permanecieron activas hasta mediados del siglo XX.  Hasta 28 de estas instalaciones humeaban a lo largo de la costa de la ensenada de Dena desde Castrelo, en Cambados, hasta Dena en el municipio de Meaño.

Ya no queda ninguna en activo y la mayoría están semidestruidas y cubiertas por hierbas y matorral pero aún así merece la pena recorrer esa parte de la ría que discurre desde la aldea de Quintáns hasta A Foz da Chanca con la isla de A Toxa al otro lado. Es una ruta sin desniveles, siempre llana, que convierte la caminata en un agradable paseo «entre tejas y viñedos» que es como la titulábamos en nuestra reseña de enero del 2013.

El mar en calma, azul y luminoso en esta mañana primaveral, hace de este rincón  de la ría de Arousa un precioso paraje que recorremos con calma y sin esfuerzo recreándonos en la hermosura de la estampa que se ofrece a nuestros ojos.

Visitamos una de las tellleiras, restaurada hace unos años y casi en ruinas otra vez para seguir hasta Dena, hasta A Foz da Chanca en donde desemboca el río del mismo nombre, desviándonos desde allí hasta el cercano Centro de interpretación, museo de las tejas, que aunque conserva un horno del S. XIX es ahora almacén de alimentos sin que se vea actividad museística alguna. Suele pasar con indeseada frecuencia  que restauraciones como ésta, inauguradas en su día con bombo y platillo, van quedando abandonadas por falta de atención y mantenimiento.

Después de la visita al Centro por cortesía de los que allí trabajan, seguimos camino hasta el Mesón O Forcado, en el centro urbano de Dena. Repuestas las pocas energías que hemos consumido durante la marcha, reemprendemos el camino hacia el punto de partida, esta vez por el interior, caminando entre pinares y viñas cuyos racimos aún verdes estarán listos para la vendimia en el próximo setiembre.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
21,960 Km. 6 h. 5 min. Baja Sol y nubes 

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Escondida en O Candán

La Sierra do Candán se extiende por las provincias de Pontevedra y Orense abarcando tres municipios de la primera y otros tres de la ourensana. A su paso por el concello pontevedrés de Lalín encierra dentro de sus pliegues la pequeña aldea de Zobra que ya conocen los chicos de Los Lunes al Sol desde su primera incursión en 2011 pero que es, a pesar de haber sido premiada con el título de Aldea Singular 2017, desconocida para muchos.

El concello de Lalín le concedió la mencionada distinción porque  «el tribunal valoró de manera muy positiva la conservación arquitectónica de la parroquia y, en especial, su integración con el paisaje» según dicen las crónicas. Lo más destacable es la labor de su Comunidad de Montes que es la que mantiene el «Sendeiro de Zobra», ahora en trámites para conseguir su homologación por la federación Gallega de Montañismo.

El sendero se inicia en esta pequeña aldea que, como las de A Trigueira, Ameixedo, Cabana y Porto Martín, salen al encuentro del caminante a lo largo de los más de 20 Km. de su recorrido.

No lejos se Zobra se encuentran los restos de la antigua central hidroeléctrica que suministraba energía a las cercanas minas de estaño que parece ser que podrían llegar a ser abiertas de nuevo.  Después de visitar los enclaves de aquellas viejas explotaciones emprendemos la larga marcha por las estribaciones de la sierra que en estos lugares están dominadas por la imponente mole de O Alto do Coco, casi a 1000 m. de altitud. Pero antes aún hemos de pasar por A Ponte de os Medos, un delicioso paraje a las orillas del río Deza en el que nos detenemos para dar cuenta del refrigerio que buena falta nos hará para llegar a la cima del Coco, una ascensión de más de 3 Km. que habrá que tomarse con calma.

Sigue el sendero rodeando la montaña por la curva de mínima pendiente. Dicen que, antiguamente, para hacer estas pistas construidas a base de pico y pala soltaban un burro por el monte y siguiendo su rastro  diseñaban su trazado. Sube y baja el camino cruzando profundos arroyos por puentes y pasarelas hasta que de repente, en un recodo, la larga pista se interrumpe abriéndose antes nosotros una enorme rampa de fuerte desnivel que saliéndose del trazado del burro nos invita a escalarla si queremos alcanzar el hito más importante de la ruta, O Alto do Coco.

Aunque la mañana transcurrió entre nubes y claros, ahora que toca subir, el cielo se ha cubierto de negros nubarrones y una fuerte lluvia acompañada de viento nos obliga a desplegar chubasqueros y paraguas. La ascensión de va haciendo lenta y trabajosa. La fila de los doce se va estirando más y más y cuando los primeros alcanzan el vértice geodésico que  certifica los 968 m. de altitud aún transcurrirá un buen rato hasta que aparecen los últimos de la cordada.

Una vez allí parece como si el Coco mostrase su satisfacción cesando la lluvia y calmando el viento. En la larga bajada hacia A Trigueira reaparece el sol y se retira el agua. Llegados a Ameixedo el camino nos lleva por frondosas carballeiras y húmedos senderos cubiertos por la espesa hojarasca que el sol y la reciente lluvia han tornado en una oscura alfombra de brillantes destellos.

En la casa Rural de A Trigueira la eficiente Avelina nos ha preparado un Pito de Curral asado con patatas que después de los 20 Km. de esta mañana buena falta nos hacía.

Solamente quedan 3 Km. para regresar al punto de partida que, después de esfuerzo tributado al Coco, llegan y sobran para culminar esta bonita jornada.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
23,020 Km. 7 h. 52 min. Alta Sol y chubascos 

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Rodeando O Castelo

Bico do Patelo, Entre brandas e inverneiras, Los 5 puentes del Castro Laboreiro, Tsunami de piedra son los títulos de las crónicas que desde hace siete años vienen ilustrando nuestras andanzas por las tierras que rodean a Castro Laboreiro, una de las principales atracciones del Parque Nacional Peneda-Gerés.

Hoy hemos vuelto a visitar  aquellos lugares y poco más nos queda por contar que ya no esté en las citadas reseñas de Sendereando si no es que en esta ocasión se han superado todos los registros de asistencia a las caminatas de Los Lunes al Sol pues  15 fuimos los que nos apuntamos a esta jornada.

Grandes formaciones de rocas dibujan, a más de 1000 m. de altura, el horizonte de la impresionante sierra que rodea a esta singular aldea que durante siglos se mantuvo aislada, casi perdida en estas alturas, manteniendo costumbres ancestrales como las de las «brandas e inverneiras». 

Creadora de su propia raza canina como el hermoso Cao de Castro Laboreiro, cuenta hoy con hoteles y restaurantes que ofrecen  sus servicios a los numerosos visitantes que se acercan por estos parajes para recorrer sus preciosas rutas o disfrutar de su impresionante paisaje de montaña.

Nosotros, en este lunes, hemos iniciado la marcha en el lugar de Seara desde donde, por estrechos caminos empedrados de fácil resbalón por sus lajas mojadas, no tardamos en llegar al monte ahora decorado por el rojo y amarillo del tojo, la carqueixa y el brezo, a la sombra de las inmensas moles de piedra que se elevan formando gigantescas figuras como la del Bico do Patelo que,  como una colosal cabeza de águila, se alza sobre nuestras cabezas.

Pasamos por la ladera de O Bico a través de un hermoso bosque de carballos y sobreiras para seguir monte abajo hasta A Ponte Nova, un viejo puente sobre  el río Laboreiro, arteria central de la sierra a donde fluyen multitud de regatos y de donde nacen muchas de las fuentes de la zona.

Algo más abajo nos espera un delicioso paraje, en la aldea de Assureira, con su viejo molino y su puente de piedra mucho más modesto que el anterior pero lleno de encanto.

Sigue la ruta alternando la marcha por monte raso con zonas de arbolado cuya sombra se agradece en esta mañana en la que el calor del sol ya comienza a apretar aunque atenuado por la suave brisa que corre por estas alturas.

Legados a Castro Laboreiro rodeamos el pueblo para subir a O Castelo, una fortificación medieval que se encuentra prácticamente en ruinas y que conserva parte de sus murallas y dos monumentales puertas, de las cuales destaca la de A Porta do Sapo. De difícil acceso, para llegar hasta allí hay que escalar la fuerte pendiente que lleva a la cima del monte sobre el que se eleva el antiguo castillo desde donde se obtiene una espectacular panorámica de la sierra.

Bajando por la ladera opuesta, un estrecho caminito serpentea por el monte hasta llegar a la entrada del Miradouro do Castelo, el restaurante ya conocido por los muchachos de Sendereando en cuya mesa nos esperan sus especialidades Bacalhau com broa y Cabrito no Forno, manjares típicos de la casa acompañados de viños verdes y maduros que nos dejan listos para continuar por A Ponte Velha, un precioso viaducto sobre el río Laboreiro y seguir, tras un poco de carretera, por caminos rurales hasta el lugar de Seara, inicio y fin de la ruta de este lunes.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
20,290 Km. 6 h. 24 min. Media Soleado 

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Por los montes de San Campio

Hace mucho que los de Sendereando venimos caminando por esta sierra del Argallo a cuyos pies se eleva el santuario de San Campio de Lonxe. Desde Vilachán do Monte, en donde comienza el extenso tapiz que forman los viñedos sobre lo que antes eran pinares, hasta O Niño do Corvo, en el extremo oeste, desde donde se puede contemplar uno de los panoramas más espectaculares de los que de ven desde estas alturas, creíamos los veteranos de este grupo de andarines que ya lo habíamos pisado todo en esta sierra. Pues no, parajes como O Regato dos Bravos, O Rego da Fábrica o el Delirio de O Poderoso fueron novedades en la caminata de este lunes.

Pero vamos por partes. Comenzamos la jornada en el delicioso paraje de Os Muiños da Regueira que lucen como nuevos en la orilla derecha del Regato dos Bravos, un precioso espacio casi oculto en la espesa frondosidad de la vegetación ribereña. Los muiños deben haber sido restaurados hace poco porque muros y tejados parecen construidos recientemente. Aparentan tan nuevos que pierden ese encanto que la pátina del tiempo imprime a estas viejas construcciones de piedras ennegrecidas y cubiertas de musgo por la humedad y el paso de los años.

Dejando atrás los muiños con sus puertas recién barnizadas y sus rodicios paralizados o ausentes,  entramos en los pinares que pueblan la mayor parte de la sierra cuyas laderas que se inclinan suavemente hacia el naciente son grandes extensiones de viñedos que, ahora en tiempo de poda, lucirán en el otoño ese oro del Miño que son los racimos de albariño y treixadura que penden de sus cuidadas cepas.

Innumerables pistas cruzan estos montes, pues entre tanto viñedo y pinar es intenso el tráfico de tractores y camiones para atender a las labores de corta y vendimia. Nuestros GPS  nos van marcando la ruta entre tanta pista y camino para llevarnos como primera parada al parque forestal de O Poderoso, un esmerado entorno con fuentes y mesas de piedra creado por los vecinos de Estás para esparcimiento de propios y extraños.

No falta alguna empinada cuenta que nos lleva a los niveles superiores en uno de cuyos recodos se encuentra otro interesante paraje como es el de A Pedra Furada, formación rocosa que la erosión ha perforado de forma caprichosa que atrae la atención de los que pasan por allí.

Desde ahí todo es bajada hasta dar con el famoso Santuario de San Campio de Lonxe, suntuoso  templo de cúpulas estilo bizantino y paredes con sus lienzos pintados de blanco que recuerdan a las iglesias del vecino Portugal.  San Campio fue un soldado romano martirizado por no renunciar a su fe cristiana así como su esposa Santa Arquelaida y sus tres hijos. Ambas efigies yacen en sus respectivas urnas de cristal y son multitud los fieles que se desplazan desde lejanas tierras (de ahí lo de «lonxe») para pedir al santo su intercesión.

Ya rugen algunos estómagos, pero la cosa tiene arreglo porque muy cerca se halla el restaurante Os Pedregales donde son apaciguados con caldo de berzas, ensaladilla, raya a la gallega o carne asada con vino del país, un tinto que suspira por  un poco de gaseosa que calme su recio paladar.

Dejamos la carretera para adentrarnos en los dominios de O Rego da Fábrica, un delicioso riachuelo casi escondido en la espesura por cuyas orillas caminamos a duras penas entre tan enmarañada vegetación pero agradecidos por la sombra que nos protege del fuerte sol que asoma entre las ramas.

Saliendo de O Rego da Fábrica, después de un corto  un tramo de pista abierta, entramos de nuevo en los confines del Regato dos Bravos  a cuya sombra habíamos iniciado la ruta de este lunes.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
21,690 Km. 6 h. 50 min. Media Sol y nubes 

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